sábado, 10 de agosto de 2013

El Alma Infantil

Por Marion Woodman

He observado que las personas tienden a reproducir la pauta de su nacimiento cada vez que la vida les exige acceder a un nuevo nivel de conciencia. Entran entonces en cada nueva espiral de crecimiento de la misma manera que entraron en el mundo. Por ejemplo, si el nacimiento fue fácil, tienden a encarar las transiciones con valentía y con una confianza natural. Si el nacimiento fue difícil, sienten mucho miedo, manifiestan síntomas de ahogo y padecen de claustrofobia (psíquica y física). Si nacieron prematuramente, tienden a actuar con precipitación, mientras que si lo hicieron más tarde de la fecha prevista, el proceso de renacimiento puede ser muy lento. Si nacieron de nalgas, serán propensos a recorrer, la vida "como los cangrejos", y si lo hicieron por cesárea, es posible que eviten los enfrentamientos. Si su madre recibió muchos calmantes, puede que lleguen al nuevo umbral de transición llenos de energía y entonces, de pronto, sin motivo aparente, quizá se detengan o inicien un proceso de regresión, esperando a que sea otra persona la que haga algo. A menudo, es en este punto cuando reaparecen las adicciones -comer desconsoladamente o no comer nada, beber, dormir, trabajar demasiado; cualquier cosa con tal de no enfrentarse al hecho real de estar moviéndose en un mundo lleno de desafíos.

En los sueños aparecen muchos bebés encantadores y también muchos pequeños tiranos que necesitan una disciplina estricta y afectuosa. Sin embargo, cada niño es notablemente distinto de los demás. El niño abandonado puede aparecer entre juncos, en medio de un pajar, en un árbol; casi siempre en algún lugar perdido o remoto. Es un niño radiante, fuerte, inteligente y sensible. Con frecuencia es capaz de hablar a los pocos minutos de haber nacido. Y tiene Presencia. Es el niño dios, el portador de la "dura y amarga angustia" del nuevo designio divino, la agonía de los Reyes Magos de Eliot. Cuando él nace, los antiguos dioses deben desaparecer.

La psique tiene una inclinación natural a la plenitud y es por ello que el Yo intenta propulsar su parte ignorada hacia adelante para que se la reconozca. Esta parte contiene energías del más alto valor; el oro en el estiércol. En la Biblia, la piedra que fue rechazada se convierte en la piedra angular. Se manifiesta en un cambio brusco o sutil de la personalidad o, a la inversa, en un fanatismo que el ego adopta para mantener marginada la nueva y amenazadora energía. Si el ego fracasa en atravesar el canal del nacimiento psíquico, surgen síntomas neuróticos que se manifiestan física y psíquicamente. El sufrimiento puede ser intenso, pero se basa en la adoración de falsos dioses; no se trata del auténtico sufrimiento que acompaña a todo esfuerzo por integrar la nueva vida. El neurótico siempre va un paso por detrás de su propia realidad. Cuando debiera madurar, se aferra a los desatinos juveniles. Nunca es coherente consigo mismo o con los demás ni está donde aparenta estar. Lo que no puede hacer es vivir en el ahora.

La vida diaria empuja a muchas personas hacia la plenitud pero, como no comprenden los ritos de iniciación, no pueden entender lo que les sucede. Durante todo el día fingen estar felices y de vuelta en su casa lloran toda la noche. Tal vez han sido abandonadas por alguien a quien amaban, tal vez se deben enfrentar a una enfermedad mortal, tal vez un ser querido ha fallecido, tal vez, y esto es lo peor de todo, las cosas les van mal sin ningún motivo aparente. En cualquier caso, si carecen de toda noción de los ritos de pasaje, se perciben a sí mismas como víctimas incapaces de afrontar el abrumador Destino que se cierne sobre ellos abrumador. El sin sentido de su sufrimiento las induce a evadirse mediante la comida, el alcohol, las drogas o el sexo. O quizás se rebelen en contra los dioses, gritando: "¿Por qué a mí?".

A estas personas se les presenta la posibilidad de renacer a una vida diferente. Los fracasos, los síntomas, los sentimientos de inferioridad y el agobiante peso de sus problemas se convierten en el aguijón que las impulsa a renunciar a las ataduras superfluas. De este modo, la posibilidad de renacer brota de entre las ruinas del pasado. Es por esto que Jung subrayaba la finalidad positiva de la neurosis. Pero, no entendiéndolo, la gente se aferra a lo conocido, se niega a hacer los sacrificios necesarios, se resiste al crecimiento. Incapaz de abandonar lo habitual, es incapaz también de abrirse a la nueva vida.

Sin ritos culturales en que apoyarse cuando se salta de un nivel de conciencia a otro, no hay muros de contención para encauzar el proceso. Sin comprender los mitos o la religión, o la relación entre muerte y renacimiento, destrucción y construcción, el individuo padece los misterios de la vida como un caos carente de sentido, y lo hace a solas. Entonces pueden surgir las adicciones como una forma de aliviar el sufrimiento absurdo, como un intento de reprimir las contradictorias exigencias del proceso de crecimiento que las estructuras culturales han dejado de aclarar o contener.

Cuando empieza el psicoanálisis el paciente se encara con una pregunta acuciante: "¿Quién soy yo?". Pero el problema inmediato que se plantea en cuanto empiezan a aflorar las emociones suele ser la escisión psique/soma. Si bien las mujeres tienden a hablar más que los hombres acerca de su cuerpo, en nuestra cultura ambos sexos están dolorosamente desconectados de su propia experiencia corporal. Las mujeres dicen: "no me gusta este cuerpo"; los hombres dicen "me duele". El hecho de que se refieran a su cuerpo en tercera persona revela claramente su alienación. Es posible que hablen de "mi corazón", "mis riñones", "mis pies", pero su cuerpo como un todo está despersonalizado. Es por ello que suelen afirmar: "no siento nada del cuello hacia abajo. Experimento sentimientos en mi cabeza pero nada en mi corazón". Su falta de respuesta emocional ante una imagen onírica poderosa refleja la escisión; sin embargo, cuando ubican dicha imagen en su cuerpo mediante un ejercicio de imaginación activa, sus músculos se estremecen con el dolor reprimido. El cuerpo se ha convertido en el potro de tormento. Si la persona siente ansiedad, obliga al cuerpo a pasar hambre o lo atiborra de comida, lo droga, lo intoxica, lo fuerza a vomitar, abusa de él hasta el agotamiento o lo empuja a reacciones frenéticas contra la autodestrucción y, cuando este animal magnífico envía señales de advertencia, se lo silencia con píldoras.

Mucha gente puede escuchar a su gato más inteligentemente que a su propio cuerpo despreciado. El gato corresponde con amor a sus cuidados, mientras que el cuerpo se verá obligado a lanzar gritos estremecedores para hacerse oír. Antes de que los síntomas se manifiesten, las llamadas de ayuda aparecen en los sueños: un elefante recién nacido y abandonado, un gatito medio muerto de hambre, un perro al que se le ha roto una pata. Casi siempre el animal herido trata de llamar la atención de la persona que sueña, a veces con suavidad y otras con insistencia, y puede que ésta responda a la llamada o puede que no. En los cuentos de hadas, un animal amistoso suele conducir al héroe o a la heroína a su objetivo, porque el animal es el instinto que sabe cómo obedecer a la diosa cuando falla la razón.

Es posible que el grito emitido por el cuerpo abandonado, el grito que se manifiesta en forma de síntoma, sea el llanto del alma que no encuentra otro modo de hacerse oír. Si hemos pasado toda la vida ocultos detrás de una máscara, tarde o temprano -con suerte- la máscara se hará añicos. Entonces tendremos que mirar en el espejo y ver la realidad de nuestro rostro. Es posible que nos espantemos. Es posible que veamos la mirada horrorizada de nuestro propio niño diminuto, ese niño que nunca ha recibido amor y que ahora nos implora atención. Es un niño solitario, abandonado incluso antes de que saliéramos del útero, o al nacer, o cuando empezamos a complacer a nuestros padres y aprendimos a hacer lo que nos pedían a fin de que se nos aceptara. Con el transcurso de la vida quizá hemos seguido abandonando a nuestro niño para complacer a los demás -maestros, profesores, jefes, amigos, socios e incluso analistas-. Ese niño que es nuestra propia alma clama su dolor oculto tras los escombros de nuestras vidas, a menudo desde el centro mismo de nuestros peores complejos, suplicando que le digamos: "No estás solo. Yo te quiero".

Lo que sigue es el relato de un sueño infantil recurrente que acosó a una mujer hasta que, cumplidos los cincuenta años, logró enfrentarse a él en sus sesiones de psicoanálisis:

Tengo cuatro o cinco años. Estoy con mi madre en un edificio atestado de gente, probablemente unos grandes almacenes. Mi madre viste ropa oscura, un abrigo y un sombrero negros o marrones, y sólo le veo la espalda. Al salir del edificio la muchedumbre me retiene y mi madre, sin darse cuenta, se aleja y desaparece. Trato de llamarla, pero no me oye; nadie puede oírme. Tengo mucho miedo, no únicamente de estar perdida sino también de que mi madre no se haya dado cuenta y de que nos hayamos separado.

Salgo del edificio a una escalinata larga, de peldaños anchos, parecida a la que hay en la entrada de la National Gallery de Londres, sólo que más alta. Desde arriba veo que conduce a una gran plaza en la que no hay ningún objeto, aunque hay otras escalinatas similares que llevan a los edificios que la rodean. La plaza, los peldaños y los edificios son muy blancos y están muy limpios. Con la mirada recorro la plaza esperando ver a mi madre pero no la veo por ninguna parte. Estoy sola en lo alto de la escalinata. En la plaza hay otras personas, pero nadie se da cuenta de mi presencia. Sé que nada de lo que haga servirá para que me vean.

El pánico me paraliza y me siento abrumada por la sensación de estar perdida, de que me han abandonado. Es como si hubiera dejado de existir para mi madre, que ya no se preocupará de volver a buscarme, es posible que incluso se haya olvidado de que existo; de hecho, no existo para nadie, no consigo que nadie se dé cuenta de que existo.

Por un momento, y simultáneamente, soy un observador adulto que desde el otro lado de la plaza ve a la niña sola en lo alto de la escalinata tratando de hacerse notar. Yo también soy este observador, una mujer adulta que siente una enorme compasión por la niña y que desea consolarla y darle ánimos, pero que no logra acercársele. Algo -el inconsciente de las otras personas o el pánico propio de la niña-imposibilita la comunicación entre la niña y este adulto preocupado y comprensivo.

La mujer asociaba este sueño con el cuadro de Edward Munch “El grito”, que despertaba en ella un pánico similar. "El fondo es oscuro y tenebroso", dijo, "mientras que en mi sueño el entorno es muy claro, blanco, nítido, con sólo unas pocas siluetas oscuras, irreconocibles pero también nítidas. El personaje que grita intenta escapar de su entorno; la niña de la escalinata intenta vincularse al suyo." Muchos hombres y mujeres viven atrapados en su muda desesperación hasta que optan por ayudar a ese niño interior.


sábado, 18 de mayo de 2013

El Renacimiento y el Niño Eterno

Ralph Metzner

Al proceso de morir psicológicamente, mientras uno todavía está vivo, sigue el renacimiento o la renovación psicológica. En palabras de Ramana Maharshi: "Quien encuentra el camino al núcleo del Yo, donde se originan todos los niveles del yo, todas las esferas del mundo, quien, por medio de la pregunta '¿de dónde soy yo?' encuentra el camino de regreso a su fuente primordial, nace y renace. Sabed que quien así nace es el más sabio de los sabios porque está reuniendo de nuevo en cada momento de su vida".

Esta fase de renacimiento del proceso de transformación se puede experimentar de varias maneras: a) En primer lugar existe la idea de resurrección: el renacimiento como recuperación de la vida de una personalidad que ha muerto, b) Alternativamente, el renacimiento se concibe como la sustitución del yo menor por otro Yo o Espíritu mayor, c) En tercer lugar, se considera que quien ha muerto, real o metafóricamente, sigue viviendo en un mundo distinto, en un estado distinto. d) En la cuarta variante, se concibe al nuevo ser como un niño: éste es el arquetipo del niño radiante, divino o eterno que, como señala Jung, simboliza "el futuro potencial".

a) La idea de la resurrección, la restitución a la vida de un cuerpo adulto que ha muerto, se describe en muchos relatos míticos y chamánicos: Isis resucita a Osiris; el cazador y el jaguar, gemelos del Popol Vuh, se recomponen después de haber sido desmembrados; los chamanes que han "muerto" pueden ser reconstituidos por su animal de poder, su aliado. Muchos practicantes actuales del chamanismo cuentan cómo fueron "desmembrados", "pulverizados", "quemados", "destripados" o de alguna otra forma "destruidos", y más tarde reconstituidos por su animal aliado. Un hombre, por ejemplo, reveló cómo su animal, un "caballo", se arrimó a su "cadáver" y, pasando suavemente los enormes collares por encima de su cuerpo inanimado, le "insufló" y devolvió la vida. Aunque desde un punto de vista escéptico podríamos desestimar este relato como la engañosa fantasía de una imaginación calenturienta, todavía tendríamos que explicar el hecho de que este hombre, al igual que tantos otros, se sintiera mejor y más sano después de su experiencia.

En el Nuevo Testamento, la historia de Lázaro, así como la del mismo Jesús, ejemplifica este tipo de resurrección física. En menor grado, los testimonios modernos sobre la experiencia de la muerte cercana coinciden con este modelo. Jesús, resucitó en un cuerpo "espiritual", no físico, que, sin embargo, se parecía tanto al cuerpo físico que conservaba incluso todas las heridas sufridas por aquél. Para la mayoría de nosotros, la experiencia más similar a ésta es la de una enfermedad casi mortal de la cual llegamos a recuperarnos, restableciéndose completamente la salud del cuerpo. Un rasgo común a todos estos casos en los que el individuo persigue intencionadamente una transformación del tipo muerte-renacimiento, consiste en que el nuevo cuerpo es mejor que el antiguo: más fuerte, más sano y más ligero.

b) Otro aspecto de esta experiencia de renacimiento y renovación tiene que ver con el eclipsamiento o la sustitución del yo menor por el Gran Yo, del ego físico personal y mortal por el Espíritu transpersonal inmortal. El Maestro Eckhart indica que en esta experiencia, "el alma... está muerta para el yo y vive para Dios". Un santo sufí escribió: "muere tu ser y Su persona cubre tu persona". O en las palabras del evangelio según San Juan: "El que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; lo que nace del Espíritu, espíritu es". Las personas que alcanzan tal estado sienten cómo las preocupaciones e intereses de su ego se desvanecen en la insignificancia o la nada ante el poder impresionante y la admirable luz del Gran Yo, el dios interior, la "esencia adamantina", el Atman.

Como indicó C.G. Jung en su ensayo "Concerning Rebirth", el encuentro con el Yo puede ser una experiencia abrumadora y aniquiladora. Jung escribió que:

El que es verdadera y desesperadamente pequeño siempre degradará la revelación de lo superior al nivel de su pequeñez y nunca comprenderá que el día del juicio por su pequeñez ha despuntado. Pero el hombre que es grande interiormente sabrá que el esperado amigo de su alma, el inmortal, ha llegado de verdad "para recluir la reclusión"; es decir, para aprisionar a quien confinaba y apresaba al inmortal y para entregar la vida al flujo de esa vida superior -un momento de peligro mortal.

Tal como aclara esta cita, quienes se identifican con el pequeño yo, con el ego personal, corren peligro de muerte. Sin embargo no todos los encuentros con el Yo tienen por qué ser traumáticos ni dolorosos siquiera. Existe, después de todo, un vasto cuerpo de literatura mística que canta con entusiasmo el éxtasis de la unión con lo divino, la beatitud de la muerte pacífica y de experiencias unificadoras que tienen el carácter de nupcias y que son comparables a la disolución en una sensación oceánica de unidad.

c) Algunos relatos sobre la experiencia de muerte-resurrección subrayan la nueva cualidad de la conciencia y de la percepción que surgen como resultado de la misma. Es como si hubiéramos entrado en un nuevo mundo, donde todo presenta una nueva apariencia y se siente de forma distinta, donde todo se percibe bañado por una especie de prístino resplandor. También las reacciones mentales y emocionales ante lo percibido son nuevas; la alegría y la espontaneidad se convierten en cualidades dominantes y se produce una efusión de afecto y entusiasmo. En un tratado hermético anónimo de la Edad Media se puede leer: "La resurrección es la revelación de lo que es, y la transformación de las cosas, su transición [metabole] hacia lo nuevo. Porque la cualidad de lo imperecedero desciende sobre lo perecedero y la luz desciende sobre la oscuridad, absorbiéndola". Encontramos aquí un pa-ralelismo entre la metáfora del recién nacido y la metáfora de la visión desvelada; la depuración de las puertas de la percepción. Los místicos sostienen que después de la revelación de la muerte-resurrección, todo se percibe con amor y sabiduría, desde la perspectiva de lo infinito y lo eterno (sub specie aeternitatis).

d) La máxima bíblica que nos advierte: "si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos", es una consecuencia natural de la enseñanza según la cual antes de entrar en el iluminado y bendito estado de dicho Reino es preciso morir. En este sentido, la metáfora de la muerte-renacimiento nos remite al arquetipo del niño-dios, el puer aeternus. Aunque la mayor parte de los comentarios a cargo de los junguianos sobre el puer y la puella se centran en el lado oscuro, en la sombra de este arquetipo, y en su manifestación clínica en individuos frívolos, inmaduros y "playboys", esto sólo constituye una interpretación limitada de esta poderosa imagen. Los alquimistas chinos y occidentales hablaban del feto de la inmortalidad, el hijo de los filósofos que nace como consecuencia de la conjunción interior de lo masculino y lo femenino. El concepto del niño eterno, que se manifiesta después de una experiencia de la "muerte" consciente, guarda relación con el gran número de mitos que tratan del nacimiento de un dios en forma humana y que desempeñan un papel central en la mayoría de las religiones. Las leyendas indias acerca de Krishna y la leyendas cristianas acerca del niño Jesús son sólo sus ejemplos más conocidos.

Jung, en su ensayo "Psicología del Arquetipo Infantil", señaló varios de los rasgos y significados más importantes de este profundo símbolo. Lo describió como una anticipación de la síntesis entre lo consciente y lo inconsciente, como un símbolo de plenitud y como símbolo del Yo. El niño-dios o niño-héroe tiene siempre un nacimiento insólito y milagroso, o es concebido en la virginidad, lo cual corresponde a la "génesis psíquica" del nuevo ser. La imagen del niño representa así un vínculo con el pasado, con nuestro pasado, así como un vínculo con el futuro, puesto que anticipa un "estado naciente de la conciencia". El "niño dorado" o "joven eterno" es andrógino, porque representa la unión perfecta de los opuestos. Sólo el antiguo yo, el yo ordinario, se identifica como masculino o femenino -y ahora este yo ha muerto. El niño es al mismo tiempo principio y fin, "una criatura inicial y terminal", porque la plenitud que simboliza es "más vieja y más joven que la conciencia, a la que rodea en el tiempo y el espacio".

El niño-dios es invencible. Durante su infancia, él/ella derrota a peligrosos enemigos: una de las imágenes del niño Krishna lo muestra, en una danza, pisoteando descalzo una serpiente -una metáfora de la agresividad instintiva y reptiliana. En otro ejemplo, procedente de la mitología griega, el bebé Heracles estrangula a una serpiente que lo atacó en su cuna. El Niño posee todo el poder de un dios, puesto que es un dios; es el Inmortal que sustituye a la personalidad "mortal". También aquí encontramos el concepto del niño-dios como representación del triunfo sobre la muerte. Cristo demostró su poder para resucitar -a sí mismo tanto como a otro (Lázaro)- y muchos otros héroes divinos y yoguis muy evolucionados han demostrado poderes similares, como docu-menta, sobre todo, la literatura mística oriental. Aunque semejante poder le parezca remoto a la persona normal, los mitos y las imágenes que lo expresan muestran el potencial y revelan lo que los seres humanos pueden conseguir.

En la liturgia ortodoxa rusa, el triunfo sobre la muerte se expresa en los siguientes términos: "Cristo ha resucitado de los muertos, pisoteando muerte tras muerte y otorgando la vida a los que están en la tumba". Pienso que esta imagen se refiere a la transformación que se opera en la psique cuando se experimenta el poder curativo y transformador de la muerte intencional. Las tendencias inconscientes a la muerte (thanatos), que se oponen a las tendencias del cuerpo a preservar la vida (eros) por medio de la enfermedad y de otros procedimientos destructivos, se reducen gradualmente, o más bien, se equilibran. Uno de mis profesores hablaba, en este sentido, de las "bolsas de muerte" inherentes a nuestra naturaleza que la conciencia iluminada abre y disuelve, provocando así la muerte de la muerte. La aceptación consciente de la muerte y del "morir" supone un proceso de alimento espiritual. 

Shakespeare expresa esta idea en uno de sus sonetos:

Así de muerte, que hombres come, comerás, y una vez muerta Muerte, no hay morir ya más.

También en la tradición china taoísta, que no es teísta, se conoce y se valora el arquetipo del niño eterno. El niño recién nacido todavía está vinculado al Tao, a la fuente de su vida y de su manifestación, motivo por el cual deberíamos emularlo. Como dice Chuang Tsu: "¿Puedes ser como un niño recién nacido? El bebé llora todo el día, pero nunca tiene la voz ronca. Esto es porque no ha perdido la armonía de la naturaleza". Los taoístas resaltan el valor práctico con respecto a la salud y al bienestar, de sintonización con la conciencia infantil.

Para el individuo en proceso de transformación, las imágenes y los mitos del niño eterno fomentan una actitud positiva y afirmativa de la vida. Se nos alienta así a afrontar y transformar nuestro miedo a la muerte, a acoger el proceso del "morir" como deparador de libertad y sabiduría. De este modo llegamos a comprender que de la confusión y la negrura de la muerte se deriva la luminosa vitalidad del yo recién nacido, un nuevo yo que se halla vinculado a la fuente eterna de toda vida, la fuente de donde proviene nuestra divina esencia interior. De ahí que reciba el apropiado nombre de "niño eterno".

domingo, 28 de abril de 2013

La Leyenda Personal

Carl Gustav Jung

El proceso de individuación tiene dos aspectos principales: por una parte, es un proceso interno o subjetivo de integración; por otra, es un proceso objetivo de relación igualmente imprescindible. 

Lo uno no puede ser sin lo otro, aunque el primer plano lo ocupe ora lo uno, ora lo otro. 

A este aspecto doble corresponden dos peligros típicos: uno consiste en que el sujeto utilice las posibilidades de desarrollo espiritual que la confrontación con lo inconsciente le ofrece para sustraerse a ciertas obligaciones humanas profundas y afectar una «espiritualidad» que no sobrevive a la crítica moral; el otro peligro consiste en que las inclinaciones atávicas predominen en exceso y rebajen la relación a un nivel primitivo. 

Entre esta Escila y este Caribdis va el angosto camino para cuyo conocimiento la mística cristiana medieval y la alquimia han aportado grandes cosas.
 

sábado, 9 de marzo de 2013

Puer Aeternus - II (final)

Marie Louise von Franz

A los puer generalmente les disgustan los deportes que requieren paciencia y un largo entrenamiento, ya que el puer aeternus -en el sentido negativo del término- suele ser muy impaciente. Conozco a un hombre joven, ejemplo clásico del puer aeternus, que practicaba mucho el montañismo, pero era tal su odio a cargar con la mochila que prefirió entrenarse en dormir al aire libre, incluso cuando llovía o nevaba; era capaz de dormir en un agujero hecho por él mismo en la nieve, envuelto en una gabardina de seda y practicando una técnica respiratoria aprendida del Yoga. Se entrenó también a pasar con muy poca comida, simplemente para evitar tener que llevarla a cuestas. Deambuló durante años por varias montañas de Europa y de otros continentes, durmiendo bajo los árboles o en la nieve. En cierto modo llevaba una vida muy heroica simplemente para no verse atado a la necesidad de buscar un refugio o cargar con una mochila. Podría decirse que se trata de algo simbólico, porque este hombre, en su vida real, no quiere cargar con ningún tipo de peso; rechaza absolutamente toda responsabilidad y se niega a asumir la carga de una situación determinada.

En general, la cualidad positiva de estos jóvenes consiste en cierta espiritualidad que proviene de un contacto relativamente próximo con el inconsciente colectivo. Muchos poseen el encanto de la juventud y la animada chispa de un vaso de champagne. Generalmente es muy agradable hablar con ellos, tratan temas interesantes y producen un efecto estimulante en quien les escucha; formulan preguntas profundas y buscan la verdad sin rodeos; suelen estar buscando una experiencia religiosa genuina, búsqueda típica de los jóvenes que se acercan a la edad de veinte años. Normalmente el encanto juvenil del puer aeternus se prolonga a otras etapas de la vida.

Existe, sin embargo, otra clase de puer en quien no se reconoce el encanto de la juventud eterna ni el brillo del arquetipo de la juventud divina. Al contrario, vive continuamente aturdido y atolondrado, característica típica también del adolescente, es un joven adormilado e indisciplinado, que puede pasar horas ocioso y con la mente vagabundeando de modo indiscriminado, hasta el punto de que resulta tentador echarle un cubo de agua fría en la cabeza. Pero la apariencia adormilada corresponde sólo al exterior porque en su interior se aloja una animada fantasía.

Hasta aquí he proporcionado un breve resumen de las características principales de ciertos hombres jóvenes atrapados en un complejo materno e identificados con el arquetipo del puer. He pintado una imagen más bien negativa de esas personas porque es así como se les ve cuando la mirada es superficial, pero, como es evidente, no hemos explicado exactamente cuál es el asunto. 
Lo que verdaderamente me pregunto, lo que, en realidad, me interesa, es saber por qué el problema del hombre joven atado a su madre se ha vuelto tan prevalente en la actualidad. Como se sabe, la homosexualidad -no creo que el donjuanismo se halle tan difundido- va en aumento, incluso entre los adolescentes, y pienso que el problema del puer aeternus se extiende cada vez más. No cabe duda de que las madres intentan siempre retener a sus hijos en el nido y que a algunos hijos les resulta difícil liberarse y han preferido seguir disfrutando de esa cómoda situación. Aun así, no se acaba de entender por qué algo tan natural se ha convertido hoy en un grave problema. Pienso que ésta es la pregunta más importante y más profunda que debemos plantearnos, dado que el resto es más o menos evidente. El hombre que padece un complejo materno tendrá siempre que pugnar con su tendencia a convertirse en un puer aeternus. ¿Existe una cura? Si un hombre descubre que tiene un complejo materno, y que se trata de algo que le ha ocurrido -algo que él mismo no ha causado-, ¿qué puede hacer al respecto? En Símbolos de transformación, el doctor Jung habló de una cura -el trabajo- y, después de señalarla, vaciló un instante y pensó, "¿Se trata verdaderamente de algo tan sencillo? ¿Es ésta la única cura? ¿Es así como debo entenderlo?". "Trabajo" es precisamente la palabra que ningún puer aeternus quiere oír, la más desagradable, y el doctor Jung llegó a la conclusión de que en ella se hallaba la solución. Mi experiencia también me ha mostrado que por medio del trabajo un hombre puede sustraerse a este tipo de neurosis juvenil. Se pueden producir, en este punto, algunos malentendidos porque el puer aeternus es capaz de trabajar  si se siente fascinado o entusiasmado. En tal caso es capaz de trabajar veinticuatro horas seguidas, o incluso más, hasta caer rendido. Pero de lo que no es capaz es de trabajar en una mañana lluviosa y gris, cuando el trabajo es aburrido y uno tiene que forzarse para emprenderlo; esto es algo que el puer aeternus no tolera, y usará cualquier tipo de excusa para evitarlo. En el análisis del puer aeternus, tarde o temprano, siempre se llega a este problema, un problema que sólo puede superarse cuando el ego se ha consolidado lo suficientemente, alcanzando entonces la posibilidad de cumplir con el trabajo. 

Obviamente, por mucho que el objetivo sea el mismo, cada caso individual es diferente; y a mí no me parece que sermonearle a la gente, diciéndole que debería trabajar, sirva de mucho, ya que simplemente se enfada y deja de escuchar.

En muchos de los casos que he presenciado, el mismo in consciente procuró hallar una salida o una solución, es decir, indicar una senda por donde se podía caminar con cierto entusiasmo o por la que la energía psicológica fluyera naturalmente, ya que, como es obvio, resulta más fácil disciplinarse a trabajar en algo que el propio instinto aprueba que oponiéndose al propio flujo de energía. Es por tanto recomendable esperar un poco, averiguar en qué dirección fluyen la energía y el interés natural de la persona, y tratar entonces de que encamine su trabajo en esa dirección. Pero en todo tipo de trabajo hay momentos en los que uno debe enfrentarse a la rutina. Todo trabajo, incluso el trabajo creativo, conlleva cierta cantidad de aburrida repetición, pretexto para que el puer aeternus se evada y vuelva a concluir que "¡esto no es lo que me interesa!". En tales momentos, si a uno le apoya su inconsciente, suelen aparecer sueños indicativos de que conviene perseverar a fin de superar los obstáculos. Si eso ocurre, la batalla está ganada.

En una de sus cartas, Jung dice respecto del puer. "Considero que la actitud del puer aeternus es un mal inevitable.


Identificarse con el puer es una actitud psicológicamente infantil que debería superarse. Siempre conduce a golpes del destino que indican la necesidad de adoptar otra actitud. Pero la razón no consigue nada, porque el puer aeternus es siempre un agente del destino".


Cuando el motivo infantil se manifiesta, representa cierta dosis de espontaneidad, y el gran problema -en cada caso un problema ético individual- consiste en decidir si se trata ahora de una sombra infantil que es preciso aislar y reprimir, o si se trata de algo creativo que se mueve en dirección a una posibilidad vital futura. El niño se encuentra siempre delante y detrás de nosotros. Detrás, es la sombra infantil que debemos abandonar, la niñez a la que debemos renunciar, aquello que siempre tira de nosotros regresivamente y nos hace infantiles, dependientes, perezosos y traviesos y que nos impulsa a eludir los problemas, las responsabilidades y la vida. Por otro lado, si el niño aparece delante nuestro, significa renovación, juventud eterna, espontaneidad y nuevas posibilidades -el flujo de la vida hacia un futuro creativo- El gran problema consiste siempre en decidir, ante cada situación, si se trata de un impulso infantil meramente regresivo o si se trata de un impulso de apariencia infantil pero que, en realidad, debería aceptarse y vivirse, porque nos impulsa hacia adelante.

A veces la solución a este dilema es bastante obvia, por cuanto el contexto de los sueños puede mostrar con mucha claridad de cuál de ellos se trata. Supongamos que un puer aeternus sueña con un niño pequeño; podemos entonces saber, en función del argumento del sueño, si la aparición del niño produce un efecto negativo, en cuyo caso será tratado como una sombra infantil regresiva. Si la misma figura aparece positivamente, en cambio, podemos decir que se trata de algo, en apariencia infantil y ridículo, que debe ser aceptado porque representa una posibilidad vital. Pero si siempre fuera así, el análisis de este tipo de problema sería muy sencilio. Desafortunadamente, como ocurre con todos los productos del inconsciente, el lado destructivo y el lado constructivo, el impulso regresivo y el impulso progresivo, se hallan íntimamente entrelazados. Es por ello que, cuando aparecen tales figuras, resulta muy difícil y, en ocasiones, prácticamente imposible, resolver el dilema.


Desde un punto de vista negativo, el puer aeternus no desea dejar atrás su juventud, superar la etapa juvenil, pero el crecimiento sigue su curso indiferente, hasta que lo destruye; muere a causa del mismo factor en su alma por medio del cual habría podido superar su conflicto. Hay gente que se niega a crecer, a madurar y a afrontar este problema que se va acumulando hasta terminar generando un inconsciente destructivo. En tal caso, uno debe decir, "Por el amor de Dios, haga algo, dése cuenta de que, a medida que el asunto se magnifica, se vuelve cada vez más en su contra y de que, en tal caso, acabará destruyéndolo". Pero puede que ese momento llegue... cuando ya es demasiado tarde, porque el crecimiento destructivo ha absorbido toda la energía.
Frecuentemente, el puer aeternus posee un enorme caudal interior de creatividad, una fantasía rica y vital, pero su rechazo a aceptar la realidad tal y como es obstruye la canalización de dicho caudal que se va acumulando como tras de una presa en lugar de fluir naturalmente y de enriquecer la experiencia vital. La vida interior misma del puer queda entonces represada. Así, por ejemplo, en su día a día, se levanta a las diez y media de la mañana, vaga ociosamente por su casa con un cigarrillo en la boca, dando rienda suelta a sus fantasías y emociones hasta la hora de comer; por la tarde tiene intención de trabajar, pero primero decide encontrarse con un amigo, después sale con una amiga y, por la noche, pasa largas horas discutiendo acerca del sentido de la vida. Por fin se acuesta hacia la una de la noche; y el día siguiente acaba siendo una repetición del anterior. De tal modo su capacidad vital y su riqueza interior van decantándose, dado que no encuentran aplicación en algo que tenga sentido, y lentamente la personalidad real va quedando encubierta. El individuo deambula envuelto en una nube de fantasías que en sí mismas son interesantes, y que están colmadas de ricas posibilidades, colmadas de una vida no vivida. Uno siente que este tipo de personas posee un enorme potencial, pero que no existe modo de realizarlo. Entonces el árbol -la riqueza interior- se vuelve negativo y acaba por matar la personalidad. Es por ello que el árbol suele estar relacionado con el símbolo materno negativo, pues éste es el tipo de peligro asociado al complejo materno, por cuya causa el proceso de individuación puede convertirse en algo negativo.

El niño contempla la vida con ingenuidad, y si uno trae a la memoria su propia infancia, se recordará intensamente vital. A menos que sea ya neurótico, el niño está constantemente interesado en algo. Normalmente, sean cuales sean sus preocupaciones, el niño no se siente distanciado de la vida, al contrario, se siente plenamente vital -siempre y cuando no haya sido marcado por las neurosis de sus padres-. Es por ello que cuando la gente piensa en su propia infancia suele añorar aquella ingenua vitalidad que perdió al ingresar en la edad adulta. El niño es una posibilidad interna, una posibilidad de renovación. Pero ¿cómo integrarlo en la vida real del adulto?


jueves, 7 de marzo de 2013

Puer Aeternus - I

Por Marie-Louise von Franz

Esto es un extracto del estudio clásico sobre el conflicto del adulto con el paraíso de la infancia, Puer Aeternus. Los cursos que la doctora Von Franz impartió originalmente en el Instituto Cari Gustav Jung de Zurich han generado una auténtica avalancha de pensamiento acerca del tema del puer y de los trastornos de la personalidad narcisista. Se trata de un caso especial -y particularmente preocupante- del tema del niño interior, un motivo que, según Jung, es siempre un "agente del destino". Todo el que llega a conocer estas ideas acerca de dicho arquetipo se ve afectado por ellas. Von Franz es una de las fundadoras del Instituto C.G. Jung, además de escritora, analista, y renombrada investigadora del mundo de los sueños.


Puer aeternus es el nombre de un dios de la Antigüedad. El término mismo proviene de las Metamorfosis de Ovidio, donde se aplica al niño-dios de los misterios de Eleusis. Ovidio habla del niño-dios Iaco, denominándolo puer aeternus y elogiándolo por su rol en dichos misterios. Más tarde, el niño-dios se identificó con Dionisio y con el dios Eros. Es el joven divino y redentor, nacido por la noche en este típico culto a la madre que son los misterios de Eleusis. Es el dios de la vida, la muerte y la resurrección -el dios de la juventud divina, relacionado con dioses orientales tales como Tammuz, Attis y Adonis-. El término puer aeternus significa por tanto "juventud eterna", pero lo usamos también para referirnos a cierto tipo de hombre joven que padece un notable complejo materno y que, por consiguiente, se comporta de una manera distintiva que aquí quisiera caracterizar.

En general, el hombre identificado con el arquetipo del puer aeternus permanece demasiado tiempo sumido en una psicología adolescente, es decir, todos aquellos rasgos que son propios de un joven de diecisiete o dieciocho años siguen vigentes en su vida posterior, acompañado, en la mayor parte de los casos, de una excesiva dependencia materna. Los dos trastornos característicos del hombre que padece un complejo materno son, según señala Jung, la homosexualidad y el donjuanismo. En este último caso, se persigue, en toda mujer, la imagen de la madre -imagen de la mujer perfecta sin defectos y que le entregará todo al hombre-. Este tipo de hombre busca a la diosa madre, de modo que cada vez que una mujer le fascina acaba por descubrir que se trata de un ser humano corriente. Después de relacionarse sexualmente con ella, toda la fascinación se diluye y, decepcionado, la abandona para seguir proyectando la misma imagen de mujer en mujer. Anhela eternamente a la mujer maternal que lo ampare entre sus brazos y satisfaga todas sus necesidades; y es frecuente que esto se vea acompañado de la actitud romántica del adolescente.

Normalmente, le resulta muy difícil adaptarse a la situación social. En algunos casos existe también un cierto tipo de individualismo antisocial ya que, sintiéndose especial, uno no necesita adaptarse, cosa que por otra parte resultaría imposible para semejante genio, etcétera. Además, la actitud hacia los demás se vuelve arrogante, debido simultáneamente a un complejo de inferioridad y a una falsa sensación de superioridad. A esta clase de gente suele resultarle muy difícil encontrar un tipo de trabajo apropiado, dado que, encuentren lo que encuentren, siempre les parece que no es adecuado o que no es lo que desean. Hay siempre "un pelo en la sopa". La mujer nunca es la apropiada; es agradable en tanto que novia pero... Siempre existe un "pero" que impide el matrimonio o cualquier otro tipo de compromiso.

Todo ello conduce a un tipo de neurosis que H.G. Baynes ha descrito como una "vida provisional"; es decir, la extraña actitud y sensación conforme a las cuales la mujer todavía no es lo que realmente se desea; y existe siempre la fantasía de que, en algún momento futuro, llegará lo auténtico, lo realmente bueno. Si esta actitud se prolonga, terminará dando lugar a un rechazo interno constante a comprometerse con el momento presente. Junto a esta neurosis aparece frecuentemente, en mayor o menor grado, un complejo de salvador o de Mesías, con la idea secreta de que, algún día, uno podrá salvar al mundo, dará con la última palabra en el campo de la filosofía, la religión, la política, el arte o alguna otra cosa. Esto puede abocar a una típica megalomanía patológica; o puede que se encuentren huellas menores de la misma en la idea de que a uno "todavía no le ha llegado el momento". La situación que todos los hombres de este tipo temen es la de sentirse atados a algo, sea lo que sea. Les aterroriza verse atrapados e ingresar por completo en el tiempo, en el espacio y en el ser humano concreto que uno es. Existe siempre el temor a verse atrapados en una situación de la cual tal vez resulte imposible evadirse. Toda situación real, en la que no cabe lo virtual, es un infierno. Al mismo tiempo hay algo enormemente simbólico, a saber, una fascinación por los deportes peligrosos, particularmente el vuelo y la escalada, para poder subir tan alto como sea posible, lo cual viene a simbolizar el afán de alejarse de la madre; es decir, de la tierra, de la vida cotidiana, Cuando este tipo de complejo es muy pronunciado, muchos de estos hombres mueren a una edad temprana en accidentes de vuelo o de montaña. Se trata de un anhelo espiritual exteriorizado que se expresa de este modo.

El siguiente poema de John Magee, fallecido en accidente de aviación poco tiempo después de haberlo escrito, representa perfectamente el significado del vuelo para el puer:

VUELO ALTO

¡Oh! Me he liberado de las desabridas ataduras de la Tierra
y he danzado por los cielos sobre reidoras alas plateadas; 

he ascendido camino del sol y me he unido al júbilo acrobático
de nubes radiantes, y he realizado cientos de cosas en las que tú ni siquiera has soñado 

-he volteado y planeado y me he mecido en el silencio alto y luminoso. 
He dado caza, "allí en suspenso, al ululante vendaval y he lanzado
mi fogoso ingenio por las poco transitadas galerías de aire...

Arriba en el incandescente azul de los delirios he dominado desenvuelto la altura huracanada,
donde ni la alondra ni el águila volaron,
Y, mientras con silenciosa y elevada mente recorría la inexplorada santidad cimera del espacio,
al alargar la mano he tocado el rostro de Dios.

lunes, 11 de febrero de 2013

Eros y Agape en el Evangelio de Juan


Gilles Quispel

Entre 1948/49 viví en Roma con una beca de la Fundación Bollingen. Durante la primavera del 49, hice un viaje a Sicilia y visité Catania, donde nuestro autobús se detuvo por algún tiempo. Fui a la universidad y pedí al portero si podía ver un cierto profesor Rapisarda, cuyo libro de Arnobius yo había revisado para la Vigiliae Christianae. Sucedió, pues, que él estaba allí, de pie en el patio, rodeado por sus alumnos, irónico, humano, muy parecido a Sócrates en medio de sus discípulos. Algún tiempo después fui invitado a dar una conferencia en la universidad y él me presentó. Todavía recuerdo la poderosa elocuencia con la que proclamó la relevancia del estudio de la literatura cristiana: presentía el peligro de que la caridad cristiana desapareciera de nuestra sociedad.

Desde entonces mi atención se ha centrado en este tema central, preguntándome qué podría significar la caridad, pero sólo recientemente llegué a leer el famoso libro de Anders Nygren: Eros y Ágape. Como todo el mundo sabe ambos son opuestos: el eros es griego y egoísta, ágape es cristiano y altruista. Una síntesis de los dos ha sido tratado en la antigüedad, tanto por Pseudo-Dionisio el Areopagita como en San Agustín, aunque estos puntos de vista radicalmente diferentes no podían ser reconciliados. Así como Lutero y la Reforma optaban por la caridad, el Renacimiento lo hizo por Eros, y por la razón, por eso nunca se encontrarán los dos.

Al parecer, la base de esta impresionante teoría es algo inestable, ya que en la Biblia esta radical oposición no puede ser encontrada. Es cierto que el eros no es atestiguado por el Nuevo Testamento, aunque la palabra "agape" puede tener prácticamente el mismo significado que "eros". Para probar esta tesis me referiré a Juan 15, 12-14:

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, 

como yo os he amado.
Nadie tiene mayor amor que este,
que uno ponga su vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.


Estas palabras son vistas en su perspectiva correcta si tenemos en cuenta que el autor del cuarto evangelio, al igual que todos los escritores de la antigüedad, tuvo el derecho de componer discursos que reflejaban una situación como la que veía. Esto, por supuesto, no quiere decir que estas oraciones fueron creados de la nada. Puede muy bien haber amplificado una tradición ya existente. En este caso, podemos incluso positivamente indicar el dicho de Jesús que "Juan" está variando una y otra vez, no sólo en su evangelio, sino también en primera carta.

Jesús dijo: Ama a tu hermano como a tu alma,
protégelo como a la niña de tus ojos.

(Evangelio de Tomás, logion 25)

Esta palabra, por supuesto, no es idéntica o derivada de Marcos 12, 30-31, el mandamiento de amar a Dios y al prójimo, con el que apenas tiene una palabra en común. Su hermoso paralelismo no menciona nada más, muestra que se ha transmitido en un ambiente judío, (en oposición al origen gentil de los evangelios canónicos). El autor del Evangelio de Tomás debe haber sacado ésto de su fuente judeo cristiana. El logion nos enseña a sacrificarnos a nosotros mismos en nombre de los miembros de la hermandad a la que pertenecemos, y tener la más alta consideración por nuestros hermanos cristianos.

La Iglesia de Cristo debería ser una fraternidad y una hermandad, una sociedad de amigos. Esto sin duda es "caridad" en el sentido judío de la palabra.

Luego, en Juan 15:13, Jesús es citado como habiendo dicho que el mayor amor es dar la vida por un amigo. Esto es algo sorprendente, porque, como observa Bultmann en su comentario, uno esperaría que el mayor amor fuese amar a tu enemigo. Y luego se nos ocurre que este ideal de morir por un amigo es un locus communis de la literatura erótica.

Así Fedro dice en el Symposion de Platón, 179 b:

Por otra parte, a morir por otro están decididos únicamente los amantes, no sólo los hombres, sino también las mujeres. Y de esto también la hija de Pelias, Alcestis, ofrece suficiente testimonio ante los griegos en favor de mi argumento ya que fue la única que estuvo decidida a morir en lugar de su esposo, a pesar de que éste tenía padre y madre, a los que ella superó tanto en afecto por amor, que les hizo aparecer como meros extraños para su hijo y parientes sólo de nombre.

Al obrar así, les pareció, no sólo a los hombres, sino también a los dioses, que ella  había realizado una acción tan hermosa, que, a pesar de que muchos han llevado a cabo muchas y hermosas acciones, sólo en contados casos  los dioses han concedido el privilegio de que su alma regrese y suba del Hades es realmente muy pequeño, y, sin embargo, hicieron subir el alma la de aquélla admirados por su acción. ¡Así también los dioses honran por encima de todo el esfuerzo y el valor del amor!

En cambio, a Orfeo, el hijo de Eagro, lo despidieron del Hades sin lograr nada, tras haberle mostrado un fantasma de su mujer, en cuya búsqueda había llegado, pero sin entregársela, ya que lo consideraban un pusilánime, como citaredo que era, y no se atrevió a morir por amor como Alcestis, sino que se las arregló para entrar vivo en el Hades. Ésta es, pues, la razón por la que le impusieron un castigo e hicieron que su muerte fuera a manos de mujeres.


No así, por el contrario, fue lo que sucedió con Aquiles, el hijo de Tetis, a quien lo honraron y lo enviaron a las Islas de los Bienaventurados, porque, a pesar de saber por su madre que moriría si mataba a Héctor y que, si no lo hacía, volvería a su casa y moriría de viejo, tuvo la osadía de preferir, al socorrer y vengar a su amante Patroclo, no sólo morir por su causa, sino también morir una vez que éste había acabado ya sus dias. De aquí que también los dioses, profundamente admirados, le honraran sobremanera, porque en tanta estima tuvo a su amante. Y Esquilo  desvaría cuando afirma que Aquiles era el amante  [erastés] de Patroclo, ya que Aquiles era más hermoso, no sólo que  Patroclo , sino también que todos los héroes juntos, siendo todavía imberbe y, por consiguiente, mucho más joven, como dice Homero.

De todos modos, si bien, en realidad, los dioses valoran muchísimo ésta virtud en el amor, sin embargo, la admiran, elogian y recompensan más cuando es el amado el que siente afecto por el  amante, que cuando el amante lo siente por el amado, pues un amante es cosa más divina  que un amado, ya que está poseído por la divinidad.  Por esto también honraron más a Aquiles que a  Alcestis y lo enviaron a las Islas de los Bienaventurados.

En resumen, pues, yo, por lo que a mi respecta,  afirmo que Eros es, de entre los dioses, el más antiguo, el más venerable y de mayor dignidad  y el más eficaz para asistir a los hombres, vivos y muertos, en la adquisición de virtud y felicidad.



Asimismo Seneca puedo decir que hagas de un hombre mi amigo para tener a alguien por quien yo pueda morir (ut habeam pro quo mori possim, Epistula 9, 10).

Es un signo de Eros si un hombre da su vida por su amigo(s).

El autor del Cuarto Evangelio no era ajeno a los pensamientos y puntos de vista griegos. Incluso introdujo el fondo no-judío y típico concepto griego de "discípulo amado" y se atrevió a representar la Última Cena como una especie de Symposion en el que el alumno amado descansaba en el seno del profesor. Sabía tanto de eros como de ágape. En el pasaje hablamos de que el griego eros y el judío ágape están en una síntesis duradera.

Esto significaría, entonces, que San Agustín y Pseudo-Dionisio interpretaron correctamente la Biblia. Y si en los últimos tiempos, los líderes de la Cristiandad habían valorado más positivamente a Eros, como lo hizo Juan, la situación de la Iglesia sería más feliz en nuestros tiempos.


Nota adicional

Es evidente que el cuarto Evangelio no puede ser explicado solamente por los paralelos con el Talmud y el Midrash. Es un escrito Cristiano Helenístico y Gentil. Y sin embargo, tiene mucho en común con el típico Apocalipsis Judeo Cristiano de Juan (Cristo como Cordero Pascual, también como Nombre de Dios) que tanto se puede situar en Éfeso en el primer siglo dC.

Así que su autor fue un escritor fantasma, que revisó el Evangelio local de la mano de Juan el presbítero. El escritor fantasma hizo esto con el fin de este Evangelio fuese legible y aceptable para los hablantes griegos.

O de alguna manera ha conservado una característica Helénica del mismo Jesús, que vivía en Nazaret, que está muy cerca de la helenística ciudad de Séforis, en Galilea.

Juan es el único de los cuatro evangelistas en agregar un detalle significativo a la detención de Jesús en Getsemaní: "Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos." (18:8). Jesús muere por sus amigos.

No es impensable que un líder carismático y mesiánico sea injustamente hecho prisionero, ruega por sus compañeros y es linchado sin ningún tipo de proceso legal. Hay un paralelo de ello en los tiempos modernos. (Hugo Claus, De Verwondering, 238)

sábado, 2 de febrero de 2013

El Motivo del Niño Divino - II (Final).

June Singer

Otro arquetipo con el que probablemente nos encontraremos en el camino de la individuación, es aquel que Jung denominó puer aeternus, refiriéndose al niño-dios Iaco de los misterios de Eleusis. Ovidio lo describe en las Metamorfosis como un joven divino, nacido en el culto materno de los misterios. Es dios de la vegetación y la resurrección y tiene algunos de los rasgos del redentor. El hombre identificado con el arquetipo del puer aeternus, con la eterna juventud, permanece demasiado tiempo en la etapa psicológica de la adolescencia. En su caso, características que son normales en un joven quinceañero perduran en años posteriores. Quizá la expresión "High living" ["vida regalada", aunque literalmente significa "vivir alto"] es la que mejor describe en qué consiste este arquetipo: el joven se complace andando por las nubes con su fantasía, viviendo experiencias efímeras por el mero gozo de la emoción que puedan aportarle, buscando amistades cuando desea divertirse y abandonándolas apenas se convierten en una responsabilidad. Varios héroes de la cultura juvenil se inscriben en esta categoría y, para algunos, "getting high" ["drogarse" o "colocarse", aunque literalmente significa "ponerse alto"] constituye su único objetivo. Es también propio del puer viajar sin propósito, moverse, y entrar y salir provisionalmente en grupos muy diversos. La homosexualidad es también una expresión de este arquetipo, especialmente cuando se manifiesta en la búsqueda compulsiva de relaciones poco trascendentes y promiscuas. Si es heterosexual, pasa de aventura en aventura, huyendo siempre ante el menor atisbo de compromiso.

Von Franz, en su estudio sobre el arquetipo del puer aeternus, señala que el hombre que se identifica con este arquetipo suele intentar hacer carrera en el campo de la aviación pero que, normalmente, sus tentativas son rechazadas, porque los tests psicológicos a que son sometidos demuestran que son personas inestables y así evidencian el carácter neurótico de su interés en esta profesión.

Los sueños de un individuo, tal vez de mediana edad, que ya se ha establecido en la vida y que se encuentra seguro en su posición, pueden revelar la actividad del arquetipo del puer aeternus. Las imágenes oníricas relacionadas con el vuelo (a veces sin avión, simplemente aleteando con los brazos), la conducción de automóviles a toda velocidad, el submarinismo en aguas profundas, la escalada de montañas escarpadas, son temas típicos de la persona cuyo inconsciente se halla dominado por este arquetipo y pueden tomarse como una señal de advertencia para fijarse en cómo el inconsciente se está tal vez preparando para entremeter su voluntad autónoma en el funcionamiento conscientemente determinado.

También existe, claro está, un complemento femenino del puer, es decir, la puella aeterna, la mujer que, aun sin admitirlo, teme envejecer. En efecto, el miedo domina una gran parte de su existencia. Es la mujer que nunca confiesa su edad, que cae en la trampa que le tienden los regímenes alimenticios y todos los cosméticos que le prometan un rejuvenecimiento. Es "compinche" de sus hijos y una coqueta empedernida con los hombres. En sus sueños aparece con frecuencia sobre un pedestal, inspirando la adoración de los varones, o es una sirena, una prostituta o una "lolita". En general, su conducta es imprudente e impulsiva pero, cuando se trata de tomar una decisión importante, vacila y pide consejo a todo el mundo; luego actúa repentinamente, por sorpresa, y se arre-piente de sus actos antes casi de haberlos consumado.

Vivir el arquetipo de la "juventud eterna" no es del todo negativo, como puede inferirse viendo algunas de las formas en que se manifiesta. Entre los aspectos más ventajosos y apreciables del puer aeternus y de la puella aeterna se cuentan su entusiasmo juvenil, su ilimitada energía, la espontaneidad de su pensamiento, su capacidad de generar nuevas ideas y formas inéditas de solucionar problemas y su disposición a cambiar de rumbo sin identificarse con el pasado y sus valores.

Como factores inconscientes, el puer y la puella proporcionan el impulso preciso para emprender nuevos caminos, pero no brindan la sensatez necesaria para discernir si la nueva empresa merece la pena, ni aportan la constancia y la tenacidad imprescindibles para llevarla a término en caso de que, en efecto, valga la pena. Con la participación activa de este arquetipo se tramarán grandes proyectos, pero para ejecutarlos con éxito, incluso parcialmente, se requerirá la colaboración compensatoria de otro arquetipo: el "senex".

Senex significa viejo o anciano y, como arquetipo, se alía con las fuerzas que preservan los valores tradicionales, es partidario de dejar las cosas como están, o de aplicar un juicio sereno y mucha consideración a los proyectos del joven eter-no. En el mejor de los casos este factor inconsciente se manifiesta en forma de una sabiduría madura nacida de la experiencia; en el peor, representa una ortodoxia que no tolera las interferencias de quienes quieren quebrantar las normas establecidas.

Una variante de la figura del puer aeternus, que a veces incluso incorpora aspectos del senex, es la encantadora figura conocida como el burlador.

En los sueños el burlador es aquel que coloca obstáculos en nuestro camino por razones propias; es el que cambia de forma constantemente y que aparece y desaparece en los momentos más insólitos. Simboliza un aspecto de nuestra naturaleza que siempre está próximo, dispuesto a desinflarnos cuando nos envanecemos o a humanizarnos cuando nos ponemos presuntuosos. Es el satírico por excelencia cuyo mordaz ingenio subraya las imperfecciones de nuestras arrogantes ambiciones y que nos hace reír aunque tengamos ganas de llorar. En sociedad lo encontramos en el motejador o el criticón, e incluso a veces se aparece por sorpresa en alguno de los altos cargos de nuestro país (se refiere a U.S.A.).

miércoles, 30 de enero de 2013

El Motivo del Niño Divino - I


June Singer

El niño-dios es una manifestación universal del arquetipo infantil. Lo advertimos en ejemplos tales como el de la madona y el niño o el de los míticos héroes divinos infantiles. June Singer, analista junguiana y ensayista, se vale de su experiencia clínica y de sus vastos conocimientos de mitología para trazar un perfil de las cualidades divinas del niño interior. Este pasaje proviene de su libro Boundaries of the Soul, un detallado estudio de la psicoterapia desde una perspectiva junguiana.

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El arquetipo del niño divino suele preceder a una transformación en la psique. Su presencia nos recuerda los momentos de cambio de la historia del mundo, en los que la llegada de un niño divino constituye el heraldo del derrocamiento del antiguo orden y la instauración entusiasmi c inspirada de uno nuevo. El poema de William Blake A Song of Liberty expresa perfectamente la fuerza de este arquetipo. La Mujer Eterna, el anima, da nacimiento al niño divino, un dios solar de cabello llameante, lo que provoca la furia celosa del antiguo rey, el "rey sideral" de la noche y las tinieblas y de la decadencia se precipita sobre el mundo. Si bien el rey arroja al niño dios al mar occidental, el niño no se ahogará y al término de un viaje nocturno por los mares el hijo de la mañana ascenderá por el oriente para traer su luz al mundo:

¡La Mujer Eterna gimió! ¡Fue escuchada en toda la tierral... con temblorosa mano tomó el terror recién nacido, aullando:
¡En aquellas infinitas montañas de luz, hoy separadas por el mar atlántico, el fuego recién nacido se presentó ante el rey estrellado!
Marcado por las nieves de las cejas grises y los tormentosos rostros, las celosas alas batieron sobre las profundidades.
La mano armada de una lanza ardió en las alturas, desabrochado estaba el escudo; la mano de la envidia se extendió entre el cabello llameante,
y lanzó el milagro recién nacido a la estrellada noche.
¡El fuego, el fuego cae!...
Los fogosos miembros y el cabello llameante, cayeron como el sol que se hunde en el mar occidental...
Con truenos y fuego, llevando a sus huéspedes estelares por el erial baldío, [el tenebroso rey] promulga sus diez mandatos,
paseando sus radiantes párpados por las profundidades con oscuro desaliento,
Donde el hijo del fuego en su nube oriental, mientras la mañana dispone sus plumas en su dorado pecho.
Desdeñando las nubes de la maldición escrita, reduce a polvo las leyes de piedra y libera a los corceles eternos de sus guaridas nocturnas, aullando:
¡Ya no existe el imperio! Y en adelante el León y el Lobo han de cesar.

En la psicología analítica junguiana el motivo del niño se presenta con frecuencia durante el transcurso del proceso de individuación. En un principio la persona analizada tiende a relacionar este fenómeno con su propio infantilismo, cosa que, hasta cierto punto, puede ser apropiada. Siempre que la apariencia del niño, que aparece en nuestros sueños o en nuestras imágenes, guarda cierta semejanza con la persona del soñante, o ciertos aspectos de su comportamiento, la imagen puede ayudar a comprender los aspectos personales movilizados y ayudan a rastrear ciertos elementos neuróticos hasta etapas anteriores del desarrollo del individuo.

No obstante, aunque es posible que parte del material imaginario o soñado se relacione parcialmente con la historia de quien la produce, también es cierto que la imagen del niño divino puede ser nueva, y no mostrar parecido alguno con la experiencia previa del individuo. Es este último aspecto el que incita a considerar la proyección futura del arquetipo, es decir, a preguntarse lo que dicha imagen puede sugerir respecto a desarrollos que permanecen todavía en estado embrionario en la psique, pero que llevan en sí la potencialidad para el crecimiento y el cambio.

De la misma manera que nuestros propios hijos son, hasta cierto punto, extensiones de nuestro ego, podemos pensar en el "niño divino" como una extensión del inconsciente colectivo. Y así como depositamos nuestros sueños y esperanzas en los hijos, deseando para ellos el cumplimiento de nuestras empresas inconclusas, la realización de lo que nunca pudimos realizar, así también el "niño divino" representa los ideales de una cultura que ella misma no puede consumar. A menudo el "salvador" se convierte en el chivo expiatorio de los pecados de su sociedad y, gracias a su sufrimiento y a su sacrificio, la sociedad consigue perdurar y dispone de otra oportunidad.

El niño divino es excepcional desde el mismo momento de su nacimiento, o incluso de su concepción. Quizá sea separado de su madre a fin de prevenir cierto espantoso destino que pesa sobre su familia o su comunidad. Moisés, Edipo y Krishna fueron sustraídos a sus madres y criados por extraños; Rómulo y Remo fueron abandonados en el bosque; y todos ellos fueron salvaguardados para el desempeño de una misión especial. Cierto designio milagroso los protegió hasta que llegó el momento propicio para el cumplimiento de su labor. Durante los años intermedios, el niño tiene que superar numerosas dificultades, encontrar su propio sentido, y adoptar un estilo de vida que lo exprese. En el momento adecuado, manifestó su presencia e introdujo en la realidad el cambio dinámico para el que había sido invocado. Y poco después, cumplida su misión, muere.

En nuestros propios sueños, la aparición del niño especial conlleva a menudo un hondo significado. A través de mi práctica psicoanalítica he constatado que el niño de muchos sueños se halla lisiado, enfermo, o moribundo, cosa que no tiene por qué corresponderse con la vida del individuo y que me lleva a preguntarme: ¿De qué manera el potencial innato de la persona que tiene estos sueños está mermado o neutralizado? El análisis de los detalles específicos del material inconsciente y su comparación con detalles similares presentes en situaciones arquetípicas procedentes de mitos o de textos religiosos pueden permitir al individuo ir más allá de sus preocupaciones inmediatas y percibir hacia dónde se dirige su quehacer vital. Como Víctor Frankl indicó en El hombre en busca de sentido, un relato de sus experiencias en un campo de concentración, aquellos que consideraban sus vidas en el campo como "provisional" y vivían sólo día a día, perdían su energía muy rápidamente. Los pocos que conseguían convertir el sufrimiento en aquel lugar, en el que su cuerpo físico se hallaba apresado, en un desafío para liberar su espíritu, tendían a sobrevivir contra casi toda probabilidad. El niño divino que hay en nuestro interior da sentido a nuestras actitudes inmaduras y nos muestra el lado inconsciente de nuestras limitaciones, lo cual supone una visión de potencialidad floreciente.

lunes, 28 de enero de 2013

Psicología del Arquetipo Infantil - III (Final)


Carl G. Jung

El niño como principio y fin

Después de su muerte, Fausto es recibido como niño en el "coro de los niños bienaventurados". No sé si mediante esta idea peculiar Goethe se estaba refiriendo a los cupidos de las antiguas sepulturas, pero no es una idea descabellada. La figura del cucullatus apunta al encapuchado, es decir, el invisible, el genio de los difuntos, que reaparece en las diversiones infantiles de una nueva vida, rodeado de las formas marinas de delfines y tritones. El mar es el símbolo favorito del inconsciente, madre de todo lo que vive. En determinadas circunstancias (Hermes y los Dáctilos, por ejemplo) el "niño" está estrechamente relacionado con el falo, símbolo de la procreación y por ello lo vemos también aparecer en el falo sepulcral, como símbolo de una nueva concepción.

El "niño" es por lo tanto renatus in novam infantiam ("renacido a una nueva infancia"); al mismo tiempo principio y fin, una criatura inicial y terminal. La criatura inicial existía antes de que el hombre fuera y la criatura terminal existirá cuando el hombre ya no sea. Desde un punto de vista psicológico, esto quiere decir que el "niño" simboliza la esencia preconsciente y postconsciente del hombre. Su esencia pre-consciente es el estado inconsciente de su primera infancia; su esencia postconsciente es una anticipación, por analogía, de la vida después de la muerte. En esta idea se expresa la naturaleza global de la plenitud psíquica. Entre los límites de la mente consciente no cabe la plenitud --que incluye la extensión indefinida e indefinible del inconsciente. Empíricamente hablando, la plenitud es, por consiguiente, una extensión inconmensurable, más vieja y más joven que la conciencia, que se despliega en el tiempo y el espacio. Esto no es una especulación, sino una experiencia psíquica inmediata. Los sucesos inconscientes no sólo acompañan continuamente al proceso consciente, sino que también lo guían, asisten o interrumpen. El niño tenía una vida psíquica antes de tener conciencia. Incluso el adulto sigue haciendo y diciendo cosas cuyo significado no comprende hasta más tarde, si es que llega a comprenderlo. Y, sin embargo, las hizo y las dijo como si supiera qué significaban. Nuestros sueños hablan continuamente de cosas que nuestra conciencia no comprende (motivo por el cual son tan útiles en la terapia de las neurosis). Nos llegan intuiciones e indicaciones de fuentes desconocidas. Temores, humores, planes y esperanzas pasan por nosotros sin causalidad aparente. Estas experiencias concretas se hallan en la base de nuestra impresión de conocernos muy poco y constituyen también el fundamento de las perturbadoras conjeturas acerca de las posibles sorpresas que el futuro pueda depararnos.

El hombre primitivo no es un enigma para sí mismo. La pregunta "¿Qué es el hombre?" es la pregunta que el hombre siempre ha guardado hasta el final. El hombre primitivo tiene tanta psique fuera de su mente consciente que la experiencia de algo psíquico exterior a sí mismo le resulta mucho más familiar que a nosotros. De hecho, la vivencia de fuerzas psíquicas que rodean a la conciencia, sustentándola, amenazándola o engañándola, constituye una experiencia secular del género humano. Esta experiencia se ha proyectado en el arquetipo del niño, expresión de la plenitud humana. El "niño" es todo aquello que es abandonado y expuesto y al mismo tiempo divinamente poderoso; el principio insignificante e incierto y el fin triunfal. El "niño eterno" inherente al hombre es una experiencia indescriptible, una incongruencia, una desventaja y una prerrogativa divina; un imponderable que determina el valor fundamental o la falta de valor de una personalidad.


sábado, 26 de enero de 2013

Psicología del Arquetipo Infantil - II


Carl G. Jung

La función del arquetipo

El motivo del niño no sólo representa algo que existió en un pasado remoto, sino también algo que existe ahora; es decir, no se trata simplemente de un vestigio sino de un sistema que funciona en el presente cuyo propósito es el de compensar o corregir, de manera significativa, la inevitable excentricidad de la mente consciente. Ésta suele concentrarse sólo en unos pocos contenidos, elevándolos a un grado máximo de claridad, lo que supone la exclusión de la conciencia de otros contenidos potenciales. Esta exclusión dará lugar a cierta unilateralidad de los contenidos conscientes. Puesto que la conciencia diferenciada del hombre civilizado constituye un instrumento eficaz para la realización práctica de sus contenidos, a través de la dinámica de la voluntad, existe tanto mayor peligro, cuanto más ejercita su voluntad, de que se pierda en la unilateralidad y termine desviándose progresivamente de las leyes y raíces de su ser. Esto implica, por un lado, la posibilidad de la libertad humana pero, por otro lado, es una fuente de transgresiones continuas contra los propios instintos. En consecuencia, el hombre primitivo, que, como el animal, permanece más próximo a sus instintos, se caracteriza por el miedo a la novedad y por su apego a la tradición. Para nuestra manera de pensar, su atraso es muy notorio, mientras que nosotros exaltamos el progreso. Pero nuestro progresismo, aunque puede dar lugar al atractivo cumplimiento de muchos deseos, va generando una deuda prometeica igualmente colosal, que debemos pagar de tanto en tanto en forma de catástrofes monstruosas. Durante cientos de años el hombre ha soñado con volar, ¡y lo que ese sueño nos ha deparado son los bombardeos masivos! En la actualidad, la esperanza cristiana de una vida más allá de la tumba nos hace sonreír, y sin embargo caemos a menudo en milenarismos cien veces más ridículos que la noción de un idílico más allá. Nuestra conciencia diferenciada está en continuo peligro de desarraigo; de ahí que necesite la compensación del aún vigente estado de la infancia.

Desde la perspectiva progresista, los síntomas de la compensación se describen en términos poco halagadores. Dado que, vista superficialmente, parece una operación dilatoria, la gente habla de inercia, atraso, escepticismo, crítica, conservadurismo, timidez, mezquindad, y así sucesivamente. Pero en la medida en que el hombre tiene una enorme capacidad para disociarse de sus propias raíces, puede también verse arrastrado inadvertidamente hacia la catástrofe por su peligrosa unilateralidad. El ideal conservador es siempre más primitivo, más natural (tanto en su sentido positivo como negativo) y, en la medida en que confía en la ley y en la tradición, más "moral". El ideal progresista, por su parte, es siempre más abstracto, menos natural y, en la medida en que es desleal a la tradición, menos "moral". El progreso impuesto por la voluntad es siempre convulsivo. El atraso podrá estar más próximo a la naturalidad, pero se ve a su vez amenazado por peligrosos despertares. La antigua perspectiva se daba cuenta de que el progreso sólo es posible Deo concedente ("si Dios quiere"), mostrándose con ello consciente de la existencia de los opuestos y repitiendo en un plano más elevado los seculares rites d'entrée et de sortie ("ritos de pasaje"). Cuanto más diferenciada se vuelve la conciencia, tanto mayor es el riesgo de ruptura con la condición de partida. La ruptura total se produce cuando se olvida el Deo concedente. La psicología tiene ahora por axioma la idea de que cuando una parte de la psique se escinde de la conciencia, sólo queda aparentemente desactivada pero, de hecho, toma posesión de la personalidad y falsea los objetivos conscientes del individuo. Por consiguiente, si se reprime el estado infantil de la psique colectiva hasta excluirlo totalmente, los contenidos inconscientes pueden terminar dominando a los objetivos conscientes e inhibir, falsear e incluso destruir su realización. El progreso viable es sólo posible con la cooperación de ambos.


El futuro del arquetipo

Uno de los rasgos fundamentales del motivo del niño es su proyección futura. El niño es futuro potencial. Por consiguiente, la presencia del motivo del niño en la psicología del individuo implica una anticipación de tendencias futuras, por mucho que a primera vista parezca una configuración retrospectiva. La vida es un flujo, una corriente que discurre hacia el futuro, y no un estancamiento o una resaca. No resulta sorprendente, entonces, que tantos salvadores mitológicos sean dioses infantiles, lo cual concuerda exactamente con nuestra experiencia de la psicología individual, que muestra cómo el "niño" prepara el camino para un cambio futuro de personalidad. En el proceso de individuación, la figura del niño anticipa la síntesis entre los elementos conscientes e inconscientes de la personalidad. Es, por tanto, un símbolo de unidad de los opuestos, un intermediario, portador de salud y de plenitud. Siendo éste su significado, el motivo del niño es capaz de las numerosas transformaciones que he mencionado previamente: puede encontrar su expresión en lo redondo, el círculo o la esfera, o en lo cuadrado como representación de otra forma de plenitud. He llamado "Self" a esta plenitud que trasciende la conciencia. El objetivo del proceso de individuación es la síntesis del Self. Desde otro punto de vista, el término "entelequia" [entelequia = fuerza vital que impulsa a un organismo hacia la autorrealización] sería preferible a "síntesis". Existe una razón empírica por la que, en determinadas circunstancias, el término entelequia resulta más apropiado: los símbolos de plenitud suelen aparecer al principio del proceso de individuación y pueden observarse frecuentemente en los sueños iniciales de la primera infancia. Esta observación apunta hacia la existencia a priori de una plenitud potencial, sugiriendo de inmediato la idea de entelequia. Pero desde el momento en que, empíricamente hablando, tiene lugar el proceso de individuación, se presenta como una síntesis. Parece pues, paradójicamente, como si algo que ya existiera se estuviera reuniendo. Desde este punto de vista, el término "síntesis" también es aplicable.