sábado, 23 de enero de 2010

sábado, 2 de enero de 2010

De Electione Gratiae. Extractos de J. Boëhme - III Final


III

Así es como el Padre y el Hijo (formando una sede con una propia existencia) son un solo Dios de una sola y misma Voluntad, que se encuentra en si mismo, en la sede del fondo concentrado y comprensible, y que posee esta concentración; donde, procediendo, es llamado y es el Espíritu Santo.

La sola voluntad incomprensible de la inmensidad se distingue y se desarrolla así en sí misma, por la primera y eterna concentración, que no tiene en absoluto comienzo, en tres diferentes efectos; pero queda sin embargo en ella una sola y misma voluntad.

La primera voluntad que se llama y es el Padre, engendra en él al Hijo, que es el asiento donde la divinidad se encuentra.

Esta sede de la divinidad, el Hijo del Padre, produce en él la comprensibilidad, y ésta hace la potencia de la Sabiduría divina. Todas las potencias y virtudes de la Sabiduría divina toman pues su origen y su principio del Hijo y en el Hijo; estas potencias son sin embargo en él una sola potencia universal, que es, en sí misma, sensible y comprensible Divinidad, en una sola y misma voluntad y esencia, sin ninguna división, sin ninguna separación, sin ninguna disolución.

[...] la cuarta progresión donde la operación se hace, en la potencia exhalada o emanada, que es la contemplación o la Sabiduría divina; en ella el espíritu de Dios - que toma su origen de la potencia eterna de la eterna voluntad - parece jugar, por decirlo así, con las potencias emanadas, las cuales son una sola potencia, en sí misma. Por esto, se introduce en diferentes formas siguiendo la ciencia o el deseo divino, totalmente como si quisiera formar una imagen, una semejanza de la potencia divina generadora e introducirla en una voluntad o en una vida particular o individual, tal y como un modelo de la única Santa Trinidad.

Es esta imagen o esta semejanza representada o modelada, que hace la alegría o la delicia de la contemplación de la Sabiduría divina.

No hay que imaginarse sin embargo que este modelo sea una imagen perceptible, sensible y mensurable, tal como la criatura, que puede ser descrita y definida, sino que es, por decirlo así, un juego de la imaginación divina, es el principio de la Magia en la cual la creación tomó su comienzo.

Es en esta concentración o modelo mágico, que se forma en la Sabiduría divina, donde podemos concebir la verdadera imagen de Dios [...].

[...] Este eterno Uno podría, de una cierta manera, ser esbozado por la figura de la cifra 1 en un triángulo; no es sin embargo ninguna figura, ni ningún ser mensurable o divisible; pero este Uno es esbozado así, con el fin de que la inteligencia pueda ver así más claro y mejor y reflexionar sobre eso.

Esta divina concentración no es grande ni pequeña; no tiene en ninguna parte comienzo ni fin, excepto allí dónde la ciencia, donde el deseo divino se introduce en una esencia de la contemplación y de la Sabiduría por la fuerza atractiva, allí dónde se introduce en la creación. Por contra, en sí misma, esta concentración o modelación es infinita, y la figuración es indefinible allí.

viernes, 1 de enero de 2010

De Electione Gratiae. Extractos de J. Boëhme - II


II


Bien entendido que, la primera, una y sola Voluntad que no tiene en absoluto comienzo, y que no es buena ni mala engendra en sí misma al único bien soberano y eterno, es decir una voluntad comprensible que es el Hijo de la voluntad una e inaprensible, siendo coeterno con esta sola y una Voluntad que no tiene comienzo.

Esta segunda Voluntad coeterna, Hijo, es la sensibilidad o la comprensibilidad de la primera, una e incomprensible voluntad; en ella, la Nada eterna se encuentra en si misma en alguna cosa; la sola, una e improfundizable Voluntad procede de esa cosa eterna, encontrada en sí misma y que luego se introduce en una contemplación eterna de sí misma.

Así es como:

1°/ La Voluntad improfundizable se llama Padre Eterno.

2°/ La Voluntad, concentrada, encontrada, engendrada por la primera Voluntad de la inmensidad improfundizable se llama y es su Hijo único engendrado, porque él es el Ens del Abismo donde el Abismo se construye un fondo, una base.

3°/ Lo que procede de la Voluntad improfundizable, Padre, por el Hijo único o la Esencia Divina (Ens), se llama y es el Espíritu; porque hace emanar de él la esencia divina, concentrada en formar un movimiento, una vida de la voluntad eterna y primera, una vida del Padre y del Hijo.

4°/ Lo que es concentrado hace la cumbre del deseo y la plenitud de la alegría y de la perfección de la Nada eterna, es decir lo que encontró en él, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.


Y lo que se ve y se desarrolla en la eternidad es llamada y es la contemplación o la Sabiduría eterna divina (Sophia).

[...] La Voluntad eterna e improfundizable, el Padre y el comienzo de todo ser, engendra en sí mismo, para tener una sede de comprensibilidad; es decir ella posee esta sede y esta sede es el comienzo de todos los seres.

Posee a su vuelta la Voluntad eterna que no tiene que profundizar; la cual es el Padre del comienzo donde se encuentra un fondo de comprensibilidad.

(continuará...)