domingo, 8 de mayo de 2016

Testimonios sobre la Posesión Vudú

"Planète" --Planeta--  era una revista francesa editada entre 1961 y 1971, que retomaba los diferentes temas abordados en la obra de Jacques Bergier y Louis Pauwels: "Le Matin des Magiciens", editado en España como "El retorno de los Brujos", y que se presentaba como el órgano del movimiento del Realismo Fantástico.

Durante estos años, la propia Revista Planeta, se convirtió en productora de diferentes espectáculos, más o menos relacionados con estos temas. En el año 1967, ofreció un auténtico Ritual de Vudú (Voudu) en una carpa ubicada en la Isla de Puteaux, en París.
 
Durante las ceremonias Vudú no sólo presenciamos en varias ocasiones las posesiones de los oficiantes, sino también los trances de los espectadores en la sala, aunque nada hacía prever de antemano estos episodios en cierta forma, en evidencia.

Interrogados inmediatamente después del espectáculo y pocos días más tarde, esos diferentes espectadores no sólo expresaron su sorpresa sino también su satisfacción. Todos nos han dicho: "Es extraordinario."

A la pregunta: "¿Aceptaría hacerlo otra vez?", todos respondieron afirmativamente sin vacilaciones. Ninguno de ellos sufrió lesiones, todos perdieron la conciencia, algunos experimentaron un desdoblamiento de la personalidad, varios hicieron una demostración de fuerza superior a lo normal, y en suma nadie se molestó por haber participado en el espectáculo. En todos los casos la posesión fue intensa e imprevisible, y conmovió indistintamente a católicos, creyentes o ateos, a nerviosos o a tranquilos, aunque se deseara o no la experiencia, aunque se hubiese llegado a las seis de la tarde o a las nueve de la noche, aunque se tuviese veinte o cuarenta años, aunque se trabajara en una oficina o en el campo, o se fuese sensible o no a los tambores...

Al término de esta encuesta no podemos sacar ninguna conclusión. Las personas que se posesionaron parecen tener en común cierta sensibilidad y el deseo de participar en el espectáculo. Por otra parte, los trances más espectaculares se produjeron en el momento de la iniciación por el fuego, después de la aplicación del "zin" hirviente en la mano. 
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Interrogado acerca de estos fenómenos, el houngan nos respondió que se sentía contento de haber evidenciado y reforzado el poder de los Loas a miles de kilómetros de su país. 
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Si para las hounsi el poder de los Loas se ha visto así reforzado, resulta notable comprobar la importancia y la seriedad que el acontecimiento ha tenido para cada nuevo iniciado. "Crisis de Loa", psicoanálisis inconsciente, o experiencia mística, sea como fuere, el resultado es cien por cien positivo. Dejamos que nuestros lectores juzguen por sí mismos.

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Jean-Claude DELOET - Estudiante de arquitectura

EI trance

Un trance muy intenso producido en la sala durante la primera noche. Después de debatirse más de diez minutos, vimos, muy preocupados, un cuerpo que se arrojaba en el escenario, se arrastraba durante largo rato, atravesaba el fuego, se detenía un momento con los pies en las brasas y rodaba por el suelo siendo imposible desenredar sus miembros cruzados y tensos. Sus declaraciones:

--Conservo una impresión de sueño despierto y no creo haber perdido totalmente la conciencia pues oía gritar a mi madre y a la mambó que le ordenaba permanecer en su lugar. Yo me sentía bien y sabía que iba a poder cumplir un acto que en la realidad hubiera sido nefasto para mí, es decir prohibido. Me han dicho que caminé por el fuego. Recuerdo, en efecto, que al principio deseé tocar las llamas para sentir el poder del Vudú, pero no tenía ninguna conciencia de mis movimientos, no sabía que avanzaba, pensaba simplemente que iba a mancharme la camisa y que debía llegar hasta el fin...

Es probable que se sea más o menos apto para "posesionarse". Sentí una descarga muy intensa al tocar al houngan. Por otra parte, me hallaba en un estado de curiosidad y de espera, y por último la música y el humo iban a desempeñar un papel evidente. Estoy muy satisfecho pues toda experiencia en este aspecto me parece importante y digna de ser profundizada. El trance Vudú es sin duda un medio de indagación extremadamente interesante en la medida en que no deforma nada, no aniquila ninguna facultad, o, en otras palabras, porque no presenta ninguno de los peligros de una droga.
 
La explicación Vudú

Posesión por Damballah, el Dios-Serpiente, que hace que J. C. Deloet sea apto para presentar todas sus características, silbidos, ondulaciones del cuerpo, elasticidad e insensibilidad al fuego.

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Marcelle DUPORT - Dactilógrafa
 
El Trance

Trance de un cuarto de hora en la sala, en los comienzos de la ceremonia, con convulsiones y movimientos desordenados.

Sus declaraciones

--Una joven hounsi bailaba, yo estaba de pie; de pronto se detuvo y yo me puse a temblar sin razón. Cambié de lugar, pero sentí temblores cada vez más intensos; traté de dominarme, de hacer lo imposible para mantener el control de mi cuerpo, pero de pronto sentí una distensión... y me encontré en los brazos de la mambó sin saber lo que había sucedido momentos antes. Me han dicho que el Loa de esa joven habría llegado hasta mí en el preciso momento en que ella se detuvo... Sea como fuere, creo que debe aceptarse la noción de "Espíritu", de "Loas Vudú", como la manifestación particular de una fuerza superior en la cual creo pese a ser católica no militante. Sentir esa fuerza una vez en la vida constituye una experiencia inolvidable y apasionante que no podría explicar: no soy nerviosa, no me desvanecí e ignoraba totalmente estos fenómenos. En realidad, no puede tratarse de un "fenómeno", pues cuando se cree resultan posibles cosas asombrosas. Soy muy sensible a la música, tal vez el mismo ambiente es lo que condiciona, o también el "fluido de la mambó", o más simplemente el hecho de concurrir a una velada Vudú sin prejuicios ni reticencias.

La explicación Vudú

El espíritu Papapié que poseía a la joven hounsi saltó a la sala para cabalgar inmediatamente a la señorita Duport.
 
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Régis BERKELAERS - Agrimensor
 
El Trance

Vimos entre la concurrencia a una joven pálida que caía hacía atrás, extendía los brazos como alas y agitaba el aire durante algunos segundos mientras su esposo, R. Berkelaers, trataba de calmarla. invitado este último por Mathilde Beauvoir a participar en el Boule-Zin, se posesionó casi inmediatamente, pegándose al suelo, estremeciéndose con violentas convulsiones o lanzándose con fuerza sobre los espectadores. La crisis se repitió media hora después con mayor intensidad cuando parecía haber desaparecido completamente. 
Sus declaraciones

--Traté de tranquilizar a mi mujer y algo pasó por mí que creí dominar; no obstante, cuando un cuarto de hora después me dirigí hacia los tambores para ser iniciado, ya no me hallaba en mi estado normal. Me impulsaba una fuerza y no podía rebelarme contra ella. Tenía la impresión de haberme desdoblado, de moverme en un estado fuera de la fuerza de gravedad. Me veía actuar y pensaba: "No cederé a ningún precio"... Por orgullo, para ser más fuerte que la mambó y el houngan... De hecho, toda resistencia terminó a partir del momento en que me puse de rodillas. Luego, después de la procesión y las ofrendas a los dioses, perdí nuevamente la cordura y recuerdo haber sentido una necesidad desesperada de resistir, de escaparme. Me sentaron en una silla, quise aprovechar ese momento en que la música era menos intensa, lloré...

-¿Es usted nervioso ?

--No; soy agrimensor y por consiguiente estoy cerca de la naturaleza. No se trata de un simple extravío como podría creerse, sino de algo más que ello. Tengo la impresión de haber estado cerca de un estado maravilloso que no supe o no pude alcanzar. Tal vez no debí resistirme a él, pues después de esa velada experimento un sentimiento de insatisfacción muy evidente.

No profeso ninguna religión y nunca me preocupé por estos problemas; ignoro en que medida este hecho puede transformar mi vida. Sea como fuere, ha sido una experiencia extraordinaria que considero muy seriamente, y que quisiera profundizar si tuviera posibilidades de mantenerme en contacto con los practicantes del Vudú y conocer su religión.
 
La explicación Vudú

El Loa que ha poseído a R. Berkelaers es Gian Baptisto; las hounsi lo reconocieron de inmediato y durante una media hora cantaron en su honor el canto consagrado a ese espíritu superior.

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Jean-Bernard RIGNAULT  Psicólogo, maestro de Yoga en las “Maisons de jeunes et de la culture”

El trance

En el momento de la iniciación por el fuego, vimos a este joven aparentemente tranquilo soltarse de las manos del houngan y abalanzarse sobre los espectadores y, tirado en el suelo, en posición de decúbito ventral, ondular con gran intensidad, levantando una nube de polvo y reproduciendo en todos los puntos durante más de un cuarto de hora la posesión por el dios-serpiente tal como la observamos durante estas veladas. 
Sus declaraciones
 
--Estaba agotado después de dos noches de trabajo y una importante falta de sueño, y a medianoche salí del espectáculo con una asombrosa sensación de vitalidad, sin sentir la menor fatiga. Recuerdo haber sido atraído por una fuerza increíble, de una intensidad inaudita. Se sucedieron dos períodos: durante el primero, luego de sentirme crispado interiormente, me sentí súbitamente liberado en un estado de felicidad que no conocía. En el segundo período, estuve inconsciente con algunas imágenes conscientes sobreimpresas, pero muy tenues e intermitentes. No recuerdo mis actos, pero me sentía en movimiento, animado por una fuerza fantástica. La música tiene indudablemente extrema importancia. En mi caso, el hecho de tocar madera fue lo que desencadenó todo, e ignoro la razón de ello. En realidad, intervienen varios factores: el poder del houngan, la confianza que se le concede, y cierta disponibilidad: he deseado esta experiencia, estaba dispuesto interiormente a vivirla y nada podría expresar la emoción que sentí al participar en la iniciación por el fuego. En la actualidad, soy incapaz de sugerir la dimensión del acontecimiento en mi vida espiritual, pero es una confirmación, un poste indicador en el camino que he elegido, un signo que me obliga a continuar. Siento un intenso reconocimiento, una profunda adhesión al grupo Vudú al cual considero tanto como a mi familia.

La explicación Vudú

Damballah, la culebra, se apoderó del señor Rignault comunicándole su fuerza sagrada.

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Thérése DUPORT - Contable

El trance

Este trance se manifestó en dos momentos:

Durante el Boulé-Zin, en forma de una rotación muy libre, una flexión completa del cuerpo, y al final de la ceremonia durante la procesión de los nuevos iniciados alrededor del tambor sagrado, en que los espectadores pudieron ver a la señora Duport caer bruscamente de espaldas y moverse de un lado a otro con las piernas extendidas, mientras sus brazos efectuaban muy rápidamente movimientos similares a los del "crawl" clásico.
 
Sus declaraciones

--Es incomprensible. No conservo ningún recuerdo, fuera de una sensación de nada total. Ya no oía ni veía nada y tenía la impresión de no poder volver en mí sin la ayuda de Mathilda, de no poder hacer ningún esfuerzo. Hay un detalle que me parece extraordinario: me han contado que yo tenía la camisa levantada; habitualmente soy muy púdica y sin embargo puedo afirmar que en aquel momento me era totalmente indiferente mostrarme así ante más de quinientas personas. Cuando la crisis terminó, me enteré que yo había sido poseída por el genio del agua. ¿Sería porque el agua me gusta mucho y porque he sido una gran nadadora? No lo sé; pero en cambio no me gusta bailar y esa música me deja indiferente. 
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Soy católica militante y me resulta difícil admitir la existencia de los Loas... pero ha sido una gran alegría para mí participar realmente en la ceremonia, en algo que seguramente ya no volverá a producirse en mi vida.

Además de una impresión extraordinaria, guardo un reconocimiento admirativo por el grupo Vudú, pues por primera vez en tres años me siento tranquila y equilibrada. Después de una depresión nerviosa, fui sometida a dos curas de reposo y a numerosos electroshocks sin resultado. Mis movimientos eran exagerados y mi nerviosidad extrema. Desde ese acontecimiento Vudú de hace tres semanas, todos mis trastornos han desaparecido y he abandonado mi tratamiento neurológico.
 
La explicación Vudú

Agwe, el genio del agua, ha poseído a la señora Duport que se hubiera desnudado completamente para ir hacia el más próximo caudal de agua, si la mambó no la hubiera dominado.
 
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Michéle ALBERNY  Gerente de una empresa de alimentos dietéticos

El trance

Trance impresionante e interminable para nosotros, durante el cual la señora Alberny transformose en "serpiente", moviendo la lengua y tratando de silbar en varias ocasiones.

Sus declaraciones

--Perdí la conciencia inmediatamente después de recibir la bolita de maíz en la palma de la mano (recordemos que es un Boulé-Zin). Luego todo se desarrolló en una semiconciencia durante la cual yo estaba despersonalizada, desdoblada al punto de no sentir ningún asombro al ver que me arrastraba por el suelo, de aceptar vivir lo que tenía oportunidad de vivir, de sentirme unida al grupo Vudú sin advertir no obstante que estaba poseída por la serpiente Damballah, que deglutía un huevo y que me retorcía en el suelo como luego he sabido. Entré en el circulo de iniciación sin otro deseo que el de participar en el espectáculo, ignorando totalmente que se hubieran producido episodios similares durante las veladas precedentes, episodios que habría calificado de histéricos si no hubiese vivido personalmente la experiencia, Creo haber sido poseída realmente por lo que los practicantes de Vudú llaman un “Espíritu", pero en mi caso esta posesión excede el mero extravío, pues se inscribe dentro de la elevación espiritual en mi vida, durante la cual me ha tocado ir de descubrimiento en descubrimiento en el camino del conocimiento, de modo que no se trata de una revelación sino de una experiencia que me ha permitido revivir a un mismo tiempo con un máximo de intensidad las diferentes etapas físicas que he debido atravesar para poder superarlas. Además de su valor simbólico, este bautismo de fuego tiene para mí gran importancia.

La explicación Vudú

Damballah, la serpiente, se ha manifestado con tanto vigor que fue preciso ofrecerle un huevo crudo en harina a fin de conformarla.
 
 

miércoles, 3 de febrero de 2016

El Voudou Haitiano - III

EL VOUDOU HAITIANO - III

Por Claude Planson y Camille Delio



CUANDO EL PRACTICANTE VOUDOU MUERE, VUELVE A SER UNA PARTÍCULA DE DIOS.


Pero no debemos equivocarnos: si bien el Voudou permite en el plano individual defenderse de los malos espíritus, tener buena salud, suerte y "nanm", es decir una fuerza sobrenatural, su razón de ser es esencialmente colectiva y sus efectos se dirigen principalmente al grupo cuya cohesión mantiene. Otrora religión de la esclavitud, hoy es para el campesino haitiano el único medio de que dispone para vencer su opresiva pobreza, para lograr una vida social posible, para resolver todos los problemas de la vida y para poder inclinar el universo en su favor. No se trata de "ganar el cielo" o de "salvar su alma", sino de obtener de inmediato los beneficios necesarios. La base de su moral es "Amaos los unos a los otros" y la idea del pecado original es totalmente desconocida para ellos, lo mismo que la idea de una supervivencia individual después de la muerte.

Cuando el practicante Voudou muere se convierte en una partícula de Dios, se confunde con la gran Totalidad es decir el mar, las estrellas o el viento, y mientras está vivo utiliza su religión para vivir mejor, orienta su contacto permanente con lo sobrenatural con una finalidad práctica y terrestre.

Por lo demás, los dioses lo saben muy bien y aceptan participar en la vida colectiva. Aquí es donde se confunden drama y religión y donde el Voudou adquiere todo el valor de una tragedia antigua. Si el sentido del teatro realmente se ha perdido, basta asistir a un servicio Voudou para imaginar lo que fueron las panateneas griegas, con la 'inica diferencia de que en este caso el actor no se límita a encarnar a las divinidades sino que él mismo se convierte en divinidad. A semejanza de los tres golpes tradicionales, suena el caracol marino o lambi, y aparece Agoué, el rey del mar, el ritmo de los tambores se acelera y las hounsi visten de rojo, saltan y se convierten en llamas, pues allí están los dioses del fuego y de la guerra. La tensión aumenta. Ogou-Ferraille aúlla y se exalta y llegará al paroxismo cuando el houngan sacuda un brasero sobre sus hombros, baile bajo una lluvia de brasas o muerda fuertemente un leño encendido, escupiendo chispas. En este caso preciso, el houngan sirve a un dios que se alimenta de fuego y debe bailar entre las llamas para ser fuerte y poderoso. La explicación es simple, el fenómeno resulta anodino como fenómeno y nadie le da importancia. ¿Se sabe acaso cómo puede subir al cocotero Pié Cheche (5) el espíritu sin piernas? No obstante, es recibido con estas palabras.

"No tienes piernas
pero subes al cielo
al igual que todos los espíritus
bajas a la tierra
Cuán hermoso y cuán grandes eres...”


¿Se sabe por qué prodigio los animales se sienten felices de ser degollados, por qué un cordero no teme al cuchillo mientras come la hierba que se le tiende? Por inverosímil que parezca, los animales sacrificados no muestran ningún signo de temor, al parecer comen y danzan con los hombres, poseídos en su momento.

¿Se sabe acaso por qué una bolita de guiso hirviente puesta en la mano, durante el boulé-zin, no produce ningún dolor a los futuros iniciados como pudimos comprobar últimamente? Para los adeptos al Voudou, lo esencial no reside en el hecho de sufrir quemaduras sino en la fuerza del houngan y de la mambó que tiene al novicio de la mano. Por consiguiente, reside en la fuerza de sus dioses y de ella surge a su vez la alegría de vivir. En efecto, el milagro, el primer milagro del Voudou no es otro que la extraordinaria alegría de vivir del pueblo haitiano; estamos lejos de los fenómenos patológicos descritos con referencia a las crisis de posesión.

¿ES LA CEREMONIA VOUDOU UN SUPREMO PSICOANÁLISIS?

Para no pecar de crédulos e incompletos, debemos formular una pregunta: ¿Hay alguna explicación científica del Voudou? Si existe alguna, debe situarse en un  plano psicoanalítico, en el nivel de una integración total del super yo con el individuo; en otras palabras la crisis bosal señalaría el pasaje definitivo al estado adulto y las crisis posteriores la liberación del "yo" que, al no ser desvalorizado, puede actuar. con el máximo de sus posibilidades. "Resulta notable que una agrupación momentánea reunida para cumplir una tarea (las danzas de posesión) produzca inevitablemente, por así decirlo, la individualidad" (Jean Duvígnaud: El Actor). En otras palabras, la activación de un mito arcaico mediante la danza contribuye a crear una participación que crea individualidad. He ahí toda la finalidad del psicoanálisis colectivo. Y Jean Duvignaud agrega: “Si como piensa Roger Bastide, ciertas manifestaciones míticas constituyen una realización sociológica auténtica, ello significaría que la sociedad o el grupo social produce el ser mediante las danzas de posesión y el ser colectivo al individualizarlo. Tal vez tenemos aquí el eslabón intermedio entre la vida social y el individualismo..."

Sea como fuere, una sociedad de conciencia mítica vive en un tiempo circular y por consiguiente no debe extrañar que resulte completa. Por último, podría objetarse que en este caso se confunde magia con religión. Pero para el adepto del Voudou todo se confunde y se imbrica, no lo olvidemos, y la magia desempeña un papel importante.

"La religión se somete a lo invisible, la magia contraría a lo visible", escribe Raymond Abellio.  La sumisión a lo invisible parece total; en cuanto a la magia, dejemos que responda Levi-Strauss: "Si pretendiéramos reducir el pensamiento mágico a un momento o a una etapa de la evolución técnica y científica nos privaríamos de todo medio de comprenderlo... El pensamiento mágico no es un principio, un comienzo, un esbozo, la parte de un todo aún no realizado, constituye un sistema bien articulado, independiente en este sentido de ese otro sistema que constituirá la ciencia, salvo la analogía formal que los asemeja y que hace del primero una especie de expresión metafísica del segundo. Por lo tanto, en vez de oponer la magia a la ciencia, sería mejor situarlas paralelamente como dos formas de conocimientos desiguales en cuanto a los resultados teóricos y prácticos."

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NOTA

5.- Considerada al mismo tiempo como un espíritu andrógino y como un espíritu siamés. Pié Cheche lleva dos nombres: Ti Jean para su parte masculina y Marinette para su parte femenina.

lunes, 1 de febrero de 2016

El Voudou Haitiano - II

EL VOUDOU HAITIANO.
UNA RELIGIÓN CUYA MAGIA CONTRARÍA EL MUNDO VISIBLE - II

Por Claude Planson y Camille Delio.

UNA CEREMONIA QUE IMPLICA UNA
ENORME CONCENTRACIÓN DE ENERGÍA PSÍQUICA

Ese circuito "mágico" es doble: un circuito aparente en forma de un espacio sagrado vinculado de las hounsi (jóvenes iniciadas que forman el coro) y al Poste, situado en el centro, considerado el "camino de los Espíritus" y mantenido en el suelo por el juego complicado de los Vevés. Por último, un circuito inconsciente y colectivo vinculado y revelado indudablemente en cada individuo durante la iniciación (4) y base de mitos y ritos milenarios. El houngan y la mambó cierran el circuito y establecen el contacto. Se suceden saludos, desfiles de banderas, piruetas, "giros", libaciones en los cuatro puntos cardinales, prosternaciones y encantamientos. Entonces todo se torna posible, imprevisible y sometido a innumerables variantes. Entonces los Dioses se muestran, susurran lo que quieren y cabalgan sobre quienes ellos quieren. Entonces los cuerpos vacilan y se desarticulan, se transforman y despersonalizan, lanzados al espacio o proyectados al suelo, dispersos o reconstituidos en una danza fantástica e ilimitada que fascina y llega, porque escapa del tiempo y tiene un aire de eternidad...

El trance bosal es el más impresionante. Llamado así en recuerdo de los negros bosales llegados de Santo Domingo y que tenían un humor salvaje, es violento, tumultuoso e indisciplinado. Generalmente el Loa que se manifiesta en esta primera posesión será el “Maitre-Tête” (Maestro-Cabeza) definitivo del poseído que se comportará como un caballo no domado mientras su cabeza no se "lave", en otras palabras mientras su Loa no sea bautizado y fijado en una ceremonia particular mediante un emplasto de alimento aplicado en la cabeza durante varios días.

Para el practicante Voudou, resistir la voluntad de un Ser sobrenatural es un acto de rebelión, de modo que la iniciación no tiene otro fin que acostumbrar al individuo a soportar el peso de los Loas y a dejarse guiar sin resistirse. Así se llega a trances si no controlados, por lo menos sometidos, sin que ello les quite nada de su frenesí, y de los cuales puede salirse sin heridas ni dolores en los miembros.

Los rostros de los dioses son variados y sus actitudes dependen de su personalidad o de su humor. Así, Erzuli, diosa del amor, coqueta, derrochadora, ligera y caprichosa, reclama perfumes y platos dulces, mueve las caderas en forma ondulante, abraza a los hombres y sólo tiende sus pequeños dedos a las mujeres manifestando así su desdén por ellas. La vida de Erzulí es una sucesión de escándalos. amiga de varios dioses es cortejada en vano por Guedé Nibbo a quien ella desprecia por su piel demasiado negra y que la persigue embriagándose con su perfume y lamentándose con voz nasal. Como muchos Loas, Guedé Nibbo, llamado "el bravo", es doble, pues es a la vez dios de la Muerte y de la Vida; confiere el don de la doble vista y simboliza el acto de procreación, se viste de color violeta y profiere las expresiones más procaces, vigila las tumbas y baila las danzas más obscenas. Por último, no vacila en disfrazarse de cadáver o de falo gigantesco, ridículo y aterrador, en comer desmesuradamente o en echarse copas de ron en la oreja.

Así se expresa alternativamente la dualidad del hombre pues en todo momento lo sagrado se confunde con lo profano. Gracias a este carácter humano de los dioses es posible establecer una comunicación eficaz y por esa misma razón los alimentos deben satisfacer los apetitos más voraces. Ya no se trata de quemar las víctimas consagradas en los altares de piedra y de ofrecer su humo a las divinidades o de dispersar sus cenizas al viento. Los Loas Voudou tienen otras exigencias, y las carnes de animales o los alimentos vegetales se cortarán en pequeños trozos para ser arrojados al mar, sumergidos en los ríos, enterrados u ofrecidos durante una ceremonia. Así Damballah Wedo, la culebra macho, acepta un huevo crudo envuelto en harina, que tragará con la cabeza cubierta con un pañuelo, antes de arrastrarse hacia el templo guiada por la campanilla y el Asson del sacerdote y seguida de cerca por su hembra Aída. Aída Wedo simboliza la plegaria que los hombres elevan a Dios representado en esta ocasión por Damballah que se retuerce, se arrastra y ondula en el suelo, trepa a los árboles y se aferra a los postes para dejarse caer cabeza abajo como una boa.

Los individuos poseídos por Damballah no hablan, pero mueven enérgicamente la lengua y emiten un silbido entrecortado que el houngan tratará de interpretar. En realidad, la posesión implica una pérdida total de la conciencia y los Loas hacen profecías, prodigan consejos o amenazan a sus servidores sin que los poseídos conserven ningún recuerdo de las palabras que pronunciaron o de los mensajes que comunicaron personalmente.

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NOTA.

4.- La iniciación Voudou o "Kanzo", como toda iniciación es al mismo tiempo muerte y resurrección. Después de una semana de recogimiento, de abluciones y de un régimen especial, generalmente un domingo por la noche se realiza la ceremonia de acostar a los novicios y su partida a una reclusión secreta. Dicha partida se hace en publico y en mediode la emoción mas general, pues si bien su "muerte" es puramente simbólica los futuros iniciados no dejan de volver profundamente transformados. Sustraídos del mundo exterior durante ocho días, sufrirán un segundo "lavado de cabeza" destinado a establecer un vinculo definitivo con su propio Loa, el Loa "Mait-tête" puede ser el primer Loa aparecido durante el trance bosal o una herencia de familia; tal es el caso de algunos grandes houngans o mambos que adoptan en sueños los Loas de sus antepasados. Acostados sobre el lado izquierdo y cubiertos con una sábana, los adeptos se someten a una severa disciplina y no pueden hablar, reír o moverse sin autorización. En realidad, la base de la iniciación parece residir en una desconexión más o menos profunda del individuo: régimen próximo al ayuno, infusiones sedantes, unción de aceites dos veces por día, sumisión total al houngan, que tiene plenos poderes sobre su alma, hallándose representada esta ultima por diferentes partículas del cuerpo (uñas, cabellos, etc.) colocadas en un recipiente que tiene el sacerdote. La ceremonia del boulé-zin cierra este periodo de reclusión: los iniciados, lavados con agua tibia y semejantes a grandes capullos, salen cubiertos con una sábana blanca; asistidos por la mambó y sus ayudantes, la palma de la mano izquierda de cada uno de ellos se unta con aceite y se cierra luego de colocarse en ella un puñado de guiso de maiz hirviendo: las bolitas, acarameladas, se distribuirán luego entre los fieles. Fortalecidos por una prueba, los iniciados pueden salir entonces con gran solemnidad, vestidos de blanco y con el rostro cubierto de hojas de palmera. Pero no por ello dejan de ser vulnerables durante cuarenta y un días, expuestos a todos los peligros de carácter sobrenatural de los cuales se defenderán sometiéndose a una disciplina de vida muy estricta y absteniéndose de trabajar.

domingo, 31 de enero de 2016

El Voudou Haitiano - I


EL VOUDOU HAITIANO - I 

UNA RELIGIÓN CUYA MAGIA CONTRARÍA EL MUNDO VISIBLE


Por Claude Planson y Camille Delio

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"Sólo podría creer en un dios que supiera bailar, decía Zaratustra. En Haití, los dioses bailan en los corazones y los tambores suenan día y noche. En Haití, los tambores simbolizan el Voudou y el Voudou es sinónimo de vida. "Tocar el tambor" no sólo significa cantar y bailar sino también celebrar un culto. Ser Voudou no sólo implica una creencia en los espíritus, sino también una profunda impregnación por lo sagrado del menor detalle de la existencia."

 

Los Espíritus o "Vaduns", arrancados del suelo africano en el siglo XVII con los primeros contingentes de esclavos negros y transportados de un extremo al otro del océano durante más de dos siglos, constituyen la trama secreta de un país que ha sufrido continuamente sangrientas guerras, las líneas de fuerza Invisibles que rigen el comportamiento del 98 % de la población. El voudou no es más que una partícula de Africa trasplantada, integrada, transformada y recreada en el transcurso de la Historia. En otras palabras, el voudou presenta un doble aspecto: el aspecto no modificado de sus orígenes y el aspecto dinámico de su evolución. Entre ambos se ha producido la influencia de un catolicismo intolerante (1) que ha producido una aparente mestización de dos religiones tan cercanas como alejadas una de otra.

LOS ESPÍRITUS O LOAS INTERCEDEN ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

El Voudou, originario de Dahomey, es el culto de los espíritus o loas, seres sobrenaturales y omnipotentes, intermediarios indispensables entre Dios y los hombres, entre el cielo y la tierra. En efecto, Dios que hace que los astros permanezcan juntos y que se halla en toda la creación, se confunde en el Universo con una entidad impersonal demasiado vaga para poder invocarse y demasiado lejana para ser temida. El Voudou es pues una religión de dios único y de fuerte panteísmo (2). Sólo los Loas pueden decidir la suerte de los hombres, pasar de lo invisible a lo visible y manifestar su cólera o su alegría en forma tangible. Sólo de los Loas dependen el Bien y el Mal, las enfermedades y la muerte, la lluvia o el buen tiempo, y las peores calamidades no son más que las consecuencias lógicas de una mala conducta para con ellos. Conviene pues honrarlos suficientemente y servirlos con respeto y sumisión. Por consiguiente se suceden los ritos y servicios durante los cuales los dioses invocados "cabalgarán" a los oficiantes o a cualquier otra persona que elijan, se expresarán por sus bocas y reclamarán las ofrendas que deseen. En toda ceremonia voudou, sea cual fuera su importancia, se superponen tres planos: invocación a los dioses, llegada de los dioses, sacrificios y ofrendas a los dioses.

“Tu cabeza arderá y tu pie se quebrará bajo tu cuerpo. Espera que descienda el Espíritu.” Las cabezas cantan, los pies están desnudos y los cuerpos vestidos de blanco apenas se mueven. Los "Vevés" esperan en el suelo. El origen dahomeyano del Voudou explica la ausencia de estatuas en Haití (3); los dioses se captan allí gracias a ritmos e invocaciones imperiosas y también mediante diagramas simbólicos que representan sus emblemas, sus señales distintivas, que los obligan en cierto modo a aparecer. Los Vevés, trazados con harina de maíz, polvo de ladrillo o de corteza, ceniza o borra de café, tienen la significación de un montaje radiofónico y poseen un verdadero poder mágico.

En realidad, la voluntad de invocación de los oficiantes, la absoluta necesidad de la venida de los dioses, el impulso y la fuerza que presiden un servicio Voudou constituyen una concentración psíquica de tanta intensidad que bien puede calificarse de mágica, y reforzada y canalizada en un circuito preestablecido puede traducirse en fenómenos que desafían toda lógica.

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NOTAS

1.-  Un catolicismo intolerante. Es difícil imaginar la existencia de una mestización entre el Catolicismo y el Voudou. En realidad, es más bien un problema de "camouflage". "Somos católicos cuando están presentes nuestros amos, y Voudous cuando se van:.." han declarado durante siglos los esclavos negros. El Voudou representaba para ellos al mismo tiempo un refugio y una forma de resistencia. y el catolicismo impuesto la unica manera de eludir el látigo. Paradójicamente, la actitud de la Iglesia es responsable en amplia medida de la supervivencia de los cultos africanos en Haití: por una parte. una evangelización torpe y, por la otra, acusaciones erróneas que transforman a los houngans en esclavos de Satanás y a los Loas en el diablo mismo...

El primer intento oficial de combatir el Voudou se remonta a 1896 con la creación de una "liga antivoudou", pero la verdadera lucha data de 1939 en que se desencadenó una verdadera campaña antisupersticiosa después de descubrirse la existencia de la "mezcla monstruosa", o sea la interpenetración de los cultos africano y católico. El clero clausuró santuarios y lugares de reunión, y destruyó tambores y objetos sagrados en autos de fe.

En 1950 el Voudou salió de la semiclandestinidad, pero sólo en estos últimos años se ha producido un cambio completo en la actitud de parte del clero.

La "mezcla monstruosa" no ha dejado de persistir. Se advierte en un estrecho paralelismo entre los calendarios litúrgicos -así, las fiestas de los Loas coinciden a menudo con las de los santos que los representan- y también en ciertos elementos de la liturgia católica. Los santos adoptados representan generalmente una divinidad Voudou.


2.- Fuerte panteísmo. Resulta imposible evaluar el numero de Espíritus o Dioses que gravitan en torno al Voudou haitiano, pues, aparte de los grandes Loas de Africa-Guinea, existen innumerables genios locales. No obstante, pueden distinguirse dos grandes grupos de Loas en función de su origen étnico: los Rada y los Petro.

La palabra Rada proviene del reino de Arada en Dahomey. Este primer grupo comprende pues las divinidades más importantes y respetables: los Loas-guinin-Dahomey,  a diferencia del grupo Petro que reúne los Espíritus provenientes de otras regiones de Africa y la mayoría de los Espíritus autóctonos. En realidad, el contraste entre esos dos grupos se define sobre todo por los temperamentos fundamentalmente distintos de sus Loas respectivos. Los Petro son más violentos y feroces y es fácil  prever su llegada durante la ceremonia por el simple cambio de ritmo de los tambores que se hace más vigoroso y marcado. Se lo recibe con chasquidos de látigos en el aire,  tienen fama de gustar de la pólvora, razón por la cual se hacen estallar pequellas cargas en su honor. Para celebrarlos, las hounsi se visten de rojo y la aclamación "abobo" que subraya el final de un canto en los rada se reemplaza por "bilolo". Por último, los Loas Petro se especializan en la magia y pueden curar y hechizar.

Dentro de estas dos grandes clases, hay varios suberupos que llevan el nombre de regiones africanas como el Congo o de tribus particulares como los Ibo. A su vez, se subdividen en familias complejas.

3.- En efecto, a diferencia de Nigeria, la representación de las divinidades en forma de imágenes o de fetiches cualesquiera, es muy rara en Dahomey.

martes, 10 de marzo de 2015

Para Comprender la Psicología del Amor Romántico - IV - FINAL.

Robert A. Johnson.

Podemos aprender mucho sobre el amor humano si aprendemos a observar con mente desprejuiciada las culturas orientales y sus actitudes.

Durante el tiempo que pasé en India y Japón, vi matrimonios y relaciones amorosas que no se basan para nada en el romance sino en un cálido, devoto, y perdurable amor. Los hindúes son maestros instintivos en el arte del amor humano. Pienso que esto se debe a que nunca tomaron el amor romántico como una manera de tratar de relacionarse entre sí.

Automáticamente, los hindúes hacen la diferenciación que nosotros confundimos completamente en Occidente: ellos saben cómo venerar al ánima, los arquetipos, los dioses, las realidades internas; ellos saben cómo mantener su experiencia del lado divino de la vida diferenciada de sus vínculos personales y sus matrimonios.

Los hindúes asumen el mundo interior a nivel simbólico; convierten los arquetipos internos en imágenes y símbolos externos a través del arte del templo y del ritual alegórico. Pero no proyectan sus dioses interiores en sus esposos y esposas. Toman a los arquetipos personificados como símbolos de otro mundo y toman al otro como a un ser humano. Como resultado, no se sobrecargan mutuamente con exigencias imposibles, y no se desilusionan entre sí.

El hombre hindú no le pide a su esposa que sea ánima, que ella lo trasporte a otro mundo, o que corporice toda la intensidad y perfección de su vida interior. Dado que la experiencia lírica religiosa es todavía parte de su cultura, los hindúes no tratan de convertir sus matrimonios y sus relaciones humanas en un sustituto de la comunión con el alma.

Encuentran a sus dioses en el templo, en la meditación, o a veces en el gurú; no procuran hacer que la relación externa cumpla el papel de la interna.

Al comienzo, el occidental es confundido por la manera hindú de ser; su amor no parece burbujear con suficiente ardor e intensidad como para ajustarse al gusto romántico occidental. Pero si se observa con paciencia, uno se despoja de los prejuicios accidentales y comienza a cuestionar la presunción de que el romance es el único "amor verdadero". En los matrimonios hindúes existe una serena pero persistente dedicación, un profundo afecto. Hay estabilidad: no son atrapados por dramáticas oscilaciones entre "enamorado" y "desamorado, adoración y desilusión, tan usuales en las parejas occidentales.

En el matrimonio hindú tradicional, el compromiso del hombre hacia su esposa no depende del permanecer "enamorado" de ella. Dado que en primer lugar él nunca se "enamoró" de ella, no hay manera de que él se "desenamore". La relación con su esposa se basa en el amarla, no en el estar "enamorado" de un ideal que proyecta en ella. Su vínculo no se va a desarmar porque un día él se "desenamore" o porque conozca a otra mujer que asuma su proyección. El está comprometido con una mujer y una familia, no con una proyección.

Pensamos que somos más sofisticados que los "simples" hindúes. Pero, en comparación con un hindú, el hombre promedio occidental es como un buey con un aro en la nariz, que persigue a su proyección por ahí de una mujer a otra, sin establecer relaciones o compromisos verdaderos con ninguna. En el área del sentimiento humano, el amor y el vínculo, los hindúes desarrollaron una Conciencia altamente diferenciada, sutil y refinada. En estos asuntos, actúan mucho mejor que nosotros.

Una de las cosas más impactantes y sorprendentes que observé entre los hindúes tradicionales, fue lo brillantes, felices y psicológicamente sanos que son sus hijos. Los niños de las familias hindúes no son neuróticos; no están íntimamente atormentados como muchos niños occidentales. Están constantemente envueltos en el afecto humano, y sienten un fluir pacífico de afecto entre su madre y su padre. Perciben la estabilidad, la persistente calidad de su vida familiar. Sus padres están permanentemente comprometidos; ellos no los escuchan cavilar sobre si su matrimonio "está funcionando"; la separación y el divorcio no flotan en el aire como espectros.

Para nosotros, los occidentales, no hay modo de hacer retroceder el reloj. No podemos emprender el rumbo de los hindúes; no podemos resolver nuestro dilema occidental por medio de una imitación de las costumbres o las actitudes de otra gente. No podemos simular que tenemos una psique oriental en vez de una psique occidental. Tenemos que ocuparnos de nuestro inconsciente occidental y de nuestras heridas accidentales; debemos hallar el bálsamo sana- dar en nuestra alma occidental.

Bebimos la poción amorosa y nos sumergimos en la era romántica de nuestra evolución. La única ruta de salida es la que lleva hacia adelante. No podemos retroceder, y no debemos perder el tiempo. Pero de las culturas orientales podemos aprender a erguirnos fuera de nosotros mismos, fuera de nuestras presunciones y nuestras creencias, lo suficiente como para podernos ver en una nueva perspectiva. Podemos aprender qué es aproximarnos al amor con una serie distinta de actitudes, desprovistos de los dogmas de nuestra cultura. Podemos aprender que el vínculo humano es inseparable de la amistad y del compromiso. Podemos aprender que la esencia del amor no consiste en utilizar al otro para ser felices, sino en atender y afirmar a quien amamos. Y para nuestra sorpresa, podemos descubrir que mucho más que otra cosa, lo que nos
hace falta no es ser más amados, sino amar.

FIN

domingo, 8 de marzo de 2015

Para Comprender la Psicología del Amor Romántico - III


Robert A. Johnson

La falla de amor romántico no es que nos amemos a nosotros mismos, sino que lo hagamos erróneamente. Al tratar de reverenciar al inconsciente mediante nuestras proyecciones románticas hacia otra gente, pasamos por alto la realidad oculta en tales proyecciones: no advertimos que estamos buscando nuestro propio Self.

La tarea de salvar al amor de las ciénagas del amor romántico comienza con un giro de la visión, hacia adentro. Tenemos que despertar para el mundo interior, tenemos que aprender cómo vivir el "amor del Self" como experiencia interna. Entonces llega el momento dirigir otra vez nuestra mirada hacia afuera, hacia la gente concreta y las relaciones que establecemos con ellas - debemos aprender los principios del amor "humano".

Hace muchos años, una sabia amiga me dio un nombre para el amor humano. Ella lo llamaba amor "que revuelve la sopa de avena". Tenía razón. Dentro de esta frase, si asumimos la humildad necesaria para apreciarla, se encuentra la genuina esencia de lo que es el amor humano, y nos expone las diferencias principales entre amor humano y romance.

Revolver la avena es un acto humilde; ni excitante, ni estremecedor. Pero simboliza un relacionamiento que baja el amor a la tierra. Representa la disposición a compartir la vida humana corriente, a encontrar significado en tareas simples y nada románticas: ganarse la vida, vivir de acuerdo a un presupuesto, sacar la basura, alimentar al bebé en medio de la noche. "Revolver la avena" significa encontrar el vínculo, el valor y hasta la belleza, en cosas sencillas y ordinarias, en vez de exigirle eternamente a todas las cosas un drama cósmico, un entretenimiento o una intensidad extraordinaria. Como el arroz que descascaran los monjes Zen, como la rueca de Gandhi, las tiendas alzadas por San Pablo: ello representa el descubrimiento de lo sagrado en medio de lo modesto y lo corriente.

Una vez, Jung dijo que el sentir corresponde a lo pequeño. Y en el amor humano, vemos que es cierto. El vínculo real entre dos personas se experimenta en las pequeñas tareas que realizan juntas: la conversación tranquila cuando se aplacan las faenas del día, la suave palabra comprensiva, la camaradería cotidiana, el estímulo en los momentos difíciles, el pequeño obsequio cuando menos se lo espera, el gesto espontáneo de amor.

Cuando una pareja está genuinamente vinculada entre sí, ambos están dispuestos a ingresar al espectro íntegro de la vida humana en común. Trasforman hasta las cosas más rutinarias, difíciles y mundanas en un componente festivo y gratificante de la vida. En contraste, el amor romántico sólo puede durar mientras la pareja está "entonada" entre sí, mientras el dinero alcanza y las diversiones son excitantes. "Revolver la avena" significa que dos personas sacan su amor del plano etéreo de la fantasía excitante y lo convierten en una inmediatez terrena y práctica.

El amor se complace en hacer muchas cosas con las que el ego se aburre. El amor está propenso a trabajar con los estados de ánimo y las irracionalidades del otro. El amor está listo para preparar el desayuno y hacer el balance de la cuenta bancaria. El amor se predispone a hacer estas "sopas de avena" porque está vinculado con una persona, no con una proyección.

El amor humano ve a la otra persona como individuo y establece con ella un vínculo individualizado. El amor romántico ve al otro como coprotagonista de un drama. El amor humano de un hombre desea que la mujer sea una persona completa e independiente, y la estimula para que sea ella misma. El amor romántico sólo afirma lo que él pretende de ella, para que se vuelva idéntica al ánima. Mientras el romance domina al hombre, él ratifica a la mujer sólo mientras ella se disponga a cambiar, a fin de reflejar el ideal proyectado. El romance nunca está feliz con la otra persona por lo que ella es.

Necesariamente, el amor humano incluye la amistad: la amistad dentro de la pareja, dentro del matrimonio, entre esposo y esposa. Cuando un hombre y una mujer son verdaderamente amigos, conocen los puntos difíciles y las debilidades del otro, pero no se predisponen a abrir juicio sobre ellos. Les preocupa más ayudarse entre sí y gustarse mutuamente, que resaltar los defectos.

Los amigos, los auténticos amigos, son como Kahedrin: quieren consolidar en vez de juzgar; no hacen mimos, y tampoco se instalan en las insuficiencias del otro. Los amigos se respaldan en las épocas difíciles, ayudan con las sórdidas y ordinarias tareas de la vida. No se imponen entre sí parámetros imposibles, no reclaman la perfección, se ayudan mutuamente en vez de socavarse con reclamos.

En el amor romántico no hay amistad. El romance y la amistad son energías francamente opuestas, enemigos naturales con motivos completamente antagónicos. A veces, la gente dice: "No quiero establecer una amistad con mi esposo (o esposa), eso extirparía el romance de nuestro matrimonio." Es cierto: la amistad elimina de la relación el drama artificial y la intensidad, pero también expulsa el egocentrismo y la imposibilidad, reemplazando al drama con algo humano y real.

Si un hombre y una mujer son amigos entre sí, entonces son tanto "prójimos" como amantes; súbitamente su vínculo se sujeta a un dictado de Cristo: "Ama a tu prójimo como a ti mismo." Una de las contradicciones más evidentes del amor romántico es que muchas parejas tratan a sus amistades con mucha más bondad, consideración, generosidad y capacidad de perdonar, que las que practican entre sí. Cuando se reúnen con sus amigos, son encantadores, cooperativos y corteses. Pero cuando regresan a casa, a menudo ventilan mutuamente toda su ira, resentimientos, mal humor y frustraciones. Extrañamente, tratan mejor a sus amigos que a sus parejas.

Cuando dos personas están "enamoradas", corrientemente la gente dice que "son algo más que amigos". Pero en el largo plazo, parecen tratarse entre sí como menos que amigos. Mucha gente piensa que "estar enamorados" es una relación mucho más íntima, mucho más "significativa" que la "simple" amistad. ¿Por qué, entonces, las parejas se niegan entre sí el amor desinteresado, la bondad y la buena voluntad que brindan prontamente sus amigos? La gente no puede pedirle a sus amistades que acarreen todas sus proyecciones, que sean chivos expiatorios de sus malos humores, que los mantengan en estado de felicidad, y que completen sus vidas. ¿Por qué las parejas se imponen mutuamente tales exigencias? Porque el culto del romance les enseña que tienen derecho a esperar que la persona de la cual se está "enamorado" tolere todas sus proyecciones, satisfaga todos sus deseos y haga realidad todas sus fantasías. En uno de los ritos hindúes de matrimonio, el novio y la novia se hacen uno al otro esta solemne promesa: "Serás mi mejor amigo". Las parejas occidentales deben aprender la amistad, tomar la cualidad de amistoso como una guía para atravesar el enredo en que convirtieron al amor.

jueves, 5 de marzo de 2015

Para Comprender la Psicología del Amor Romántico - II

Robert A. Johnson

En el mundo del inconsciente, el amor es una de esas grandes fuerzas psicológicas que tienen poder para trasformar el ego. El amor es un poder que despierta el ego a la existencia de algo exterior a él, que está fuera de sus planes, fuera de su imperio, fuera de su seguridad. El amor vincula al ego no sólo con el resto de la especie humana, sino con el alma y con todos los dioses del mundo interior.

Así, por su propia naturaleza, el amor es el opuesto exacto del egocentrismo.  Utilizamos la palabra amor vagamente. La usamos para dignificar cualquier número de exigencias a otra gente de atención, poder, seguridad o entretenimiento. Pero cuando lo ponemos al servicio de nuestras "necesidades" prefabricadas, de nuestros deseos, sueños y nuestra manipulación de los demás, eso no es amor. El amor es algo absolutamente distinto de los deseos y los juegos de poder de nuestro ego. Nos lleva en una dirección diferente: hacia la bondad, el valor y las necesidades de los seres que nos rodean.

En su propia esencia, el amor es una apreciación, un reconocimiento del valor del otro: impulsa al hombre para que honre a la mujer en vez de utilizarla, a que se pregunte cómo puede atenderla. Y si esta mujer se relaciona con él por medio del amor, ella asumirá hacia él la misma actitud.

La naturaleza arquetípica del amor fue tal vez expresada mejor que nadie por el sencillo lenguaje de San Pablo: "El amor tolera mucho y es bondadoso: el amor no envidia; el amor no se vanagloria, ni se envanece... El amor no tiene intereses propios, no es exasperado fácilmente, no se apresura a sospechar la maldad... tolera todas las cosas, cree todas las cosas, tiene esperanza en todo, lo resiste todo."

El amor nunca fracasa: pero donde haya profecías, fallarán; donde haya chismes, callarán; donde haya conocimientos, se disiparán.

He aquí un breve y elocuente testimonio sobre la diferencia entre el ego abandonado a sus propios trucos y una ego bajo la influencia del amor. Mi ego se preocupa consigo mismo; pero "el amor tolera mucho y es bondadoso." El ego es envidioso, siempre procura jactarse con ilusiones de poder y control absoluto, pero "el amor no se vanagloria, ni se envanece." El ego, abandonado a su egocentrismo, siempre traicionará, pero "el amor nunca fracasa." El ego sólo sabe afirmar su esencia y sus deseos, pero "el amor no tiene intereses propios." El amor afirma toda la vida: "tolera todas las cosas, creen en todas las cosas, tiene esperanza en todo."

Es por eso que nos oponemos al amor romántico, y ésta es la mayor distinción entre el amor humano y el amor romántico: el romance debe, por su propia naturaleza, degenerar en egoísmo. Pues el romance no es un amor dirigido a otro ser humano; la pasión del romance siempre se dirige a las propias proyecciones, a las propias expectativas, a las propias fantasías. En un sentido muy real, no es un amor volcado a otra persona, sino hacia uno mismo.

Ahora debe quedar claro que cuando una relación se basa en proyecciones, está faltando el elemento del amor humano. Enamorarse de alguien a quien no conocemos como persona, pero que nos atrae porque refleja una imagen de dios o diosa en nuestras almas es, en cierto sentido, enamorarse de sí mismos, no de otra persona. Pese a la aparente belleza de las fantasías amorosas que podamos tener en este estado de enamoramiento, podemos, de hecho, encontrarnos en un estado mental extremadamente egoísta.

El amor real comienza sólo cuando una persona conoce a otra por lo que realmente es como ser humano, que comienza a gustarle y a importarle.

...Ser capaz del amor real significa volverse maduros, con expectativas realistas hacia la otra persona. Significar asumir la responsabilidad de nuestra felicidad o infelicidad, y no esperar que la otra persona nos haga felices ni vituperarla por nuestros malos modales y nuestras frustraciones. - (Sanford, Invisible Partners)

Cuando nos enfocamos en nuestras proyecciones, estamos enfocándonos en nosotros mismos. Y la pasión y el amor que sentimos por nuestras proyecciones es un amor reflejado y circular que se dirige inevitablemente hacia nosotros.

Pero aquí, nuevamente, caemos de cabeza en la paradoja del amor romántico. La paradoja es que deberíamos amar nuestras proyecciones, y que también deberíamos amarnos a nosotros mismos. Durante el romance, el amor del Self se distorsiona; se vuelve egocéntrico y se malogra su naturaleza original. Pero si aprendemos a buscarlo en el plano correcto, el amor del Self es un amor verdadero y válido: es la segunda gran corriente de energía que fluye hacia el amor romántico, la pareja arquetípica del amor humano, la otra cara de Eros.

Es preciso que reverenciemos las partes inconscientes de nosotros mismos que proyectamos. Cuando amamos nuestras proyecciones, cuando honramos nuestros ideales y fantasías románticas, afirmamos infinitamente dimensiones preciosas de nuestro Self total. El acertijo reside en como amar al propio Self sin caer en el egoísmo.

Cuando conocemos la geografía de la psique humana, con sus islotes de Conciencia, su estructura polifacética y policéntrica, vemos que el amor del Self total puede no consistir en un centralizarse en el universo de nuestros egos. El amor del Self es el ego en procura de las otras "personas" del mundo interior, que se esconden en nosotros. Es el ego anhelando dimensiones mayores del inconsciente, su disposición a abrirse hacia las otras partes de nuestro ser total, y hacia sus puntos de vista, sus valores y sus necesidades.

Entendido de este modo, nuestro amor del Self es también el amor "divino": nuestra búsqueda del significado definitivo, de nuestras almas, de la revelación de Dios. Esta comprensión nos remite a las palabras de Clemente de Alejandría:

"En consecuencia, parecería que que la mayor de todas las disciplinas es conocerse a sí mismo; pues cuando un hombre se conoce a sí mismo, conoce a Dios."

miércoles, 4 de marzo de 2015

Para Comprender la Psicología del Amor Romántico - I


 Robert A. Johnson

La gente queda tan hastiada de los ciclos y callejones sin salida del romance, que comienza a preguntarse si existe algo que sea "amor".
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Pues sí, existe. Pero a menudo debemos efectuar cambios de actitud muy profundos antes de poder apreciar qué es el amor y hacerle un espacio en nuestras vidas.

El amor entre seres humanos es una de las realidades absolutas de la naturaleza humana. Del mismo modo que el alma - Psique - era una de las deidades del panteón griego, también lo era el amor: se llamaba Eros.

Los griegos entendían que, como un arquetipo del inconsciente colectivo, el amor era a la vez eterno y universal en la humanidad. Para ellos, eso bastaba para considerarlo un dios.

Dado que el amor es un arquetipo, tiene un carácter propio, trazos específicos, su propia "personalidad". Igual que un dios, el amor se comporta en el inconsciente como una "persona", un ser separado de la psique. El amor se diferencia del ego; el amor existía antes de que le ego ingresara al mundo. Cuando mi ego parta, el amor seguirá aquí. No obstante, el amor es algo o "alguien" que vive dentro de cada cual. El amor es una fuerza que actúa desde adentro, permite que el ego mire fuera de sí mismo, para ver a nuestros semejantes como algo a ser valorado y tratado con cariño, no apenas algo para ser usado.

Por lo tanto, cuando digo que "amo", no soy yo quien ama sino, en realidad, es el Amor que actúa a través de mí. El amor no es algo que hago sino algo que soy. El amor no es un quehacer sino un estado del ser: un vínculo, una ligazón con otro ser mortal, una identificación con él o ella que simplemente fluye dentro de mí y a través de mí, independientemente de mis intenciones o mis esfuerzos.

Este estado del ser puede expresarse en lo que hago o del modo en que trato a la gente, pero nunca puede reducirse a un bloque de "tareas" o de actos. Es el sentimiento interno. Mucho más de lo que solemos notar, el amor concreta mejor su alquimia divina cuando seguimos el consejo de la Cordelia de Shakespeare: "Ama, y permanece en silencio."

El amor existe, ajeno a nuestras opiniones sobre lo que debería ser. Por más fabulaciones o más egoísmos que justifiquemos en nombre del "amor", aun así sus caracteres permanecen inmutables. Su existencia y su naturaleza no dependen de mis ilusiones, mis opiniones o mis trampas.

El amor es algo distinto de lo que nuestra cultura nos llevó a esperar, es diferente de lo que nuestros egos desean. Se distingue del palabrerío sentimental y de los éxtasis impostados que enseñaron a aguardar. El amor surge como algo real, es lo que en verdad somos y no lo que nuestros egos exigen.

Es preciso que sepamos esto del amor. De otra manera, nunca lograríamos observar honestamente los engaños que nos hacemos. A veces la gente dice: "No quiero ver mis ilusiones; si me quitan mis ilusiones, ¡no me quedará nada!" Parece que pensamos el amor como "obra del hombre", como si lo hubiésemos inventado en nuestras mentes.

Aunque el amor romántico no se convirtió en lo que pensábamos, todavía existe en nosotros un amor humano innato, y este amor seguirá con nosotros incluso después de que se hayan disuelto nuestras proyecciones, nuestras ilusiones, y nuestros artificios.

El amor humano está tan oscurecido por las impostaciones y las conmociones del romance, que casi nunca buscamos el amor por sí mismo, y cuando vamos en pos de él difícilmente sabemos qué buscar. Pero a medida que entendemos las características y las actitudes del amor, podemos comenzar a advertirlo en nosotros, revelado por nuestros sentimientos, en el espontáneo fluir de la calidez que surge hacia otra persona, en los pequeños e imperceptibles actos de vinculación que configuran la trama secreta de nuestras vidas cotidianas.

El amor es el poder que dentro de nosotros afirma y valoriza a otro ser humano tal como es. El amor humano ratifica a la persona que está realmente allí, en vez del ideal que preferiríamos o de las proyecciones que fluyen desde nuestras mentes. El amor es el dios interior que abre sus ojos ciegos a la belleza, al valor y la calidad de otra persona. El amor nos induce a valorizar a esa persona como un self total individual, y esto significa que aceptamos tanto sus lados negativos como sus lados positivos, las imperfecciones a la par de las cualidades admirables.

Cuando se ama verdaderamente a otro ser humano y no una proyección, se ama la sombra igual que todo lo demás. Se acepta la totalidad de la otra persona.

El amor humano hace que el hombre vea el valor intrínseco de la mujer; por eso lo impulsa a honrarla y atenderla, en vez de tratar de utilizarla para los propósitos de su ego. Cuando lo guía el amor, él se preocupa por las necesidades y el bienestar de ella, y evita centrarse en sus propios deseos y caprichos.

El amor altera nuestro sentido de importancia. Mediante el amor vemos que el otro ser tiene en el cosmos tanto valor como uno mismo, se vuelve importante para nosotros que esa persona también logre ser entera, que viva plenamente, que encuentre la alegría de vivir, así como satisfacemos las propias necesidades.

(continuará...)

domingo, 18 de mayo de 2014

Sociedades Secretas e Individuación.

Carl G. Jung

No existe mejor medio para proteger al individuo del perderse con los demás que la posesión de un secreto que él quiera o deba ocultar. Ya los comienzos de la organización de la sociedad manifiestan la necesidad de organizaciones secretas. Donde no existe un secreto a ocultar por motivos justificados se descubren o se elaboran «secretos» que luego son «sabidos» o «comprendidos» por los iniciados privilegiados.

Así sucedió con los rosicrucianos y con tantos otros.

Entre estos pseudosecretos hay —irónicamente— auténticos secretos ignorados por completo por los iniciados como, por ejemplo, en aquellas sociedades que tomaron su «secreto» especialmente de la tradición alquímica.

La necesidad de algo secreto es en las sociedades primitivas de decisiva importancia, en cuanto el secreto en común constituye el cemento de la solidaridad. El secreto en un rango social significa una oportuna compensación para la falta de sociabilidad de la personalidad individual, que se desintegra una y otra vez en las continuas recaídas en la identidad con los demás originaria, inconsciente. La consecución del fin, concretamente de un individuo consciente de su personalidad, se convierte de este modo en un proceso curativo largo, casi sin esperanza, porque la comunidad de individuos aislados y adelantados en la iniciación sólo se logra de nuevo a través de la identidad inconsciente, si bien se trata aquí de una identidad socialmente diferenciada.

La sociedad secreta es una fase de transición en el camino de la individuación: se confía todavía a una organización colectiva el lograr diferenciarse de ella; es decir, no se ha reconocido todavía que es propiamente tarea del individuo el independizarse diferenciándose de los demás.

En el cumplimiento de esta tarea se presentan todas las identidades colectivas, como la adhesión a organizaciones, aceptación de «ismos» y similares, dificultando el camino. Son muletas para paralíticos, corazas para miedosos, pausas separadas para perezosos, asilos para irresponsables, pero también albergues para pobres y débiles, puerto protector para náufragos, un hogar para huérfanos, una meta añorada y gloriosa para vagabundos decepcionados y peregrinos cansados, redil y recinto seguro para ovejas extraviadas y una madre que significa sustento y cuidados. Sería, pues, incorrecto considerar la fase de transición como un obstáculo; significa, por el contrario, durante mucho tiempo, la única posibilidad de existencia del individuo, que actualmente parece amenazado más que nunca por el anonimato. Esta forma de existencia es en nuestra época todavía tan importante que rige para muchos con cierta razón como meta definitiva, mientras que todo intento de encauzar al hombre en la posibilidad de un progreso en el camino de la autonomía parece arrogancia o presunción, fantasma o imposibilidad.

Sin embargo, puede ser que alguien, por propios motivos suficientes, se vea precisado a emprender el camino hacia las lejanías con sus propias fuerzas, porque en todas las protecciones, modelos, asilos, modos de vida y atmósferas que se le ofrecen no encuentra lo que necesita. Marchará solo y representará su propia sociedad. Será su propia multitud que consta de muchas opiniones y tendencias. Pero éstas no van necesariamente en la misma dirección. Se encontrará, por el contrario, en duda con sí mismo y hallará grandes dificultades en manifestar toda su complejidad en una acción unívoca. Incluso cuando se encuentra externamente protegido por las formas sociales de la fase de transición no posee con ello protección alguna contra la interna complejidad que le enemista consigo mismo y le sume en el extravío en identidad con el mundo externo.

Del mismo que el iniciado en el secreto de su sociedad sitúa este extravío en una colectividad indiferenciada, también el individuo particular requiere en su sendero propio un secreto que no se pueda o no se deba revelar por cualquier motivo. Un secreto de este tipo le fuerza al aislamiento en su propósito individual. Muchos individuos no pueden soportar este aislamiento. Son los neuróticos, que juegan al escondite forzoso con los demás y consigo mismos, sin poder tomar en serio realmente ni a unos ni a otros. Sacrifican generalmente su fin individual a su necesidad de acomodación colectiva, para lo cual alientan todas las opiniones, convicciones e ideales del medio ambiente. Contra estos últimos no existen argumentos razonables.

Sólo un secreto que no se puede traicionar, es decir, un secreto que se teme o que no resulta posible formular en palabras descriptivas (y por ello aparentemente cae en la categoría de «chiflado»), puede impedir el de otro modo inevitable retroceso. La necesidad de un secreto de este tipo es en muchos casos tan grande que se producen ideas y hechos que no se pueden ya justificar. Tras ello no se encuentra arbitrariedad ni insolencia algunas, sino una dira necessitas inexplicable para el individuo que acomete a los hombres con despiadada fatalidad y les demuestra, ad oculos, quizás por vez primera en su vida, la presencia de fuertes y extraños en sus dominios más propios, donde creía ser el señor.

Un ejemplo evidente lo constituye la historia de Jacob que lucha contra el ángel, sale con una cadera dislocada, pero precisamente gracias a ello impide un crimen. El Jacob de entonces estaba en la situación ventajosa de que todos le creyeron su historia. Un Jacob actual se encontraría sólo con sonrisas significativas. Sacaría la conclusión de que es mejor no hablar de tales asuntos y máxime si le llevan a formarse opiniones privadas sobre el mensajero de Jehová. Con ello, nolens volens, entra en posesión de un secreto que no discutirá y se separa del círculo en la colectividad. Naturalmente, su reservatio mentalis llegará un día en que ya no le sea posible disimular por más tiempo. Sin embargo, se convierte en neurótico todo el que intenta dos cosas al mismo tiempo, perseguir su fin individual y adoptarse a la colectividad. Un «Jacob» de este tipo no acepta que el ángel sea el más fuerte, pues después de esto no se rumoreó nada acerca de que el ángel también cojeó algo.

Así pues, el que, instigado por su daimon, se atreve a traspasar los límites de la fase de transición entra propiamente en lo «jamás hollado, en donde no se entra», donde ya no encuentra caminos seguros que le guíen ni techo alguno protector sobre él. Allí tampoco existen leyes para el caso de que se encuentre en situaciones imprevistas, por ejemplo, un conflicto de deberes, que no se puede solventar fácilmente.