lunes, 4 de junio de 2012

La Individuación: Trabajo Interior - VI -Final.

Por Murray Stein
Traducción +Thelarbus

Debemos tener en cuenta que la meta de la Individuación es la individualidad, y el individuo es "un punto de intersección o línea divisoria, ni consciente ni inconsciente, sino un poco de ambos" (Jung, 1916b, párr. 507), citado anteriormente. El centro de la conciencia está ocupada por el complejo del ego -registro y clasificación de datos, reflexionar, reaccionar a los estímulos, actuar y contenido, defensa, iniciación y respuesta, cálculo y planificación, alegría y sufrimiento. Jung fue siempre cuidadoso en llamar a este centro del campo de la conciencia como un 'complejo', porque el ego no es una simple y pura entidad o totalidad consciente. Es el más íntimo e individual hecho psicológico que podemos conocer, y nos cuenta como la propia individualidad. Es el actor, el contemplador, el iniciador, y el que sufre. Sin embargo, gran parte de este "Yo" no es consciente y no está disponible para la reflexión. No podemos ver todo eso en el espejo de la conciencia. Unas partes se oculta en la sombra, otras partes aún no han emergido y son potenciales. El punto es este: La individualidad depende de que todo esto salga a la luz. La individualidad no puede manifestarse plenamente hasta que los elementos invisibles e inconscientes de la personalidad, que se hallan fuera del alcance del complejo del Ego, son presentados a la vista. Con el fin de que el individuo pueda revelarse completamente, es que una "asimilación de contenidos inconscientes" (párrafo 505) debe suceder.

Este requisito introduce al segundo gran movimiento del trabajo de Individuación: la síntesis. Para lograr esto, el ego debe ceder el control sobre los contenidos de la conciencia temporalmente en favor de un proceso que no está enteramente bajo su gestión: "La asimilación de los contenidos inconscientes lleva... a una condición en la que la intención consciente es excluída y suplantada por un proceso de desarrollo que nos parece irracional. Este proceso por sí solo significa la Individuación, y su producto es la individualidad ... particular y universal a la vez" (Jung, 1916b, párr. 505). Este acto de ceder el control a un proceso irracional de emergencia y síntesis, da a luz a la función trascendente, el núcleo esencial de la individualidad.

En otro artículo escrito en 1916 (ciertamente un año muy creativo) Titulado "La Función Trascendente", Jung describe (1916c) cómo establecer este proceso irracional de la Individuación en movimiento. El factor psicológico que ahora comenzó a llamar la función trascendente "surge de la unión de los contenidos conscientes e inconscientes" (párrafo 131). Por lo tanto, representa una imagen más completa de la totalidad de la psique y específicamente de la individualidad que puede obtenerse solamente por el complejo del ego a través de la reflexión introspectiva y hacer un inventario de lo que simplemente aparece en el espejo de la conciencia. El principal método para la creación de la Función Trascendente es la Imaginación Activa, que Jung describe por primera vez en este texto de 1916. Básicamente lo que hace la Imaginación Activa es hacer consciente, a través de un esfuerzo deliberado (es decir, trabajo), las imágenes y las fantasías inconscientes que son atributos potenciales del individuo (aunque no ahora), y tal vez nunca han sido accesibles por el complejo del ego. Jung descubrió que las imágenes que se capturan a través de la Imaginación Activa ofrecen un rico valor potencial para el desarrollo de las actitudes conscientes. Son también, explica aquí, más coherentes y útiles para la creación de la función trascendente que son los sueños, porque los sueños "exigen demasiado al respecto" (párrafo 153). (Más tarde, sobre todo en "El Simbolismo Individual de los Sueños en Relación con la Alquimia" [CW 12], Jung incluye sueños importante en el Proceso irracional de la Individuación, y la Dra. von Franz enfatizó la importancia de los sueños en su clásico artículo sobre este tema.)

Es importante reconocer que estas imágenes inconscientes, y los patrones que ahora emergen en el Proceso de Individuación, son diferentes de los que fueron descubiertos en el análisis previo de la identidad. Aquellos eran todos del pasado, y se fijan en su lugar por razones personales que tienen que ver con el desarrollo temprano a través de la introyección y la creación de la identidad (personalidad y la identidad del Anima / Animus). Estas imágenes de la Imaginación Activa surgen en el presente de la matriz del inconsciente, y son arquetípicos, a menudo numinosos, y sin duda compensatorios, a favor de la ecuación personal y las actitudes predominantes del complejo del ego. Las imágenes anteriores estrechan la individualidad y reducen las opciones psicológicas; las cuales amplian la Individualidad en la dirección del Self, es decir, la totalidad de la psique, y ofrecen opciones totalmente nuevas para el sentimiento y la acción.

Con el método de la Imaginación Activa, como Jung (1916c) lo describe, se abre un diálogo entre los aspectos conscientes e inconscientes de la psique en el que ahora uno de ellos está a la cabeza y ahora el otro (párrafos 181ff.), hasta que una "tercera cosa" es formada y representa la unión de las dos partes (párrafo 189). Esta es la Función Trascendente, que "se manifiesta como una cualidad de los opuestos unidos." Es esta nueva estructura psicológica sintética (una unión de las partes conscientes e inconscientes), lo que es capaz de representar más completamente la totalidad de una persona y la individualidad en toda su grandeza y profundidad, desde lo instintivo a lo espiritual -cuerpo, alma y espíritu (párrafo 190). Con la creación y el crecimiento de la Función Trascendente, una persona se libera a sí mismo plenamente, libremente, y genuinamente. El conjunto del individuo emerge. No hace falta decir que este proceso irracional de la Individuación es profundamente espiritual ya que los contenidos que emergen del inconsciente son típicamente numinosos.

"La Función Trascendente" de 1916 fue un esbozo preliminar y un anticipo de los extensos estudios y reflexiones que surgieron de la pluma de Jung en las décadas siguientes. Sus puntos de vista sobre la importancia de la Imaginación Activa y los Sueños de la Individuación se profundizaron y ampliaron en su brillante "Comentario sobre 'El Secreto de la Flor de Oro'" de 1929 y de nuevo en su artículo de 1933, teniendo en cuenta en los primeros Eranos Tagung, "Zur Empirie des Individuationsprozesses", traducido como "Un Estudio del Proceso de Individuación" (Jung, 1934). La mayor parte de las obras posteriores de Jung que se ocupan de la Individuación tienen que ver con los movimientos de emergencia y síntesis. Aunque el movimiento analítico en el Proceso de Individuación nunca finaliza completamente, el aspecto más sintético llegó al primer plano. La última declaración de Jung sobre la síntesis fue la tardía y magistral obra: "Mysterium Coniunctionis", publicado en 1955, en su 80º aniversario.

En el análisis de la mujer al que me he referido, el uso de la Imaginación Activa era de vital importancia para su Proceso de Individuación. A través de un constante y largo uso de este método, pudo finalmente experimentar una impresionante constelación de imágenes y narrativas que giraba en torno a las numinosas imágenes de una Gran Diosa y de la figura del Budismo Quan Yin, nutriente y compasiva deidad femenina. Al principio, esta figura se situó en marcado contraste, incluso en contradicción directa, a su conciente actitud egoísta. En esta figura imaginaria encontró realmente a un "opuesto" a su actitud consciente y al complejo del yo. Históricamente, había sido reconocida como una estridente, emocionalmente frágil, narcisista, mujer de identidad masculina, y ella tenía recuerdos vívidos y penetrantes de sí misma como una madre inadecuada, una crítica y quejica esposa, e intelectualmente frustrada. Mientras se miraba en el espejo de la conciencia, se horrorizaba y espantaba con frecuencia de lo que veía en sí misma, y sufrió profundamente por pasados "pecados" de omisión y comisión. La compasiva, amorosa y misericordiosa Diosa  fue de hecho un medio para hacer gritar a esa sensación de su propia individualidad. Con la repetida aparición de esta imagen en su Imaginación Activa y, también, el aumento de la integración de las cualidades representadas por ella, fue capaz --como he observado desde mi perspectiva como su analista-- de unir y sintetizar el conocido histórico complejo de ego con estas nuevas características de lo femenino colectivo. Finalmente, se pudo experimentar como la "tercera cosa" que Jung escribe en acerca de la Función Trascendente "como una cualidad de los opuestos unidos." En este sentido, ella se convirtió en una nueva persona --no en alguien diferente, sino en una persona más íntegra-- cuyas actitudes conscientes reflejaban una dimensionalidad mucho mayor. Cuando se miró a sí misma en el espejo de la conciencia, podía ver una encarnación de Quan Yin junto con la humana --demasiado humana-- persona a la que también se conocía que ella sabía que era. Así pues, no llegó a ser "inflada" por una identificación arquetípica.

En el camino de este irracional proceso, había un importante número de sincronicidades. Me he dado cuenta de que la sincronicidad acompaña regularmente a la Individuación una vez que se ha tenido el proceso irracional del que estamos hablando aquí. En su caso, las sincronías aparecieron como momentos de oportunidad concreta para realizar el Self emergente, esta síntesis de lo personal y lo colectivo. Sus hijos presentaron oportunidades como testigos críticos de sus capacidades recién conquistadas de apoyo y contención. Los amigos volvieron a entrar y dejar su vida en momentos clave; importantes libros le llegaron en el momento justo. Las oportunidades de volver a viejos lugares, personas y objetos, que habían representado las crisis o los fracasos, volvieron a estar disponible para un nuevo enfoque. Sus sueños también agregan características importantes a la imagen del emergente Sí Mismo. Fue todo este conjunto de fenómenos relacionados --datos de la historia, despertar conciente y memoria, imágenes inconscientes de la Imaginación Activa y sueños, y sincronicidades-- lo que se añade a lo que he descrito en mi libro "Transformation -- Emergence of the Self".

Esta anciana, que estaba al final de sus ochenta años, finalmente concluyó nuestras sesiones --en ese tiempo, llevaba a cabo las sesiones por teléfono, ya que ella no  podía realizar largos viajes-- tuve el privilegio de presenciar el Proceso de Individuación desde las raíces hasta las flores. Supongo que, en este caso, ambos éramos "jardineros". El trabajo fue realmente una confirmación de su expectativa de que el "crecimiento" aún era posible para ella cuando entró en el análisis junguiano con más de sesenta años.

viernes, 1 de junio de 2012

La Individuación: Trabajo Interior - V

Por Murray Stein
Traducc. +Thelarbus

El Movimiento sintético

Hace unos veinte años, una mujer de unos 65 años, se acercó a mí buscando análisis. No he olvidado sus palabras en nuestra primera sesión: "Desde que yo era joven, y mi madre fue a ver a Jung para el análisis, nunca he olvidado lo que me dijo: ¡qué podría seguir creciendo durante todo el tiempo en que vivimos! Jung le dijo eso. Y es por eso que soy Junguiana y quiero empezar ahora con el análisis, incluso a mi edad."

La acepté para el análisis, y hemos trabajado, apagado y encendido, alrededor de veinte años (vivía a varios cientos de kilómetros de distancia y entraba en mi área varias veces al año durante una semana cada vez, así nos reuníamos durante una hora cada día). Y ella creció durante esta temporada del otoño de su vida. El trabajo de Individuación no finaliza nunca. Su énfasis en el "crecimiento" es algo que pongo ahora en el contexto de este ensayo sobre el proceso de Individuación.

Dado que el proceso de Individuación implica mucho desprendimiento de la identidad y la reducción consciente en la visión del "yo", bien podría preguntarse: Entonces ¿qué crece? ¿Y no es un hecho que los analistas comúnmente dicen "se encoge", en lugar de "crece" o "florece"? Este también fue el caso de esta mujer que, con más edad, entró en el trabajo del análisis y comenzó intensamente a reflexionar sobre su historia y sus patrones de vida habituales, así pues se convirtió en menos identificada con su personalidad y con el Animus. Como resultado, su tamaño psicológico se redujo, al menos en ciertas dimensiones. Pasó por la esperada crisis de perder confianza en su altamente desarrollada y refinada identidad social, y también llegó a cuestionarse muchas de sus previas convicciones y opiniones (la identidad del Animus). A medida que la pintura se transformaba en un espejo, a veces se sentía inestable como en el mar. En mi libro "In MidLife", llamo a esta condición "Liminalidad". Liminalidad es una característica fundamental de la transformación psicológica que siempre se produce en la vida. El término indica un período de incertidumbre, cuando uno se encuentra a sí mismo flotando "entre y entre" las identidades fijas. Entonces, como el espejo de la conciencia, se vacía de contenidos fijos, también se puede ver a sí mismo de una forma bastante más clara y quizás, incluso, por primera vez. Este es sin duda uno de los aspectos importantes del crecimiento que tiene lugar durante la Individuación -un aumento de la conciencia de uno mismo, uno de los límites, una de las características verdaderas, que significa ver las sombras y defectos, así como las partes hermosas. Lo que uno pierde aquí en identidad, se gana en perspectiva. Es un intercambio que merece la pena.

Además de ser liberado de la personalidad y de las identidades del Animus / Anima, uno se libera desde el pasado hacia el presente. Estas identidades son accesorios de la personalidad que tienen una larga historia, y su rígido bloqueo inhibe el nuevo crecimiento y restringe una experiencia más amplia de la vida y del Self. En este punto en el análisis, reconoció con más claridad sus límites personales y se hicieron más claramente definidos. Por otra parte, podía poner en acción su libertad recién conquistada. Podía decir "sí" y "no" de una manera mucho más segura y clara. Por ejemplo, se podría dar a sus hijos una parte de su herencia, pero también podría reservar lo suficiente para a sí misma como para vivir durante el resto de su vida sin sentirse culpable. Ella pudo afirmarse entre los miembros de su familia, en lugar de vivir en la confusión en la que se preguntaba si estaba dando demasiado, o no, a todos. Esto es el aumento de la claridad, también llamado crecimiento. Se estaba volviendo muy "distinta", en la terminología de los Septem Sermones.

Más importante aún, el lograr la libertad del pasado y vivir más plenamente el presente permite prestar atención a lo inconsciente de una forma diferente. La idea clave de Jung, acerca de la relación del inconsciente con la conciencia, y de que ésta no sólo representa la inquietante presencia del pasado como Freud había enseñado --en la forma de complejos, perseverando en la dinámica familiar y traumas, la sexualidad infantil reprimida, etc.-- sino que también se manifiesta la presencia activa del espíritu vivo en el "aquí y ahora." El inconsciente mira hacia el futuro y se anticipa a los posibles futuros; lo que salta a la vista cuando uno empieza a prestar atención al inconsciente como un actor en el momento presente se convierte en un útil crítico para orientarse hacia el futuro.. Esto es especialmente cierto si una persona está relativamente libre de la personalidad y de las identificaciones del Anima / Animus, y se ha mirado, de forma larga y profunda, a uno mismo en el espejo de la conciencia.

En la conferencia de 1916 citada más arriba ("Über das Unbewusste und seine Inhalte"), Jung se refiere a las "líneas de vida": "Estoy convencido de que el verdadero fin del análisis se alcanza cuando el paciente ha adquirido un conocimiento adecuado de los métodos por los que puede mantener el contacto con el inconsciente, y ha adquirido una suficiente comprensión psicológica para él como para discernir el rumbo de su línea de vida en el momento" (1916b, párr. 501). Creo que el término "línea de vida" es sugerente.

Por lo que sé, Jung no lo vuelva a utilizar. Habría que distinguir el concepto de línea de vida de la Idea de Adler de "ficciones rectoras" (párrafo 500), que se encuentra demasiado fija y "acalambrada". Una línea de vida es una percepción de la dirección hecha en el momento presente, y que mira hacia delante, no hacia atrás. Indican la "dirección de las corrientes de libido" en el momento actual. Dado que estas corrientes son fluidas y en constante cambio de dirección, la percepción de la línea de vida debe considerarse como provisional o temporal. Sólo alude a lo que posiblemente puede estar desarrollándose y hacia donde se dirige la libido. Esta orientación hacia el futuro es lo que Jung llamaría la orientación prospectiva de la psique. Esta función de la psique no es teleológica, en el sentido de crear un destino definitivo o preordenado de antemano. Sólo se sugiere lo que puede ser posible y acontecerá en el futuro inmediato por medio de la dirección de la libido.

El inconsciente no sólo contiene el pasado, sino que también contiene la perspectiva de un futuro psicológico. Esta noción expresa la base para la orientación del crecimiento de la psicología de Jung. La Individuación, por otra parte, no sólo significa la transformación de la conciencia en un espejo sin un contenido fijo o características de identificación -es decir, en un más o menos puro "Yo" de conocimiento consciente- que es también un proceso de desarrollo que emerge a través del tiempo en pequeños, pero constantes,
incrementos.

jueves, 31 de mayo de 2012

La Individuación: Trabajo Interior - IV

Por Murray Stein
Traducc. +Thelarbus


Ahora me gustaría hacer algunas observaciones personales. La obra de la individuación, tal como la he descrito, es para todos y es un proceso natural de reflexión. El análisis ayuda a lo largo del sendero, pero no es necesario. He trabajado mucho tiempo como analista, sin embargo, me gustaría aprovechar esta experiencia para hablar del valor de estos puntos de vista concernientes a la individuación y el análisis. En los últimos treinta años de trabajo como analista junguiano y profesor / supervisor, he encontrado las ideas sobre la individuación propuestas por Jung en estos y otros textos, resultando especialmente valiosa para el análisis de la transferencia y la contratransferencia. El "campo" interpersonal que se genera entre el analista y el analizando es un 'locus classicus' (lugar común) para la proyección, introyección, imitación, identificación y la participación mística (a veces raya en 'folie a deux' -locura de dos-). En el análisis, tenemos la oportunidad de estudiar la actividad de estas dinámicas con gran detalle, como los fenómenos de transferencia y contratransferencia se despliegan en el curso de una larga relación analítica. Jung sabiamente había establecido la regla de que los analistas deben ser analizados antes de asumir una práctica clínica, precisamente para evitar trampas contratransferenciales.

Hay un ideal de tan mentada marcha, enunciada por primera vez por Wilfred Bion, cuyos escritos tienen ciertas fuertes connotaciones de Jung, de que el analista debe entrar en cada sesión sin memoria y sin deseo. Desde la perspectiva del trabajo de Individuación, como se describió anteriormente, esto es también lo que Jung recomendaría. Las proyecciones de los analistas sobre las analizando deben hacerse conscientes y hay que comprobarlas. La identificación inconsciente del analista con el analizando debe ser analizada y eliminada. El analista debe darse cuenta de que se trata de otro individuo, no un "paciente" genérico o un gemelo idéntico, que busca el análisis y llega al 'temenos' del análisis con ese propósito. El analista no debe identificarse, ya sea con las figuras arquetípicas del sanador o el salvador o cualquier otra imagen del inconsciente colectivo. Tampoco es admisible la caída del analista en la trampa de la identificación proyectiva y que sea manipulado por el analizado en la ruptura del marco del análisis mediante un affair amoroso, realización de negocios, convirtiéndose en el padrino del hijo recién nacido del analizando, etc. Si el espejo de la conciencia del analista se ha limpiado, el análisis puede tener lugar en un espacio que esté libre de contaminación por material inconsciente puesto en trabajo por el analista. Por supuesto, esto es un ideal y es muy difícil de crear o mantener. En mi trabajo como analista de control de los candidatos en la formación, mi ojo ha sido entrenado ampliamente en posibles actitudes y reacciones contratransferenciales. ¿Se quiere fomentar y alimentar demasiado al analizado? ¿Se quiere vencer las resistencias demasiado heroicamente? ¿Es el candidato de caer en el papel de la madre o el padre, hermano o hermana, amante o niño o antagonista? Estos deben ser conscientes e integrados si en el análisis se quiere obtener fluidez y movimiento. La empatía no es correcta si se balancea de un lado o del otro por proyección o identificación. Para practicar el análisis se ha de realizar el análisis de uno mismo, cuestionar constantemente las reacciones emocionales propias y el análisis de los puntos de identidad inconsciente. El analista continuamente debe individualizarse, y con cada analizando realizarlo de nuevo.

La transferencia, como Jung escribe en su famoso ensayo de 1946 ("Psicología de la Transferencia"), crea una especie de apego y vínculo de parentesco sobre la base de la proyección inconsciente e identidad. Esto proporciona una oportunidad de oro para aumentar conciencia e integración. Soy capaz de ofrecerme como un ejemplo de esto. Cuando llegué por primera vez a Zurich como un joven de 26 años, fui al Jung Institute y pedí un analista. Me dieron una hoja con una lista de nombres y números de teléfono. De estos, elegí un nombre, y sin saber nada sobre el analista, excepto su nombre y que hablaba Inglés, marqué su teléfono. Cuando respondió: ¡Al instante oí la voz de mi padre! Era sorprendente. Tuve una inmediata conexión de transferencia, con los consiguientes complejos y proyecciones de mi historia personal.

El análisis comenzó, y con el tiempo descubrí lo contrario a que el analista fuese mi padre. Como resultado, pude ver a mi padre con más claridad y desarrollamos compasión por él. Aun así, la transferencia personal persistió, dando lugar gradualmente a otras fantasías acerca de la vida personal del analista, la relación con su esposa, su historia de vida, y así sucesivamente, todos los cuales eran, en realidad, totalmente desconocidos para mí. Cuando terminamos el análisis después de un par de años, me separé con un sentimiento de gratitud y amor. La relación conflictiva con mi padre había sido sanada por esta experiencia, y ahora podía asumir mucho mejor el papel de padre para mi propio hijo que había nacido en el curso del análisis.

Algunos años más tarde, cuando regresé a los Estados Unidos y establecí mi propia práctica analítica, me hallé un día imitando a mi ex analista en la manera en que saludaba a los analizados cuando entraban en la habitación, o les daba la mano cuando se iban. Mi analista se había introyectado inconscientemente, y pasó bastante tiempo antes de que me diese cuenta de esto. Mi identidad como analista se vio reforzada por esta identificación porque era el momento en que lo necesitaba, después de haber tenido tan poca experiencia. Con el tiempo pude dejarlo ir y tener mi propia personalidad como analista. A veces, cuando daba conferencias, y en especial inspiradas en la vía de Jung, oí la voz y me sentía imitando los gestos de la Dra. von Franz. Zurich volvió a América en mi psique. Finalmente he conseguido convertir esta identidad en amor consciente y admiración por estos grandes maestros, y por ahora creo que ya no soy tan inconsciente de su presencia en mi psique. Para mí fue instructivo el descubrir cómo se construyen los linajes. Este es el camino por el que las tradiciones son creadas y sostenidas por generaciones. La intervención de la conciencia no destruye los datos adjuntos o el amor; sino que hace que esta relación sea menos compulsiva y ciega.

sábado, 26 de mayo de 2012

La Individuación: Trabajo Interior - III

Por Murray Stein
Traducción: +Thelarbus

Al mismo tiempo que Jung estaba componiendo los dos textos que acabo de citar, también estaba trabajando en "Tipos Psicológicos", que empezó a desarrollar durante el período de su ruptura con Freud alrededor de 1913, pero que no terminó y publicó hasta 1921. Se trata de un grueso volumen y representa sus conocimientos psicológicos acumulados y su comprensión de estos en esa fecha. En el capítulo final de "Tipos", define la "individuación" como "un proceso de diferenciación, que tiene por objetivo el desarrollo de la personalidad individual" (párrafo 757). Opuesto a éste es el fenómeno psicológico de "identidad": "una característica de la mentalidad primitiva y la base real de participación mística, que es... una reliquia de la original no diferenciación entre sujeto y objeto... una característica del estado mental de la primera infancia, y... del inconsciente del adulto civilizado que, en la medida en que no se ha convertido en un contenido de la conciencia, permanece en un estado permanente de identidad con los objetos" (párrafo 741). Identidad, dice, "depende de la posibilidad de proyección e introyección" (ibid.). De esta afirmación podemos concluir que individuación consiste en hacer consciente y separado del propio sentido personal de sí mismo una gran cantidad de material inconsciente, todas las introyecciones e identificaciones, la identidad inconsciente con objetos y personas, que se han acumulado durante toda la vida. Este es un aspecto permanente de la individuación que nunca tiene final, nunca es completo.

Si la identificación con los elementos personales que conforman la persona es un impedimento para la individuación por un lado, la identificación con figuras arquetípicas del inconsciente colectivo es otro, y tal vez aún más difícil (por ser más sutil) obstáculo a superar. En el curso de su autoanálisis, Jung descubrió la gravedad de esta segunda amenaza a la individuación. Una vez que la persona ha sido analizada y desmembrada, afirma en la conferencia de 1916 que se menciona anteriormente, las imágenes del inconsciente colectivo afloran a la superficie y se ofrecen para su identificación. (Hay que añadir que esto también puede suceder si una persona no se ha formado previamente una personalidad adecuada, como compensación por la falta de identidad social. En este caso, una identidad negativa, vis-à-vis con lo colectivo, a menudo toma la forma, y esto es base para figuras arquetípicas como "el rebelde" o "el marginado" o "la víctima".) Si una persona sucumbe a esta tentación, el resultado es una grandiosa inflación (una "Personalidad Maná"). Uno se convence de que es un profeta o un gran sabio, un héroe de la cultura o un amante del demonio, u otra gran figura mitológica, y una identidad se forja a partir de un contenido psicológico que es arquetípico. Sin embargo, esta nueva identidad es tan colectiva como los elementos que componen una persona, y también antipatética a la individualidad. Por el desarrollo de la individuación, la identificación con las figuras del inconsciente colectivo deben ser analizadas y resistirse tenazmente a la identificación con la persona. Los delirios de grandeza son el resultado si el individuo falla en esto.

Fue esta amenaza a la individuación a la que se enfrentó Jung tras su ruptura con Freud y renunció a la persona del psicoanalista, el primer presidente de la Asociación Internacional Psicoanalítica, editor del Jahrbuch, y profesor de la universidad. En este punto, se vio inmerso en el mundo del inconsciente colectivo y entrado en el período de su vida que él llama "Confrontación con el Inconsciente" en "Memorias, Sueños, Pensamientos" (Jung, 1989). La tarea de la individuación ahora se convirtió en diferenciar su única personalidad de las imágenes arquetípicas. La estructura que se conecta con el inconsciente colectivo, que corresponde a la persona que interactúa con el mundo colectivo de alrededor, es el Ánima/Animus. Jung fue justo en ese momento (en 1916) que comenzó a identificar el Ánima en el hombre y el Animus en la mujer. El peligro, como Jung parece haber experimentado en ese momento, era identificarse con el Ánima y ser llevado por sus incentivos seductores: ¡Eres un artista! ¡Eres un Genio! ¡Eres un Héroe incomprendido! ¡Eres un Salvador del Mundo! ¡Tú eres El Cristo!, etc... El hacer frente a este tipo de identidad sería fatal para la individuación.

El Opus de la Individuación, por lo tanto, requiere un análisis cuidadoso en dos frentes: en el lado de la persona, para diferenciar el sujeto del colectivo social de alrededor y para disolver las identificaciones que se han acumulado con el tiempo en una historia personal, y en el lado Anima/Animus, para diferenciarla del inconsciente colectivo, como las fantasías y las imágenes arquetípicas que emergen e invitan a una identificación grandiosa con ellas como una compensación por lo que se ha perdido a través del análisis de la persona.

En un importante pasaje, Jung (1916b) define lo que entiende por "individualidad":

La psique colectiva debe ser contrastada con... el concepto de individualidad. El individuo está, por así decirlo, entre la parte consciente de la psique colectiva y la parte inconsciente. Él es la superficie reflectante en el que el mundo de la conciencia puede percibir su propio inconsciente, la imagen histórica, así como Schopenhauer dice que el intelecto es un espejo de la Voluntad universal. En consecuencia, el individuo sería un punto de intersección o una línea divisoria, ni consciente ni inconsciente, sino un poco de ambos. (Párrafo 507, la cursiva es mía).

Creo que este aspecto del trabajo de individuación, por lo tanto, es equivalente a la transformación de una pintura al óleo en un espejo, de modo que se reconoce que los contenidos que se muestra en el marco no son permanentes, sino temporales. Pueden ir y venir, dependiendo de las exigencias de la situación. Se trata de un cambio en la conciencia que ve a través de identificaciones fijas y es capaz de dejar pasar dentro y fuera del punto de vista sin aferrarse a ellos y tratando de hacer una característica permanente de la escena que está reflejada temporalmente en la conciencia. Diferenciando de la conciencia de uno a partir de las imágenes ofrecidas por el Ánima/Animus por un lado y desde la identidad de la persona por el otro crea un espejo que puede reflejar con mayor precisión lo que pasa ante él. Hay como consecuencia mucho menos proyección y distorsión, y los objetos se pueden ver con más claridad y en relación con lo que realmente son. Relaciones genuinas, yo y tú, si es posible.

Además, se destaca cada vez más ante el espejo de sí mismo y de los testigos su propio rol en los dramas de la vida que están participando en sus representaciones. En el espejo de la conciencia, se ve ahora, no sólo a otros sino también a sí mismo. Desnudo. Y cada vez se puede llegar al punto de aceptar lo que uno ve de sí mismo como lo suficientemente bueno. Al principio suelen ser las imperfecciones y los defectos los que se destacan, y uno quiere darles la espalda en defensa propia. Pero si uno mira el tiempo suficiente, y encuentra una actitud de aprecio por la vida misma, también se encuentran las características de la belleza y el atractivo. La auto aceptación se hace posible con un grado de lucidez y falta de ilusión.

lunes, 21 de mayo de 2012

La Individuación: Trabajo Interior - II

Por Murray Stein


El movimiento analítico
 
Uno de los primeros usos sobre el término Junguiano: "individuación", tal vez incluso el primero, se produce en un texto de 1916: Septem Sermones ad Mortuos. Este trabajo contiene lo que creo que se puede considerar la pieza central del mito de Jung para la segunda parte de su vida. El texto, según nos indica el propio Jung en "Recuerdos, sueños, pensamientos", vino a él en un tipo de experiencia visionaria, más o menos dictada desde el inconsciente. Emergió en el transcurso de varios días, y durante los años del más intenso trabajo interno, cuyos resultados se registraron en el famoso Libro Rojo. En Septem Sermones, el Maestro, un personaje llamado Basílides de Alejandría, dice que el principium individuationis es la esencia de la creatura, y se establece la creatura aparte del Pleroma. Para el ser humano individual (es decir, Creatura), es una cuestión de vida o muerte el convertirse en separada y distinta:

"Vosotros preguntáis: ¿En qué perjudica no diferenciarse? Si no nos diferenciamos, nos desviamos de nuestra esencia, de la Creatura, y caemos en la indiferenciación, que es la otra propiedad del Pleroma. Caemos en el Pleroma mismo y dejamos de ser Creatura. Degradamos el desenlace en la nada. Esto es la muerte de la Creatura. Así pues, morimos en la medida en que no nos diferenciamos. Por ello, la aspiración natural de la Creatura apunta a la diferenciación, a la lucha contra la identidad originaria peligrosa. A esto se lo denomina el PRINCIPIUM INDIVIDUATIONIS. Este principio es la esencia de la Creatura. Vosotros veis, pues, por qué la indiferenciación y la no-diferenciación es un gran peligro para la Creatura."
(Jung, 1916a, p. 380).

El Principio de Individuación define la esencia de lo humano. Es absolutamente fundamental para los seres humanos distinguirse a sí mismos de su entorno. Esta es la naturaleza esencial de la conciencia individual: ser ella misma, por tanto debe crear distinciones y separación. Está de acuerdo con la naturaleza humana, por tanto, el buscar la Individuación. La Individuación no es opcional, no está condicionada, no está sujeta a los caprichos de las diferencias culturales. Es esencial.

El Maestro señala además que el Pleroma es Todo y Nada. Contiene todas las posibles "cualidades" psicológicas, pero sin distinción o separación. Es la materia psíquica primordial, la Gran Madre, la matriz de la que toda la conciencia surgirá. El principio fundamental del Pleroma es la inclusión, sin distinción. Fuera de esto, y en contra de ello, emerge la conciencia del individuo, cuya naturaleza esencial es el carácter distintivo y la mayoría del impulso básico es lograr la conciencia individual, es decir, un sentido de singularidad, que requiere estar continuamente haciendo distinciones entre el yo y el no-yo: No esto, no eso, sino algo distinto, algo separado y único. En el curso de hacer tales distinciones, la persona descubre (o tal vez crea) los opuestos. Los pares de cualidades opuestas salen a la luz: el bien y el mal, el tiempo y el espacio, la belleza y la fealdad, lo masculino y lo femenino. Al llegar a ser visibles, algunos de ellos atraen e invitan a la identificación y a la preferencia. La Creatura tiene la tentación de identificarse con un lado del par y repudiar al otro. De esta manera, la primera etapa de definición se consigue -y La Sombra se crea. De este modo nace también una ilusión de carácter distintivo. Mientras que esto es un paso en la dirección de la Individuación, no es todavía lo real, porque las cualidades son identificadas con lo colectivo, no con lo individual.

Esta primera etapa de la individuación se basa en la simulación de un estado psicológico de identidad con algunas cualidades que se han separado del estado pleromático. Un tanto distinta, pero sigue siendo una personalidad y carácter colectivo llegando a ser. (Esto, decía Jung, es una persona.) Pero la Individuación exige ahora el separarse de las cualidades colectivas que se han identificado con:

"Las propiedades pertenecen al Pleroma y nosotros podemos y debemos poseerlas y vivirlas sólo en nombre y signo de la diferenciación. En el Pleroma se anulan, en nosotros no. La diferenciación de ellas salva." (Jung, 1916a, p. 381)

Así, el trabajo de separación continúa, y ahora en un nivel interior profundo, la creación de una distinción entre el individuo y las cualidades que se habían adoptado para uno mismo, que se habían convertido en accesorios fundamentales propios, valores, y convicciones. La necesidad urgente de la individuación es el regreso a su naturaleza única, a su único ser verdadero ("No vuestro pensamiento, sino vuestra esencia es diferenciación. Por ello no debéis aspirar a la diversidad, como os la imagináis, sino SEGÚN VUESTRA ESENCIA", pág. 382). Esta aflicción del propio ser es un trabajo importante y se extiende a lo largo de toda la vida.

Jung (1916b) retoma este mismo tema de lo que significa convertirse en un ser individual, pero esta vez bajo la forma de una muy mito-poética conferencia psicológica que pronunció ante la Asociación de Psicología Analítica en el mismo año 1916, titulada "Über das Unbewusste Inhalte und seine." (También este es el año en que se fundó el Club de Psicología). Aquí se desarrolla por primera vez la noción de la personalidad y la forma en que se construye como un "compromiso" entre el individuo y lo colectivo. La persona se construye, dice, de las piezas de la colectividad con las que el ego se identifica en esa función para facilitar la adaptación al mundo social en que vive la persona. La persona es en realidad un "Segmento de la psique colectiva" (Jung, 1916b, párrs. 464-470), pero imita la individualidad. Su existencia puede ser, por tanto, un enemigo sutil de la Individuación si no se hace consciente como una "máscara": "Los seres humanos tienen una facultad que, aunque es de la mayor utilidad para los propósitos colectivos, es muy perniciosa para la Individuación, y es la facultad de imitación."(párrafo 463).

Esta tendencia a imitar en lugar de individualizar es la que llevó a Jung a ser tan negativo acerca de la perspectiva de los institutos y programas de formación establecidos en su nombre. "Gracias a Dios soy Jung, y no junguiano" es una de sus frases más famosas, la que muestra su visión negativa de la gente que forman una personalidad mediante la identificación con su ideas y métodos. Esto no puede resultar en nada más que en un montón de imitadores, juzgó, a través de los cuales sus ideas originales podrían convertirse en estereotipos y recetas. Cuando Joseph Wheelwright le habló a Jung acerca de la creación de un programa de formación en San Francisco -nos informa Wheelwright-, Jung se le quedó mirando como si "hubiese sido atropellado por un camión Mack, y me dijo: 'Veo que realmente no quiero enterarme de eso," -y añadió: "A decir verdad no se me ocurre nada de lo que quisiera enterarme menos, Wheelwright". (Citado en Shamdasani, 2004, p. 345). Jung fue claramente alérgico a los imitadores.

Cabe señalar, sin embargo, que la formación de los accesorios inconscientes y el forjar una identidad psicológica con personas importantes del entorno inmediato de uno, es una parte totalmente normal del desarrollo temprano. Los niños se apegan a sus madres, y entran en un estado de "participación mística" con sus cuidadores cercanos. Esto es en realidad una forma primitiva de comunicación a través de los canales inconscientes. El bebé puede indicar la necesidad y el sentimiento a su madre en una manera no-verbal que la madre registra a través de su profunda identidad con el bebé. Esta comienza incluso en el vientre a través de una sintonía de la madre sensible con el feto. Más tarde, el niño va a establecer relaciones similares con otros familiares y finalmente con el barrio, tribu, escuela, ciudad y nación. Con todos estos elementos del medio ambiente la persona, en desarrollo, entra en la "participación mística". A través de la existencia de este tipo de identidad humana, que es un personalidad socialmente construida, lo colectivo da voz a sí mismo. Uno se convierte en un buen ciudadano, un leal hijo o hija, un empleado de confianza, un marido o una esposa fiel, un profesional ético, y la gente siente la confianza que le puede prestar a una persona confiable y respetuosa. Estas personas pueden hablar en nombre de la familia, de la comunidad e, incluso, de la nación o de la totalidad de la humanidad, pero no de sí mismos como individuales.

Si permanecen inconscientes de la personalidad, su verdadera individualidad permanece latente y escondida, y simplemente asumen el papel de portavoz de las actitudes colectivas con las que se ha identificado. Si bien esto puede servir a sus intereses hasta un cierto punto, porque todo el mundo después de todo tiene que adaptarse a la sociedad y a la cultura, y una personalidad bien construida es una clara ventaja para los propósitos prácticos de supervivencia y éxito social, para él la Individuación no es un fin sino sólo un comienzo. Jung concluyó su discurso afirmando que "La individualidad es el principio que hace posible, y obliga si es necesario, a una diferenciación progresiva de la psique colectiva" (párrafo 514). La Individuación es una fuerza de la naturaleza, cada pedacito es tan fuerte y persistente, desde el punto de vista de Jung, como es el instinto sexual y el deseo de poder. Si no se elige conscientemente, el impulso hacia la Individuación puede producir extrañas vueltas y revueltas en el curso de la vida, ya que insiste en la individualidad en los más inesperados lugares y en los momentos más inoportunos. Jung vio este tipo de conflictos como una posible causa de neurosis.

domingo, 20 de mayo de 2012

La Individuación: Trabajo Interior - I

Por: Murray Stein

Murray Stein, Ph.D. es un formador de analistas en la International School of Analytical Psychology de Zurich, Suiza. Es miembro fundador de la Inter-Regional Society for Jungian Analysts (EE.UU.) y la Sociedad de Chicago de Analistas Junguianos y fue presidente de la Asociación Internacional de Psicología Analítica del 2001 al 2004. Ha escrito varios libros, incluyendo Jung's Treatament of Christianity, In MidLife, Transformation -Emergence of the Self, and Jung's Map of the Soul. Es el editor de Jungian Analysis (Open Court) y editor (Chiron Publications), donde se ha editado The Chiron Clinical Series.

Resumen

El trabajo de individuación es producto de dos movimientos, uno analítico y otro sintético. Estos no son secuenciales, es decir, no va uno primero y luego el otro, sino que más bien deben situarse en un ritmo específico en cada proceso de individuación.

El movimiento analítico resulta en separación y diferenciación, y el movimiento sintético se acumula por la función trascendente. De este proceso surge una identidad basada en la conciencia y en el inconsciente, personal y cultural (así como arquetipo) imágenes y contenidos.

El Análisis Jungiano funciona en ambas direcciones a través del análisis de la identidad y de las identificaciones, de los contenidos de transferencia y de la dinámica de los complejos y supuestos culturales, así como a través de la síntesis de los aspectos emergentes del propio Self tal y como se manifiestan en los sueños, la imaginación activa, y la transferencia arquetípica.

El proceso de individuación es permanente, y no comienza con la entrada en el análisis o termina con el fin del análisis.

Palabras claves

Análisis, anima, animus, diferenciación, identidad, identificación, imitación, individuación, proceso de individuación, introyección, línea vida, participación mística, personalidad, proyección, separación, síntesis, función trascendente, transferencia.

"Para mí", dijo el mayor analista, "la principal contribución del trabajo de Jung a la psicología fue el descubrimiento de un mundo interior." Era un hombre que había conocido personalmente a Jung y había estudiado sus escritos desde hacía décadas. Recuerdo muy bien la sensación de inmensa gratitud con la que pronunció esas palabras. Como alguien que vivía en una cultura extremadamente extrovertida, reconoció que la obra de Jung en la apertura del mundo interno había significado todo para él. Algunos años más tarde escribió un libro titulado: "Jung's Map of the Soul", en el que se centró precisamente en las exploraciones pioneras de Jung del mundo interior y sus cuentas de lo que había encontrado.

Muchas personas han compartido conmigo su agradecimiento a Jung por ofrecer una no patológica visión de la vida psicológica. ¡Qué regalo es para aquellos de nosotros que nos hemos esforzado por llegar a ser individuos! Recuerdo muy bien lo aliviado que estaba cuando un profesor universitario, en una clase de literatura inglesa, habló de la rebelión adolescente como saludable y necesaria, como la afirmación de una persona normal en la lucha por la auto-definición y separación de la generación de sus padres. Por lo tanto, no sólo del edípico odio y deseo de matar al padre, un complejo negativo. Mi conciencia estaba calmada, y pude afirmar sin un sentimiento de culpa que sólo estaba atacando a la generación más vieja con la que rivalizaba entre sombras. Naturalmente, y como siempre, hubo una mezcla de motivos. La vida psicológica es compleja, algo que con tanta frecuencia Jung enfatizó.

El trabajo interior tiene que ver con el ascenso de las paradojas de la psique en la conciencia y con desentrañarlas, con la creación de los motivos y parte de los distintos yoes, y mantenerlos firmemente en el espejo de la conciencia. Siempre la sombra se esconde en el fondo. Pero eso no es toda la historia. Lo que Jung ofrece es el mayor y más completo punto de vista de la psique como un todo, y una forma de hacer las paces con ella. Y esto lo he encontrado como forma redentora.

Sin embargo, además de toda esta exploración pionera, quiero decir que todo el trabajo de la vida de Jung consistió en un trabajo interno, y para mí tienen esta característica sus escritos publicados, resultando igual de impresionante y tal vez aún más importante. ¿Por qué? Debido a que nos ofrece varios métodos para obtener la experiencia directa del mundo interior de nosotros mismos. A lo que me refiero aquí es, por supuesto, al trabajo de Individuación.

Como yo lo veo, la obra de Individuación es producto de dos grandes movimientos. En primer lugar, se requiere romper la personalidad (es decir, analizarla y hacerla consciente) prevaleciendo el estado de identificación inconsciente con figuras extrañas y contenidos psíquicos. Este movimiento tiene el efecto de crear un espejo de la conciencia.

En segundo lugar, después que la persona ha logrado algunos avances con este análisis, la individuación obliga a prestar una atención cuidadosa y continua a la emergencia del Self. Este es el aspecto sintético de la individuación y requiere prestar atención al espíritu del inconsciente. Los dos movimientos, que parecen en algunos aspectos ser exactamente contradictorios entre sí, son de igual importancia.

miércoles, 25 de abril de 2012

El Evangelio de la Gnosis


Por Tim F. y Peter G.


«Yo os daré lo que ningún ojo ha visto,
y ningún oído ha escuchado,
y ninguna mano ha tocado,
y que no ha surgido en la mente humana.»


Jesús, del Evangelio de Tomás.



La vida es un Misterio. Un Misterio tan imponente que nos alejamos de su intensidad. Para adormilar nuestro temor a lo desconocido, nos insensibilizamos ante el milagro de la vida. Perpetuamos la mentira impasible de que sabemos quiénes somos y qué es la vida. Con todo, tras este engaño absurdo, el Misterio continúa inmutable, esperando a que nos preguntemos por él. Espera en un rayo de sol, en el pensamiento de la muerte, en la intoxicación de un nuevo amor, en la alegría del nacimiento de un niño o en la conmoción de la pérdida. En un momento determinado nos centramos en nuestras cosas, como si la vida no fuera nada especial, y en el siguiente nos encontramos cara a cara con el Misterio imponente, insondable y profundo. Esto es a la vez el origen y la consumación de la búsqueda espiritual. Aunque las condiciones vitales no hayan dejado de cambiar a lo largo de la historia, el Misterio de la vida continúa siendo el mismo.

Hace unos dos mil años, un grupo considerable de hombres y mujeres, fueron tocados por el Misterio y osaron sumergirse en sus profundidades: librepensadores revolucionarios que sintetizaron la sabiduría disponible en el mundo y articularon verdades eternas de manera innovadora y dinámica; visionarios creativos que codificaron sus enseñanzas como mitos extraordinarios; exploradores de la conciencia cuya filosofía mística prometía «Gnosis», conocimiento práctico de la verdad. Estos pioneros espirituales olvidados no podrían haber imaginado el impacto sin precedentes que tendrían en la historia de la humanidad. ¿Quiénes eran? Se llamaban a sí mismos «cristianos». Fueron estos individualistas radicales quienes crearon por equivocación la religión más autoritaria de la historia. Su misticismo interrogativo se distorsionó, casi hasta el punto de que fuera imposible de reconocer, para convertirse en el credo de lo que llamaban una «iglesia de imitación». Cuando esta forma empobrecida de cristianismo se adoptó como religión oficial del brutal Imperio romano, se suprimió violentamente a los Cristianos Originales y se quemaron sus escrituras, pero no se les borró la memoria.

La Iglesia romana fabricó su propio relato de los orígenes del cristianismo, en los que aún se cree hoy en día y que reducen a los primeros cristianos a una minoría que rendía culto a unos oscuros herejes. Sin embargo, esos brillantes mitógrafos fueron los autores de una historia que continúa dominando la imaginación espiritual del mundo occidental. A partir de la alegoría arcaica de un Hijo de Dios que muere y resucita, crearon un nuevo mito brillante que ha conquistado el corazón y la mente de millones de personas: la fábula de un campesino judío que salvó al mundo, la historia de Jesucristo.

Para los cristianos originales, la historia de Jesús era un mito que se utilizaba para presentar a los principiantes el camino espiritual. Para quienes deseaban profundizar más allá de los «Misterios exteriores», que sólo eran «para las masas», había enseñanzas secretas o «Misterios interiores», «las tradiciones secretas de la auténtica Gnosis» que, según el «padre de la Iglesia» Clemente de Alejandría, se transmitían «a unos pocos a través de unos maestros de sucesión». Quienes se iniciaban en aquellos Misterios interiores descubrían que el cristianismo no tenía que ver sólo con la muerte y resurrección del Hijo de Dios, sino que se les explicaba otro mito del que pocos cristianos han oído hablar: la historia de la amante de Jesús, la Hija de la Diosa, perdida y redimida.

Entre los cristianos originales, se consideraba que lo divino tenía un lado masculino y otro femenino. Se referían a la divinidad femenina como Sofía, la diosa sabia. Pablo dice: «Entre los iniciados hablamos de Sophia», ya que es «el secreto de Sophia» lo que «se enseña en nuestros Misterios». Cuando los iniciados de los Misterios interiores del cristianismo tomaron la Sagrada Comunión, lo que recordaron fue la pasión y el sufrimiento de Sofía. Entre los cristianos originales, sacerdotes y sacerdotisas ofrecían vino a los iniciados como símbolo de «la sangre de Ella». La plegaria que ofrecían era: «Que Sophia llene tu ser interior y aumente su Gnosis en ti». Era a Sofía a quien se le hacían peticiones:


«Ven, Madre oculta; ven, tú que te manifiestas en tus obras y das
alegría y descanso a quienes están unidos a ti. Ven y participa de esta
Eucaristía que celebramos en tu nombre, así como en el festín de amor en
el que nos hemos reunido por invitación tuya».

La erradicación de esta diosa cristiana por parte de la Iglesia romana patriarcal nos ha dejado a todos huérfanos de madre. A las mujeres se les ha negado un entendimiento comprensivo con la divinidad femenina. A los hombres se les ha negado una historia de amor con el lado femenino de una deidad. La espiritualidad se ha convertido en parte del campo de batalla que separa ambos sexos, cuando debería ser el santuario de la hermandad eterna. Sin embargo, los cristianos originales practicaban la «espiritualidad en pareja».

Valoraban a hombres y mujeres por igual como expresiones de Dios y Diosa. Veían la división de los sexos como una correlación de la dualidad primaria que es fuente de creación, dualidad que, cuando se unifica, como en el acto del amor, aporta la bienaventuranza de la unión que llaman «Gnosis».

Para los cristianos originales, la historia de Jesús aparece al final de un ciclo de mitos cristianos que empieza con el inefable Misterio que se manifiesta con un Padre y una Madre primordiales, y que culmina con el matrimonio místico de Cristo y Sofía. Los Misterios interiores revelan esos mitos como alegorías de la iniciación espiritual, historias simbólicas que codifican una filosofía profunda con la fuerza de hacer que un iniciado pase de ser un cristiano a ser un Cristo.

Para los cristianos originales, el «evangelio» o «buena nueva» no era una historia escrita en un libro, sino que enseñaban que «el evangelio es la Gnosis». La buena nueva consiste en que hay una manera de trascender al sufrimiento. La buena nueva se basa en que existe un estado natural de alegría que nos pertenece por nacimiento. Éste es el evangelio de la libertad absoluta. No es un conjunto de reglas que hemos de seguir para ser «buenos». Habla de descubrir nuestra naturaleza esencial, que ya es buena, para vivir con espontaneidad. Este evangelio ofrece la extraordinaria promesa de que quienes lo entiendan «no probarán la muerte». Sin embargo, la inmortalidad no consiste en acceder al cielo como recompensa por haber llevado una vida recta, sino en darse cuenta de inmediato, aquí y ahora, de cuál es nuestra verdadera identidad, que nunca nació y que, por lo tanto, nunca podrá morir.

Como todos los movimientos espirituales, el cristianismo primitivo cubría un amplio abanico de individuos y escuelas con diferentes niveles de percepción, de modo que hemos decidido centramos en lo que nos parecen sus mejores y más perdurables percepciones, que pueden continuar siendo válidas para nosotros en la actualidad.

¿Por qué no se conoce el evangelio de la Gnosis? En primer lugar, porque la Iglesia romana lleva más de dieciséis siglos destruyendo sistemáticamente las pruebas de su existencia. Durante la mayor parte de ese tiempo, el simple hecho de estar en posesión de obras cristianas consideradas inaceptables por la Iglesia establecida era punible con una muerte cruel. Por suerte, algunos de esos textos han sobrevivido. En las últimas décadas, han aumentado en número gracias a fabulosos descubrimientos arqueológicos, como el de una biblioteca de escrituras cristianas «heréticas» en una cueva cercana a Nag Hammadi, Egipto. Con todo, aún se han de valorar ampliamente tanto las implicaciones de este hallazgo como los avances a los que ha llevado en nuestro entendimiento del cristianismo primitivo.

Las malas traducciones también han tenido un papel significativo a la hora de disfrazar las enseñanzas secretas del cristianismo codificadas en los evangelios del Nuevo Testamento y frecuentemente aludidas por Pablo en sus cartas. Traducir estas obras a un lenguaje familiar de Iglesia nos calma con la ilusión tranquilizadora de que hemos entendido lo que se dice, cuando en realidad ni siquiera hemos empezado a arañar la superficie de lo que se afirma en el griego original. Por otra parte, los evangelios «heréticos» cristianos se suelen traducir a un lenguaje poco familiar, de modo que suenan extraños e inaccesibles. Había incluso un traductor que tenía el hábito de recalcar que aquellos textos «no se suponía que debieran tener sentido». Así las cosas, no es de extrañar que se haya creado una división entre el canon ortodoxo y otros evangelios cristianos. Sin embargo, cuando la historia de Jesús que se narra en el Nuevo Testamento se entiende en su contexto original, como parte del ciclo completo del mito cristiano, y los evangelios «heréticos» se interpretan comprendiéndolos, pueden verse finalmente como expresiones de una profunda filosofía mística.

En nuestro estudio de estos textos, hemos hecho una suposición que otros investigadores no suelen hacer: que nuestros antecesores no eran idiotas. Hemos postulado que, si bien vivían en unas condiciones físicas muy diferentes, se enfrentaban a los mismos grandes enigmas existenciales que nosotros y que sus respuestas tienen el mismo valor potencial que los puntos de vista contemporáneos. En resumen, nos hemos acercado a las personas que estudiamos con el respeto que se merecen y que les ha sido negado durante casi dos milenios.

Con frecuencia, los académicos no han conseguido entender la espiritualidad de los cristianos originales porque les ha faltado percepción mística. La Gnosis no es una teoría intelectual, sino una forma de ser, un «conocimiento» interno que no puede llegar a comprenderse verdaderamente desde el exterior. Intentar comentar la Gnosis sin haber experimentado personalmente su impacto transformador, es como escribir un documental turístico de un país que no se ha visitado. A cualquier nativo del lugar le parecería una absurdidad ridícula. Abordamos este trabajo no sólo con un compromiso de rigurosa erudición, sino como estudiantes de por vida del misticismo espiritual. No obstante, no somos miembros de ningún culto ni estamos afiliados a ninguna organización religiosa. Y eso, creemos, nos coloca en una posición ideal para asumir el desafío que supone recuperar la antigua Gnosis para los lectores modernos.

Para los cristianos originales, el proceso de iniciación implicaba meditar sobre sus mitos para ir desentrañando el significado alegórico. Al escribir este libro, hemos tenido que llevar a cabo un estudio de la mitología cristiana en profundidad. Ha sido una experiencia de iniciación que nos ha transformado de una manera que no habíamos previsto.

Ha sido un viaje filosófico de proporciones cósmicas. Así pues, las conclusiones a las que hemos llegado son que las enseñanzas secretas de los cristianos originales, aunque parezcan arcanas, en realidad se centran en comprender el milagro de la vida tal como es. Nos hemos esforzado por adentrarnos en enigmas indescifrables. También hemos descubierto que, aunque en apariencia complejas, estas enseñanzas son en esencia sorprendentemente sencillas. Hemos viajado en el tiempo al pasado y nos hemos introducido en la mente ancestral. Además, aunque el evangelio de la Gnosis pertenezca a lo que se conoce como una tradición espiritual «muerta», hemos descubierto que hoy en día es tan relevante y desafiante como lo era hace dos mil años.

jueves, 22 de marzo de 2012

Los Secretos de María Magdalena


Elaine Pagels

¿Quién era, esa elusiva, y fascinante, mujer del círculo cercano de Jesús de Nazaret? Por casi dos mil años, María Magdalena a vivido en la imaginación de los Cristianos como una prostituta seductora; en estos tiempos, la ficción contemporánea hace de ella una imagen como la amante esposa de Cristo y madre de sus hijos. Sin embargo las fuentes más antiguas que hablan de María Magdalena —tanto del Nuevo Testamento como fuera de él— no describen ninguno de estos papeles de sexualidad, sugiriendo que la misma mujer, y como es que llegamos a verla así, es más compleja de lo que muchos de nosotros nos imaginábamos. Entonces, ¿era una de las seguidoras de Jesucristo, y su riqueza ayudó a financiar el movimiento, como el Evangelio más antiguo del Nuevo Testamento —el Evangelio de Marcos— nos dice? ¿Una desquiciada mujer que estaba poseída por siete demonios, como Lucas dice? ¿O la discípula más cercana a Jesucristo, a la que Él amaba más que a los otros, como el Evangelio de María Magdalena nos dice? O, en las palabras del dialogo del Salvador, ¿“La mujer que entendía todas las cosas?”. Cuando investigamos los archivos disponibles más antiguos, nos encontramos con todas estas imágenes conflictivas, y más. Lo que descubrimos, también, es que, la contestación que encontramos depende en dónde buscamos. Lo que es probable el relato más antiguo viene del Nuevo Testamento, el Evangelio de Marcos, escrito cuarenta años después de la muerte de Jesucristo. El Evangelio de Marcos nos dice que, cuando los soldados Romanos estaban crucificando a Jesús, María Magdalena estaba cerca junto a un grupo de mujeres mirando la ejecución, llorando, porque los discípulos masculinos habían huido temiendo por sus vidas. Junto con Salomé y otra mujer llamada María (la madre de Jaime y José), María Magdalena continuó su vigilia hasta que Jesucristo murió; después junto con sus compañeras, miró como su cuerpo fue envuelto cuidadosamente con telas, y puesto en una tumba sellada con una roca.

Marcos nos explica que María Magdalena, Salomé y “la otra María” estaban entre esas que “seguían a Jesús y proveían por Él”-probablemente con comida y un lugar en donde quedarse, tal vez con dinero para sus necesidades básicas— cuando él estaba en Galilea. En la mañana después del Sabbat, las mujeres vinieron a ofrecerle los finales rituales a su maestro, trayendo especias aromáticas para complementar en su funeral, pero el relato de Marcos termina en notable confusión y shock: encontrando la tumba abierta, y el cuerpo desaparecido, las mujeres, oyendo que Jesús “no está aquí; él ha resucitado,” salieron corriendo, temblando de miedo,” pues el miedo y asombro cayó sobre ellos, y no le dijeron a nadie, pues estaban aterrorizados.”

Mateo, quien escribió su versión después de Marcos, repite la misma historia pero cambia el perturbador final. María Magdalena y sus compañeras se fueron de la tumba rápidamente, más lo hicieron “con temor y alegría.” Y en vez de tratar de no decir nada, ellas inmediatamente fueron corriendo “a decirles a los discípulos. Entonces, mientas caminaba, el mismo Cristo resucitado se les apareció, y hablo con ellas.

Lucas, al igual que Mateo, escribió su historia después de Marcos, pero tenía en mente algo diferente cuando el reviso el Evangelio de Marcos. Para aclararle al lector que la mujer -cualquier mujer, mucho menos María Magdalena— pudo haber estado entre los discípulos de Jesucristo, Lucas inicialmente deja fuera el comentario de Marcos que María Magdalena, y la otra María “seguían a Jesús” (puesto que decir esto se entendería que ellas estaban entre los discípulos). Entonces Lucas deliberadamente contrasta a “los doce” —los hombres a los cuales se dice que Jesús nombró sus discípulos— con esas que el llama “las mujeres” a las cuales clasifica entre los necesitados, enfermos, y locos de entre las multitudes que se arrejuntan entre sí empujando a Jesús y sus discípulos. De este modo, Lucas, a diferencia de Marcos, dice que María Magdalena vino a Jesús para ser liberada de siete espíritus demoniacos, y solamente una de entre “algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades.” Lucas identifica a estas mujeres como “María, llamada la Magdalena, de quien siete espíritus malignos habían salido de ella, y a Joanna... y Susana y muchas otras”, las cuales, el concede “Le ayudaban económicamente (a Jesús y sus discípulos) de sus propios medios.”

Cuando Lucas cuenta la historia de la crucifixión y muerte de Jesús, cambia tres pasajes en los cuales Marcos nombra a María Magdalena, la deja sin nombre en estos tres pasajes, solamente situada entre un grupo anónimo que llama “las mujeres”.

Sólo después de que las mujeres anónimas testifican acerca de lo que miraron a “los once” (el círculo cercano al que Lucas llamaba “los doce” hasta que Judas Iscariote, el que traicionó a Cristo, los abandonó) Lucas nombra a tres mujeres. Porque a estas alturas, aparentemente, las testigos son necesarias para validar el testimonio y ahora el nombra a las tres que ve como las más prominentes:

María Magdalena, María la madre de Jaime y José, y Joanna. Aunque Lucas, al Igual que Juan, algunas veces habla positivamente de “las mujeres,” nos preguntamos porque, otras veces, denigra a María Magdalena y menosprecia su papel.
Ahora, gracias a los descubrimientos de otros evangelios ancestrales -evangelios no incluidos en el Nuevo Testamento, los cuales se mantuvieron desconocidos por casi dos mil años hasta su reciente descubrimiento- podemos entender lo que Lucas tenía en mente. Porque estos otros evangelios, que se encontraron traducidos al Copto Egipcio, originalmente habían sido escritos tiempo antes, en Griego, al igual que los evangelios del Nuevo Testamento. Los académicos debaten cuándo fueron escritos, pero generalmente están de acuerdo que fueron escritos en los primeros dos siglos del movimiento Cristiano. Lo que encontramos en estos descubrimientos es sorprendente: cada una de las fuentes recientemente descubiertas que mencionan a María Magdalena —fuentes que incluyen el Evangelio de María Magdalena, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, la Sabiduría de la Fe, y el Diálogo del Salvador— unánimemente muestra a María Magdalena como una de las discípulas en la que Cristo más confiaba. Algunos hasta la reverán como su principal discípula, la confidente más cercana de Jesucristo, desde que se dio cuenta de que ella era capaz de entender sus más profundos secretos. Podemos ver que Lucas aparentemente no quería reconocer que algunas de esas, a las que previamente había llamado simplemente “las mujeres”, eran en realidad reconocidas como discípulas. Aunque en esta introducción no podemos discutir estos destacados textos en detalle, vamos a revisar rápidamente cada uno de estos mencionados evangelios.

Primero, el Evangelio de María Magdalena muestra a María tomando el papel de liderazgo entre los discípulos. Encontrando a los discípulos masculinos aterrorizados de predicar el evangelio después de la muerte de Jesucristo puesto que ellos temían, que también, serian arrestados y asesinados. María Magdalena se para y los anima, “volviendo sus corazones a lo bueno,” cuando Pedro, reconociendo que “el Maestro te amaba más que a las otras mujeres,” le pregunta a María Magdalena “dinos lo que te dijo,” secretamente, María Magdalena está de acuerdo. Cuando ella termina, Pedro, furioso, pregunta, “¿Realmente Él habló privadamente con una mujer, y no abiertamente con nosotros? Ahora se supone que todos debemos volvernos hacia ella y escucharla? ¿La amaba más que a nosotros? Sorprendida por su rabia, María Magdalena le contesta, “Mi hermano Pedro, ¿qué piensas? ¿Crees que yo inventé todo esto en mi corazón, o que estoy mintiendo acerca del Salvador?” en este punto Levy interfiere a mediar en la disputa: “Pedro, siempre te dejas llevar por tu rabia. Y ahora te veo discutiendo con ella como si fuera nuestra enemiga. Si el Salvador la consideró digna, ¿quién eres tú para rechazarla? Seguramente el Señor la conocía muy bien; por eso es que la amaba más a ella que a nosotros.” El Evangelio de María Magdalena termina cuando los otros están de acuerdo en aceptar las enseñanzas de ella, y los discípulos, incluyendo María, continúan proclamando el evangelio.

Al igual que el Evangelio de María Magdalena, el Evangelio de Tomás muestra a María Magdalena como una de las discípulas de Jesús, sorprendentemente, ese evangelio solo nombra a seis discípulos, no doce, y de esos seis dos son mujeres —María Magdalena y Salomé. Sin embargo como la disputa entre María Magdalena y Pedro en el Evangelio de María Magdalena, algunos pasajes en el Evangelio de Tomás indican que en el tiempo que fue escrito, probablemente entre el año 90 ó 100 d.C.. La pregunta de si la mujer podía ser discípula ya había desatado una explosiva controversia. Por ejemplo, en el dicho 61, Salomé le pregunta a Jesucristo quién es Él: “¿Quién eres tú, hombre, que te has sentado en mi sillón, y comido de mi mesa?” Cristo le contesta, “ Yo vengo de lo que no está dividido;” que es, de lo divino, lo cual trasciende el género sexual, de este modo rechaza lo que ella da a entender —que su identidad envuelve primariamente que Él es hombre, como el de ella ser mujer.

Salomé inmediatamente entiende lo que quiere decir, reconociendo que esa verdad es también para ella, de esta manera ella inmediatamente contesta, “Yo soy tu discípula.

Sin embargo, aquí, también como en el evangelio de María Magdalena, Pedro la pone en entre dicho y se opone a la presencia de mujeres entre los discípulo. De acuerdo al dicho 114 del Evangelio de Tomás, Pedro le dice a Jesús, “Dile a María que se valla, pues las mujeres no son dignas de vida (espiritual).” Pero en lugar de correr a María, como Pedro insiste que el haga, Jesús reprende a Pedro, y declara, “Yo haré de María un espíritu viviente.” Para que ella —o cualquier mujer- se vuelva capas de vida espiritual como cualquier hombre era en el primer siglo de la tradición Judía.

Hemos podido encontrar otro relato de un argumento en el cual Pedro pone en entre dicho el derecho de María Magdalena de hablar entre los discípulos en el dialogo llamado la Sabiduría de la Fe, después de que María le hiciese a Jesús bastantes preguntas, Pedro interfiere, y se queja con Jesús de que María habla mucho y de esa manera desplazando la prioridad que se le debería de dar a Pedro y sus hermanos discípulos. Sin embargo, aquí también, como en el Evangelio de María Magdalena y el Evangelio de Tomás, el intento de asilenciar a María le gana el rápido reproche, esta vez del mismo Jesús. De todas maneras, más tarde María le admite a Jesús que ella muy apenas se atreve a hablar delante de Él libremente, porque, ella dice, “Pedro me hace titubear; le tengo miedo, pues el odia la raza femenina.”

Jesús le dice que a quien sea que el Espíritu inspira es ordenado divinamente a hablar, ya sea hombre o mujer.

Este repetitivo tema de conflicto entre María Magdalena y Pedro que encontramos de muchas fuentes—conflicto que envuelve el rechazo de Pedro a reconocer a María Magdalena como discípula y mucho menos como líder entre los discípulos- muy bien puede reflejar lo que mucha gente sabia y dijeron del real conflicto que existía entre los dos. Sabemos, también, que desde que la mujer se identifica con María Magdalena, cierta gente en el movimiento decía tales historias acerca de ella -o en contra de ella- como un modo de discutir acerca de si, o como, la mujer podía participar en sus círculos.

Una nota, por ejemplo, que los mismos escritores que muestran a Pedro como el discípulo a quien Jesús reconoce como ser el principal líder -hablamos de los autores de los evangelios de Marcos, Mateo, y Lucas- son los mismos que muestran a María Magdalena como alguien que no es discípula del todo, si no simplemente como una de “las mujeres,” o, peor, en el caso de Lucas, ella es alguien que estaba poseída por demonios. Claramente, lo que hace sus relatos históricamente importantes, es que estos tres son los evangelios que vinieron a ser incluidos en el canon del Nuevo Testamento---que todos invocan, hasta ahora, para “probar” que la mujer no puede tener posiciones de autoridad dentro de las iglesias Cristianas.

Debemos notar, también, como esto trabaja en reversa: cada una de las fuentes que revelará a María Magdalena como una líder entre los apóstoles fueron excluidos del canon del Nuevo Testamento, cuando estos textos fueron excluidos -entre ellos el Evangelio de María Magdalena, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, la Sabiduría de la Fe, y el Dialogo del Salvador-. Muchos Cristianos excluyeron también la convicción que la mujer podía -y debería- participar en el liderazgo de la Iglesia.

El Dialogo del Salvador, otro texto ancestral descubierto junto con los otros alternativos evangelios, asegura recontar un dialogo entre el Cristo resucitado y tres discípulos que el escogió para que reciban revelaciones especiales —Mateo, María Magdalena, y Tomás-. Sin embargo aquí, después de que cada uno de los tres se enfrascan en un dialogo con Jesús, el dialogo se enfoca en María Magdalena para que reciba la más alta alabanza: “Esto ella hablo como la mujer que entendió todas las cosas.”

Finalmente, antes de enfocarnos en los fascinantes estudios que encontramos en este libro, deberíamos de mirar una de las fuentes más fascinantes de todas—el Evangelio de Felipe: este evangelio muestra como muchos de los Cristianos primitivos miraban a María Magdalena: como la constante compañera de Jesús. Ciertamente los lectores contemporáneos entendieron que literalmente esto significaba que ella era la esposa y amante de Jesús. Es verdad que el Evangelio de Felipe la muestra a ella como la compañera más intima de Jesús, y que el termino Griego (syzygos, consorte) puede sugerir una relación intima. Además, al igual que las otras fuentes que hemos visto, el Evangelio de Felipe testifica acerca de la rivalidad entre María Magdalena y los otros discípulos masculinos.

La compañera del Salvador es María Magdalena. (Pero Cristo la amaba) a ella más que a (todos) los otros discípulos, y seguido la besaba en su (boca). El resto de los discípulos se ofendían por esto.

Ellos le decían a Él, “¿Por qué la amas más que a todos nosotros?” el Salvador les contesto diciéndoles, “¿Por qué no los amo tanto como la amo a ella?”

Esta declaración, en la que el Evangelio de Felipe muestra a María Magdalena como la acompañante de Jesús, y tal vez hasta su compañera, ayudo a inspirar uno de los más controversiales tramas en el libro de Dan Brown “El Código Da Vinci.” Para el propósito de su ficción Brown tiende a tomar esta sugestión literalmente. Pero si hubiera continuado leyendo el resto del Evangelio de Felipe, hubiera visto que el autor ve a María Magdalena como una poderosa presencia espiritual; como a alguien que manifiesta lo divino cuando aparece en forma femenina—pero sobre todo como la Sabiduría divina, y el Espíritu Santo.
Cuando los poetas y profetas de Israel hablaron del espíritu de la sabiduría y divino, ellos reconocieron el género femenino en términos Hebreos. El libro de Proverbios en el Antiguo Testamento habla de la Sabiduría como una presencia espiritual femenina. Que compartió con Dios el trabajo de la creación:

El señor me creo en el comienzo de su trabajo… antes del comienzo de la tierra; cuando no había aguas profundas, Yo fui creada… antes de que las montañas tuvieran forma, Yo estaba ahí, cuando el delineó la fundación de la tierra, entonces Yo estuve a su lado, como la principal trabajadora; y diariamente yo era su delicia, siempre regocijándome ante Él, regocijándome en su inhabitado mundo, y complaciéndome en la raza humana.

Así es que el Evangelio de Felipe mira a María Magdalena como una divina sabiduría—Hokhmah, en Hebreo, Sofía en Griego, los dos términos femeninos—manifestada en el mundo. La tradición mística Judía seguido habla de la presencia de Dios en el mundo no solamente como sabiduría, sino también como Shekinah, como su presencia. Por más de mil años después de que el Evangelio de Felipe, la tradición kabbalística, usando el lenguaje de los místicos alrededor del mundo, celebraría el aspecto femenino de Dios como su divina novia.

Simultáneamente, el Evangelio de Felipe celebra a María Magdalena como la manifestación del Espíritu Divino, el cual este evangelio llama la “virgen que bajó” del cielo. Cuando los Cristianos hablaban de Jesús “nacido de una virgen” este autor está de acuerdo—pero se reúsa a tomarlo literalmente. Y alguna gente, dice, cree esto literalmente y que significa que la madre de Jesús quedó encinta no de hombre ni de copulación sexual. Pero esto, dice, es la “fe de los tontos” que no pueden entender las cuestiones espirituales (aunque, como hemos notado, eso es visto en la narrativa del nacimiento ofrecida en el Nuevo Testamento en los Evangelios de Lucas y Mateo). En vez de eso, el Evangelio de Felipe continua, Jesús nació en forma física, al igual que todo humano, como un hijo con padres biológicos. La diferencia, dice el autor de este Evangelio, es que el también “nació otra vez” en el bautismo—nacimiento espiritual para convertirse en el hijo del Padre en las alturas, y la Madre Celestial, el Espíritu Santo.

Muchos otros textos descubiertos con ese evangelio hacen eco del mismo lenguaje. El Evangelio de la Verdad, también, declara que la gracia nos restaura a nuestro origen espiritual, trayéndonos a “el Padre, la Madre, y a Jesús de la dulzura infinita.” El Libro Secreto de Juan nos dice como el discípulo Juan, entristecido después de la crucifixión de Jesús, fue al desierto, lleno de dudas y temor hasta que de repente “La creación completa tembló, y yo mire… una luz no terrenal, y en la luz, tres formas.” Y mientras Juan miraba, asombrado, el escucho la voz de Jesús que salía de la luz, hablándole a él:
“Juan, Juan, ¿por qué dudas, y por qué tienes miedo?” yo estoy contigo siempre; Yo soy el Padre; Yo soy la Madre; Yo soy el hijo.”

Tan desconcertante como esto pueda parecer a simple vista, ¿a quién más deberíamos esperar con el Padre y el Hijo si no es la Divina Madre, el Espíritu Santo? Pero esta fórmula primitiva de la trinidad aparentemente refleja el termino Hebreo para espíritu, Ruah, como un ser femenino—una connotación perdida cuando el espíritu fue traducido al lenguaje del Nuevo Testamento, Griego, en el cual la palabra se vuelve neutral.

Hasta esta rápida introducción sugiere el amplio alcance de caracterizaciones y la riqueza de significados que los Cristianos primitivos asociaban con María Magdalena, muchos de los que el ensayo de este libro explora y amplifica. Desde el primer siglo y hasta nuestros tiempos a, poetas, artistas, y místicos les ha encantado celebrar a esta remarcable mujer “quien entendía todas las cosas.” Ahora bien, a través de la investigación presentada aquí, y a través de la discusión en la que nos hemos enfrascado, podemos descubrir nuevos aspectos de María Magdalena--- y, en el proceso, de nosotros mismos.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El Símbolo del Pez entre los Cátaros



Carl G. Jung

La aplicación de los peces como símbolos del psicopompo y de naturaleza antitética del Self apunta a otra tradición que parece desarrollarse paralelamente a la del echeneis. De hecho, hay al respecto una indicación muy notable, no ya en la literatura alquímica sino en la historia de las herejías. Es un documento del Archivo Inquisitorial de Carcasona, publicado por Benoist en su Histoire des Albigeois et des Vaudois, 1691. Se trata de una supuesta Revelación que habría recibido Juan, el discípulo favorito, cuando "estaba reclinado sobre el pecho del Señor". Juan quería saber de él en qué estado hallaba Satán antes de su caída, y recibió esta respuesta: "Estaba en tal magnificencia, que regía las fuerzas del cielo". Quiso ser semejante Dios, y para lograrlo descendió a través de los elementos del aire y del agua, y encontró que el agua cubría la tierra. Al penetrar bajo la superficie terrestre, "encontró dos peces tendidos sobre las aguas, y eran como bueyes uncidos para arar abarcando toda la tierra, por precepto del Padre invisible, desde el ocaso hasta el orto del sol. Y al descender encontró nubes que se cernían abarcando el piélago del mar. Y al descender encontró separado su assop, que es una especie de fuego", causa de las llamas, no pudo seguir bajando; sino que volvió a subir y anunció a los ángeles que quería poner su trono sobre las nubes y ser semejante al Altísimo. Entonces trató a los ángeles como el administrador infiel a los deudores de su señor, por lo cual Dios lo arrojó del cielo junto con ellos. Pero Dios tuvo compasión de él, y le permitió, junto con sus ángeles, obrar a su antojo durante siete días. En este lapso Satán creó el mundo y los hombres, siguiendo el modelo de Gen. 1.

Un destacado Cátaro, Johannes de Lugio, profesa una creencia análoga. También parece haber sido conocida en los círculos Cátaros de los siglos XI-XII, pues la convicción de que el diablo creó el mundo se encuentra en diversas sectas. El alquimista Johannes de Rupescissa puede haber pertenecido, muy verosímilmente, a los "pobres de Loudun", sus poures hommes evangelisans, grupo con influjo cátaro (1). En todo caso, podría considerárselo el eslabón intermediario de esa tradición.

En cuanto a nuestro texto, llama la atención ante todo que contenga el término antiguo búlgaro ossop, es decir, osob', que Karl H. Meyer, en su diccionario paleoslavo, traduce por el griego kat'idían ["en particular; aparte"]; osoba significa en ruso, polaco y checo "individuo, personalidad". Por lo tanto, suum ossop puede traducirse por "lo suyo peculiar". Que es, naturalmente, el fuego. (2)

La imagen de los dos peces tendidos en el agua y la comparación con bueyes de labranza resultan extrañas y requieren alguna explicación. Para ello debo recordar ante todo la interpretación agustiniana de los dos peces de la comida milagrosa: representan, para él, las personas, o poderes, sacerdotal y real, que permanecen a través de las turbulencias de los pueblos, como los peces a través de las tormentas marinas. Ambos poderes se unen en Cristo, que es rey y sacerdote Aunque el par de peces del texto cátaro seguramente no refiere a los de la comida milagrosa, la interpretación agustiniana nos enseña algo esencial para el pensamiento de la época: los peces se conciben como "poderes regentes".

Ahora bien; ya que el texto en cuestión es indudablemente herético, y en particular constituye un documento bogomilo, está excluida una referencia unitaria de ambos peces a Cristo. Quizá, podría conjeturarse, simbolizan dos distintas "personas" o poderes premundanos, que, según el sentido de esa herejía, serían los dos hijos de Dios: Satanael, el mayor, y Cristo, el menor. Ya Epifanio informa, en la trigésima heresía de su Panarium, que los ebionitas habrían supuesto una doble filiación divina: "Pero, afirman, dos han sido formados por Dios: el uno Cristo, el otro el Diablo". Esta doctrina debió tener evidentemente amplia difusión en el Cercano Oriente, pues la enseñanza bogomila sobre Satanael como demiurgo surgió entre los paulicianos y euquitas de esa zona. Nuestro documento no es sinouna versión latina de un informe contenido en la Panoplia de Eutimio Zigadeno, que a su vez se remonta a la profesión de fe formulada en 1111 ante el emperador Alejo Comneno por el obispo bogomilo Basilio.

Satán -nótese bien- encuentra los dos peces antes de la creación del mundo, por lo tanto en un estado primordial premundano, cuando el espíritu de Dios aún se cernía sobre la oscuridad de las aguas (Gen. 1, 2). Si se tratara de un solo pez, podría entenderse como una prefiguración del Salvador futuro, es decir, como el Cristo preexistente del Evangelio de san Juan, el Logos, que "en el principio estaba junto a Dios" (en el texto considerado, Cristo dice, con referencia a ese pasaje -Juan 1,2-: Ego autem sedebam apud patrem meum). Pero son dos peces, unidos por una comisura (el yugo), lo que permite referirlos al signo Piscis del Zodíaco. En el horóscopo, los signos desempeñan el papel de importantes condiciones que modifican esencialmente el influjo de los planetas situados en ellos, o, aun sin planetas, prestan a las casas donde se ubican un carácter particular. En nuestro caso, los peces caracterizarían el ascendente, el momento de nacimiento, del mundo. Pero sabemos que los mitos cosmogónicos son fundamentalmente símbolos del nacer de la conciencia (punto que no puedo desarrollar aquí). El estado pretemporal corresponde entonces al inconsciente o, alquímicamente expresado, al Caos, la massa confusa o nigredo; y, por medio de la obra alquímica, que el adepto compara con la creación del mundo, se cumple la albedo odealbatio, la blancura, comparada a su vez en parte con la luna llena, en parte con el sol naciente. La cual significa al mismo tiempo la iluminación, es decir, la ampliación de la conciencia, que se produce de la mano con la realización de la "Obra". En formulación psicológica, pues, los dos peces que Satán encuentra en el agua primordial caracterizarían el recién nacido mundo de la conciencia.

La comparación de ambos peces con una yunta de bueyes uncida para arar merece especial atención. Los bueyes representan la fuerza impulsora del arado. Análogamente, los peces significan, por lo tanto, las fuerzas impulsoras del mundo por venir, o sea del futuro estado de conciencia. El arado es desde antiguo un signo de la dominación de la tierra: donde el hombre ara, ha arrebatado al estado primordial y hecho útil para sí un trozo de terreno. Esto significa, pues: los peces regirán este mundo y lo someterán a sí, en cuanto ellos (astrológicamente) actúan a través del hombre y forman su estado de conciencia. Cosa notable, el arado no se origina, como todo lo demás, en Oriente, sino en Occidente. Este motivo vuelve a encontrarse en la alquimia: "Ahora bien; sabe que tu comienzo ha de ser hacia Poniente, de donde has de volverte hacia Medianoche, ahí mismo perderán las luces enteramente su resplandor, y han de permanecer noventa noches en oscuro fuego de purgatorio sin luz; entonces has de dirigir tu curso hacia Oriente, allá vendrás a través de muchos colores". La obra alquímica comienza precisamente con el descenso a la tiniebla (nigredo), o sea al inconsciente. El arar, o sea la toma de posesión de la tierra, ocurre patris praecepto, por orden del Padre. Dios, pues, no sólo ha previsto sino también dispuesto la enantiodromía que comenzó en el año 1000. El mes platónico de Piscis ha de ser regido por dos principios, peces, como los bueyes, aparecen aquí paralelos, o sea dirigidos a la misma meta, aunque el uno es Cristo y el otro el Anticristo.


Más o menos así debemos concebir el razonamiento (hasta donde este término es adecuado) de la alta Edad Media. No sé si esta argumentación ha sido entonces formulada conscientemente alguna vez. En todo caso habría sido posible, pues la antes mencionada profecía talmúdica para el año 530 d.C. permite suponer por una parte; cálculo astronómico y por otra una alusión astrológica acerca del signo Piscis, tan favorecido por los maestros judíos. Pero, al contrario, también la posibilidad de que no se trate de una referencia consciente a representaciones astrológicas, sino más bien de una producción del inconsciente. Que éste se halla perfectamente en condiciones de hacer "reflexiones" así, se ha ido comprobando a satisfacción por la experiencia de los sueños y por el análisis de consejas y mitos. La imagen de los peces pertenece como tal al caudal consciente de la época, y pudo, de modo inconsciente, expresar simbólicamente ese significado. Por ese entonces (siglo XI), según ya hemos mencionado, los astrólogos judíos comenzaron a calcular que el nacimiento del Mesías se produciría bajo Piscis, y Joaquín de Fiore daba neta expresión al sentimiento general de que había irrumpido una nueva era.

El texto de nuestra Revelación de Juan difícilmente puede ser anterior ni tampoco muy posterior al siglo XI. Con el comienzo de siglo, en efecto, o sea, astrológicamente, en la mitad del eón de Piscis, brotaron por doquiera herejías como hongos y, característicamente, apareció a la vez la contraparte de Cristo, el segundo pez, o sea el diablo, como Demiurgo. Desde el punto de vista histórico, esta idea representa una especie de renacimiento Gnóstico, en cuanto que el demiurgo del gnosticismo era un ente negativo, si no maligno, del cual procedían todos los males (3). En el fenómeno considerado es significativa su Sincronicidad, es decir, el punto temporal astrológico en que se produjo.

No es sorprendente que ideas cataras hayan penetrado en la alquimia. Sin embargo, no conozco ningún texto que testimonie la transmisión a la alquimia del símbolo cátaro del pez ni permita por lo tanto derivar de éste el pez que en los símbolos de Lambsprinck corresponde a la materia arcana, con su antinomia interna. El símbolo de Lambsprinck no puede ser anterior sin duda a fines del siglo XVI, y constituye una revitalización del arquetipo. Representa dos peces paralelamente opuestos nadando, en el mar -en el mare nostrum-, que se interpreta como el aqua permanens, la materia arcana. Se los designa como spiritus y anima, o el ciervo y el unicornio, o los dos lobos, o perro y lobo, o dos pájaros que luchan entre sí, aludiéndose con ello a la doble naturaleza del mercurio.


Si mis reflexiones, que reposan sobre cierto conocimiento del pensamiento simbólico medieval, son acertadas, encontramos aquí una considerable confirmación de las interpretaciones que he desarrollado antes. En efecto, con el año 1000 se inicia otro mundo, que se manifiesta primeramente en notables movimientos religiosos, como los de los bogomilos, cataros, albigenses, valdenses, pobres de espíritu, hermanos del libre espíritu, beguinas, begardos, etcétera, y en la religión pneumática de un Joaquín de Fiore. A esos movimientos pertenece también el impulso ascendente de la alquimia y, no en último término, del protestantismo, de la Ilustración y de las ciencias naturales, con esa progre-sión hacia lo verdaderamente diabólico que está viviendo nuestra época, u la vez que la volatilización del cristianismo frente al racionalismo, el Intelectualismo, el materialismo y el "realismo".


Quisiera mostrar con un ejemplo concreto cómo el símbolo de los peces brota del inconsciente de modo autóctono. Se trata del caso de una joven que siempre tenía sueños desusadamente vivaces y plásticos. Se encontraba bajo el influjo de las concepciones materialistas de su padre, que vivía en matrimonio no precisamente feliz. La joven se aisló de ese entorno ingrato para ella, construyéndose una intensa vida interior, ya desde la infancia, en que había sustituido a sus padres por dos árboles del jardín. Entre los dieciséis y los diecisiete años tuvo un sueño en que el buen Dios le prometía un pez de oro. Desde entonces soñó bastante frecuentemente con peces. Más tarde, algún tiempo antes de ponerse en tratamiento psicológico a causa de sus múltiples problemas, tuvo el sueño siguiente: estaba a la orilla del Limmat, y miraba abajo las aguas. "Un hombre arroja al río una moneda de oro, entonces el agua se hace transparente y se ve hasta el fondo (4). Allí hay un banco de coral y una cantidad de peces. Entre ellos, algunos tienen vientres de resplandor de plata y lomos dorados." Durante el tratamiento soñó lo que sigue. "Vengo a la orilla de un río de ancha corriente. Al comienzo no veo mucho, sólo agua, tierra y rocas. Arrojo al agua hojas con mis notas, sintiendo que con ello devuelvo algo a la corriente. Inmediatamente recibo una caña de pescar. Me siento con ella en un peñasco y estoy pescando. Sigo sin ver nada más que agua, tierra y rocas. De pronto pica un gran pez. Es plateado por el vientre y dorado por el lomo. Al traerlo a tierra, el paisaje se anima. La roca se destaca como el más antiguo suelo de la tierra; crecen pastos y flores, y el matorral se dilata en bosque. Se levanta un viento que pone en movimiento todo. Estoy sentada con un ansia indecible, pero callada e inmóvil. Entonces, de pronto, por el lado de atrás, oigo la voz del señor X. (El señor X es un hombre de edad que ella sólo conocía de oídas y por un retrato, pero que le parecía una autoridad.) Él dice en voz baja pero decidida: 'Al que es paciente en el ámbito más íntimo le tocará el pez, el alimento de la profundidad'. En este momento se dibuja en torno mío un círculo que en parte llega a rozar el agua. Entonces oigo de nuevo la voz: 'Al valiente en el segundo ámbito puede venir una victoria; pues allí reina la lucha'. Entonces se dibuja un segundo círculo en torno mío, esta vez ya tocando la otra orilla. Enseguida se abre la lejanía, y se hace visible una tierra de múltiples configuraciones. El sol se eleva sobre el horizonte. Oigo la voz, que habla como desde la lejanía: 'El tercero y el cuarto ámbito proceden, igualmente acrecentados, de los anteriores. Pero el cuarto -aquí la voz se interrumpió un momento, como reflexionando-, el cuarto ámbito se junta con el primero. Es a la vez el más alto y el más bajo: pues lo más alto y lo más bajo, coinciden. Son en el fondo uno.' -Entonces desperté, con los oídos zumbándome."

El sueño lleva todas las marcas de los llamados "grandes sueños", y además tiene una cualidad de "pensado" que es característica del tipo intuitivo de actitud. Si bien la soñadora tenía ya para ese momento ciertos conocimientos psicológicos, carecía de toda noticia sobre la simbología histórica del pez. En cuanto a los detalles, es de notar lo que sigue. La orilla del río representa, por así decirlo, el umbral del inconsciente. La pesca es un intento intuitivo de "pescar", o captar, contenidos inconscientes (peces).

El oro y la plata de los peces designan (en lenguaje alquímico) lo masculino y lo femenino, por lo tanto el aspecto hermafrodita del pez, que lo señala como una complexio oppositorum. El pez opera una animación mágica (5). El hombre de edad es una personificación del arquetipo del Viejo Sabio. El pez como "comida prodigiosa" nos es ya conocido: es el alimento (eucarístico) de los "perfectos" (téleioi). El primer círculo, que roza las aguas, ilustra la integración (parcial) del inconsciente. La lucha corresponde al conflicto de los opuestos, algo así como el de la conciencia y la sombra. El segundo círculo toca "la otra orilla", o sea donde ocurre la unión de los opuestos. Así, en la "escuela del mercurio" de la India la "sustancia arcana" se denomina pâra-da: "que da o lleva a la otra ribera", y es el mercurio, como en Occidente. El cuarto ámbito, puesto de relieve por una significativa pausa, es aquel que, asociándose a los otros tres, conjuga los cuatro en unidad. Esto recuerda a la antigua imagen divina: Deus est circulus cuius centrum ubique, circumferentia vero nusquam (6). El motivo de la coincidencia del primero con el cuarto se encuentra expresado ya en el Axioma de María: "De uno se hace dos, de dos tres, y del tercero viene el uno como cuarto (tò hèn tétarton)".

Este sueño resume, por así decirlo, en la más comprimida brevedad, la simbólica toda del proceso de individuación, y ello en una persona totalmente desconocedora de la bibliografía sobre el tema. Casos así, que no son en modo alguno raros, deberían dar que pensar. Demuestran cabalmente la existencia de un "saber" inconsciente acerca del proceso de individuación y de su simbología histórica.


NOTAS

1. Rupescissa, La vertu et la propriété de la quinte essence, pág. 31: "Puesto que entendemos consolar y reconfortar, con ayuda de nuestro libro a los pobres hombres evangelizadores, a fin de que sus plegarias y oraciones no sean vanas y se pierdan en esa labor, y no se vean muy impedidos en esa obra, a ellos declaré y daré un secreto extraído del vientre de los secretos de los tesoros de la naturaleza, que es algo verdaderamente digno de admiración y debe ser honrado". En el tratado de Rupescissa, De confectione veri lapidis (en: Gratáronos, Verae alchemiae artisque metallicae citra aenigmata II, pág. 229) se encuentra esta exhortación, insólita en la literatura alquímica: Credas, vir Evangelice [Cree, varón evangélico]. Puede conjeturarse que originariamente decía homme evangelisant.

2. Lo externo y aparente del corpus diaboli es aire, "lo que de él está oculto es fuego". (Artefius, Clavis maioris sapientiae, en Theatr. Chem., 1613, IV, pág. 237).

3. Entre los gnósticos mencionados por Ireneo, el demiurgo, como ya se ha señalado antes, es el hermano menor de Cristo.

4. Este hacerse transparentes de las aguas depende de que se preste atención (valor, oro) al inconsciente. Es una ofrenda al genio de la fuente.

5. El Ikhthys (= Cristo o Atis) es el alimento que da vida (eterna).

6. ["Dios es un círculo cuyo centro está en todas partes pero cuya circunferencia en ninguna."]